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Día: 27 de enero de 2015 (página 1 de 1)

La niña de Rajoy, la de Podemos y la del exorcista

En 2008 durante un cara a cara electoral con Zapatero, Rajoy inventó su famosa niña, a la que nunca le pudimos poner cara. Era un mero recurso retórico. Lo más parecido a ella que el PP fue capaz de traer a nuestras pantallas fue al Pequeño Nicolás que, aunque no era una niña, sí representa al arquetipo de la juventud que quiere el PP.
La infancia es una mercancía que siempre vende muy bien porque despierta nuestros tiernos corazones. Podemos no es una excepción a la mercantilización e instrumentalización de la infancia. Sabe recurrir a los trucos más sucios del márketing electoral, que incluye la utilización de niños en sus actos y vídeos promocionales.
Un ejemplo de ello fue lo que Pablo Iglesias hizo en el mitin de Valencia el domingo cuando leyó la carta de una menor, a la que después subió al escenario en presencia de cerca de 9.000 personas.
Pero además Podemos le echa mucho morro al asunto. 48 horas después de usar con fines electorales la imagen de la menor tienen la cara dura de dirigirse a los medios de comunicación para pedir que no la muestren. El jefe de prensa de Podemos, Jesús Gil, dirige el siguiente correo electrónico a los medios:
Buenos días,
Soy Jesús Gil, jefe de prensa de Podemos. Escribo en nombre de la familia de Nerea, la niña que subió al escenario en Valencia, para pediros que dejéis de utilizar sus imágenes en piezas escritas o de televisión o, al menos, que si las utilizáis, se pixele su cara para proteger su identidad en virtud de lo recogido en el artículo 4 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de protección jurídica del menor.
Muchas gracias y un saludo,
Jesús
A pesar de que ellos piden a los medios que no usen la imagen de Nerea, o que al menos pixelen su cara, no se aplican a sí mismos dicha política de protección a la infancia, a la que están obligados por ley. En varios vídeos de diferentes círculos de Podemos la niña aparece sin que se haya difuminado su rostro.
Ese no es el único ejemplo de utilización de la imagen de menores con fines políticos por parte de Podemos. En un vídeo promocional de la marcha que han convocado para el 31 de este mes, aparecen dos niñas pequeñas cuyos rostros se muestran sin que hayan sido difuminados.
Para nuestros propios fines electorales, nosotros también tenemos nuestra propia niña: la del exorcista. Es nuestro fetiche. Somos fanáticos del cine de terror (ojo, no confundir con el cine terrorista):

