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Día: 14 de enero de 2015 (página 1 de 1)

Stalin cambió el urbanismo Moscú

Conforme al Plan General, las calles y callejuelas de Moscú, estrechas y sinuosas, debían convertirse en arterias rectas y anchas (no menos de 30-40 metros) en la ciudad de Stalin.