Con el oficial soviético que liberó Auschwitz

Este fue el panorama que encontraron los soldados soviéticos cuando arribaron a Auschwitz. «Había tal hedor que era imposible estar ahí por más de cinco minutos. Mis soldados no lo podían soportar y me rogaban para que los dejara ir. Pero teníamos una misión que cumplir».
Estas palabras pertenecen a Anatoly Shapiro, el primer oficial del ejército soviético que entró en el brutal campo de concentración de Auschwitz-Birkenau después de la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial. El 27 de enero de 1945, durante la etapa final del conflicto, las fuerzas soviéticas lograron ingresar al campo de Auschwitz, actual Polonia.
Por esa razón este martes, cuando se cumplen exactamente 70 años de ese hecho, se han realizado distintos actos conmemorativos de la liberación por parte del ejército soviético del que es considerado el lugar donde se cometieron los peores crímenes durante la guerra.
Se estima que en Auschwitz-Birkenau desde mayo de 1940 hasta enero de 1945 fueron exterminadas 1,1 millón de personas, la mayoría de ellas judíos polacos. El hombre que abrió las puertas de aquel infierno y lo liberó del dominio Nazi fue Shapiro, un comandante de batallón de 32 años, quien puso en libertad a los 500 prisioneros que estaban allí.
En una entrevista con el diario New York Daily News, pocos meses antes de morir en 2005, el oficial ucraniano describió el horror de lo que vio hace 70 años. «No teníamos la menor idea de la existencia de ese campo. Mi comandante no nos había dicho nada sobre este asunto», contó Shapiro.
«Entramos en la mañana del 27 de enero de 1945. Vimos algunas personas vestidas con harapos. No parecían seres humanos, lucían terrible, eran puro hueso», añadió. Shapiro, como comandante del batallón, les dijo a los sobrevivientes que eran el ejército soviético y que quedaban libres del dominio alemán. «Pero ellos no reaccionaron, no podían ni mover la cabeza o decir una palabra».
Recordó de aquella impresión sobre las personas, además de su aspecto esquelético, que no tenían zapatos y sus pies estaban envueltos en ropa vieja: era enero y la nieve rodeaba el lugar. «No sé cómo sobrevivieron a eso», señaló.
Pero no solo Shapiro conversó con el diario estadounidense. En aquel entonces también dio una entrevista a la radio nacional israelí, donde entregó más detalles sobre lo que él y sus hombres hallaron aquel día. «Cuando nos aproximamos a las barracas que se suponían eran para mujeres, nos encontramos con una imagen terrible», narró. «Mujeres que yacían sin vida sobre el suelo, desnudas, porque la ropa se la habían robado las personas que sobrevivieron. Había mucha sangre y excrementos humanos alrededor», añadió.
Todo aquel panorama dantesco estaba impregnado por un olor imposible de respirar. Los soldados de Shapiro comenzaron a rogarle que abandonara la misión. «Pero no podíamos hacerlo. Nos habían dado la orden de estar allí», relató.
En su testimonio al New York Daily News, en las barracas donde estaban los niños, el horror continuaba. «En el último cuartel solo habían dos menores que habían logrado sobrevivir y cuando nos vieron comenzaron a gritar: ‘¡No somos judíos!, ¡no somos judíos!’. Estaban asustados porque pensaron que los íbamos a llevar a la cámara de gas», dijo.
Pero el empeño de ayudar a los prisioneros no siempre fue exitoso, como se lo confesó Shapiro a la radio israelí. «Apenas llegamos, montamos algunas cocinas de campaña y preparamos algunos alimentos ligeros. Pero algunos de ellos murieron al probar la comida, porque sus estómagos no funcionaban normalmente», explicó. «Estábamos furiosos. Los soldados querían matar a todos los alemanes, pero me tocó explicar que muchos de ellos no eran fascistas ni responsables de los crímenes que habían cometido los nazis», añadió.
Pero más allá del lamentable estado del campo de concentración, los rusos no pudieron encontrar ninguna evidencia física relacionada con los experimentos médicos, ni siquiera a los pacientes que trataban en los hospitales. «El 18 de enero de ese año los alemanes que dirigían el campo reunieron a toda las personas que pudieron. Nuestro servicio de inteligencia estimó que eran al menos 10.000 y que los nazis los obligaron a marchar, hambrientos y desnudos, hacia otros campos ubicados en el oeste. Ninguno de ellos logró sobrevivir. Todos murieron en el camino», señaló.
Shapiro recordó que al inspeccionar las instalaciones de Auschwitz se encontró con hornos y máquinas de exterminio, mientras las cenizas de los cuerpos eran sacudidas por el viento. «Si tengo algún mensaje para la siguiente generación sería muy simple: no permitir ni por un segundo que lo que ocurrió durante estos años se repita de nuevo». La mayoría de las personas que perecieron en este campo de concentración fueron debido a las cámara de gas, o por el hambre, distintas enfermedades o el agotamiento.
Shapiro recibió todos los honores militares posibles en el Ejército Rojo y después del desplome de la Unión Soviética, fue declarado héroe de Ucrania por el presidente Víctor Yushchenko en 2006. En 1992 emigró a a Nueva York, donde murió en 2005. Fue enterrado en el cementerio judío de Beth Moses en Long Island.
Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/01/150127_sociedad_auschwitz_concetracion_sovietico_amv

El País vende propaganda del PP

Coincidiendo con la convención del fin de semana en Madrid, el PP ha inundado los medios de comunicación con publicidad institucional. En diferentes anuncios en prensa e internet el partido de Gobierno promocionó su encuentro y los grandes logros del gobierno Rajoy.
El principal instrumento publicitario ha sido El País que durante el sábado y el domingo insertó como su principal publicidad mensajes directos e indirectos del gobierno y del PP.
La edición digital del diario se llenó de anuncios sobre la convención de los populares y su ofensiva de comunicación recientemente estrenada en internet y en la televisión. La mayoría de las veces los anuncios del gobierno iban acompañandos de informaciones de la propia convención.
Después de las últimas purgas y despidos colectivos, El País se ha convertido en el mejor soporte publicitario del PP, sumido en una vertiginosa carrera por evitar su desaparición y sin más criterio que el de los intereses capitalistas.
Desde el comienzo de la crisis en 2007 el diario ha perdido 460.000 compradores. En ocho años han perdido la mitad de sus ventas, desde los 999.527 hasta los 538.000. Las causas del hundimiento de uno de los aparatos ideológicos de los fascistas son dos. La primera es el absoluto descrédito en el que estaba sumido el diario desde hace años, que se ha puesto de manifiesto tras la proliferación de internet como medio de información alternativo. Nadie creía ya que El País fuera un diario «progresista», ni que tuviera nada de «centro izquierda». Ni siquiera nadie creía ya que no fuera otra cosa que un medio de intoxicación propagandística que se vendía al mejor postor, que siempre es el gobierno, El Corte Inglés y las grandes multinacionales.
La segunda cuasa del hundimiento es la crisis del capitalismo. A falta de compradores, El País subsistía gracias a la publicidad, lo que le ha conducido a otra crisis aún mayor porque el que paga manda y el diario se había vendido descaradamente a las empresas de publicidad. Dentro de poco sus ejemplares se regalarán en las paradas de autobuses.
Pero no es el único diario que naufraga. En este mismo periodo la difusión de La Razón se ha desplomado un 46 por ciento y la de La Vanguardia un 34 por ciento.

La sagrada ideología del holocausto

Juan Manuel Olarieta

Holocausto es un término religioso judío, «shoá», que literalmente se puede traducir como «catástrofe». Es una ceremonia bárbara en la que a dios (yavé) se le ofrece en sacrificio a una víctima humana, a la que luego se le prende fuego. Con el tiempo el ritual se fue llevando a cabo de una manera simbólica, matando a animales en lugar de personas, y entonces la palabra desdobló su significado, pasando a aludir a la entrega de una persona por el bien de los demás.
Después de 1945 el significado de la palabra siguió evolucionando hacia algo cada vez más distinto. Pasó a aludir al genocidio o exterminio sistemático y deliberado de los judíos por motivos religiosos y, en especial, el llevado a cabo en Europa por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Hoy la palabra forma parte de la ideología dominante del imperialismo. Hay un «Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto» y todos la utilizan en singular, el holocausto, sin excepciones, tanto la ONU, como la UNESCO, las ONG, las organizaciones de derechos humanos, los partidos políticos de casi todo el mundo y los medios de intoxicación propagandística.
La palabra es singular porque a lo largo de la historia de la humanidad no ha habido varios holocaustos, sino uno solo, el de los judíos. Según avanza el calendario, lo que oímos cotidianamente en la televisión es lo siguiente:
– las únicas víctimas de los nazis fueron los judíos
– las víctimas más numerosas de los nazis fueron ellos
– el objetivo de los nazis fue el de perseguir a los judíos
– el holocausto ha sido el crimen más monstruoso de la historia
Al utilizar la palabra en singular, palidecen todos los demás exterminios habidos y por haber, lo cual, traído a la actualidad, supone que el fascismo no sólo no tiene nada que ver con el imperialismo sino que le lava la cara. Al fin y al cabo el imperialismo no es tan malo: sólo ha habido un único exterminio y sólo lo cometió un único país, Alemania. Fue una etapa oscura de la historia, una excepción que ya ha pasado, afortunadamente.
En la ideología del holocausto los crímenes más importantes son los que se cometen contra los judíos, los cometen los enemigos de los judíos y los cometen por ser judíos. Los demás crímenes no se televisan.
La mistificación mejora aún más cuando la maquinaria de propaganda consigue pulir un poco su lenguaje: los crímenes cometidos contra los judíos (y contra todos los demás) no fueron consecuencia del imperialismo sino del III Reich, de Hitler o de las SS.
En el holocausto los nazis no diferenciaron entre clases sociales, no atacaron al proletariado judío, por ser proletario sino por ser judío. Atacaron a todos ellos por igual.
La propaganda del holocausto, lo mismo que la propaganda anti-terrorista, se fundamenta en uno de los pilares más poderosos de cualquier manipulación sicológica, el victimismo, que consiste en poner a unas víctimas («las» víctimas por antonomasia) en un lado y a los victimarios en el lado opuesto.
Además, para que sea efectivo, el victimismo únicamente debe tener en cuenta a un tipo de víctimas, en el caso de la Segunda Guerra Mundial, a los judíos, no a los antifascistas, en general.
Para cumplir su función ideológica, la represión nazi tiene que encubrir la política nazi porque es exactamente la misma política que la de cualquier potencia imperialista hoy. Dicho encubrimiento se lleva a cabo equiparando los campos de concentración a las cámaras de gas, es decir, induciendo la imagen de que los nazis querían el exterminio sistemático de los judíos, algo absolutamente imposible, incluso para ellos.
Las pretensiones nazis fueron las de cualquier potencia imperialista, antes y ahora: las de dividir para aplastar la resistencia de la clase obrera mediante la imposición de políticas discriminatorias, racistas y segregacionistas de todo tipo que tienen su origen en el papel reservado al ejército industrial de reserva, fundamentalmente a los desempleados, en las fases más agudas de las crisis del capitalismo.
La ideología del holocausto es religiosa, tan sagrada como la mano de Santa Teresa o el Santo Sudario. Está refrendada al más alto nivel, a escala internacional y sancionada jurídicamente. Quien la niegue o minimice va a la cárcel, se convierte en un cómplice del crimen y de los nazis que lo cometieron. No importa que esté en el otro bando porque no deja de ser otro extremista, y ya se sabe que los extremos, como el Frente Atlético y Riazor Blues, siempre se tocan.

El Estado de Derecho

Nicolás Bianchi

El Estado de Derecho es una teoría jurídica inventada y/o «construida» en la Alemania del canciller Bismarck para suplantar el principio de soberanía popular impuesto por la revolución burguesa en Europa. En Prusia, el capitalismo no se desarrolló siguiendo las pautas habituales de la revolución burguesa sino por una vía original de pacto con la aristocracia terrateniente y haciendo concesiones. La alta aristocracia (los «junkers») jamás aceptó el principio de que la soberanía provenía de la nación (como proclamó la Revolución francesa), sino que creía en el origen divino del Emperador cuya legitimidad no podía dimanar de la voluntad popular. Pero a finales del siglo XIX la burguesía era lo suficientemente poderosa como para acotar las competencias del monarca y crear una nueva legislación a través de las cámaras parlamentarias. Para solventar esa contradicción, un grupo de juristas germanos crearon la teoría ambigua de que la soberanía no venía del pueblo ni del rey, sino del Derecho, que las normas jurídicas estaban por encima de todos ellos y que todos debían someterse a esas normas. A esa teoría, y al Estado que se somete a la ley, la llamaron Estado de Derecho. Hoy la expresión de tan rancio origen ha ganado popularidad -no hay paniaguado politiquillo y politicastro que no se llena la bocota con esa expresión al igual que les sale de corrido aquello de «fuerzas y cuerpos de seguridad del estado» por no abreviar diciendo «policía»– en el pensamiento jurídico para denotar que en el Estado moderno nadie puede adoptar una decisión sin que exista una previa norma que lo autorice (viene a ser el «principio de legalidad» antifeudal). Aunque se le considera sinónimo de democracia, constituye una absoluta negación de la misma ya que, al negar la soberanía popular, niega al mismo tiempo su poder constituyente, es decir, la facultad de cambiar las normas. 
Para justificar el poder, según el poco sospechoso de bolchevismo Norberto Bobbio, basta con apelar a Dios o al consenso o a la tradición. Pero la principal función del poder es obtener la obediencia del villano, súbdito o ciudadano. El poder legítimo es aquel que pide obediencia, ayer despóticamente, hoy acatando el nuevo Baal neopagano que llaman «reglas de juego», que iluminan el Estado de Derecho. No es seguro que te libres de la cárcel aun apelando a sus propias leyes y «reglas de juego», véase Arnaldo Otegi, encarcelado no por contravenirlas precisamente sino por creer en ellas, ilusamente o calculando mal y analizando peor sin saber con quién se enfrenta. O a fuer de saberlo, engañando a la parroquia no sabemos con qué intención o con qué doblez. Incluso ha tratado de jugar con esas «reglas». No ha transgredido ninguna norma ni ley. Sólo cometió un «delito»: no condenar la violencia explícitamente (implícitamente sí lo hizo) que se opone a la que ejerce el monopolio del Estado, llámese de Derecho o de Desecho, es decir, desobedecer a lo más sagrado que exige el Estado a sus vasallos: obedecer.
Ayer con la Inquisición y hoy con el Estado de Derecho, su secularización. Contestar eso te convierte en un fora exitus, en un «forajido», en un «fuera de lugar» (traducción exacta del latín culto), en un «terrorista» (traducción del latín vulgar por estos pagos hispanicus).

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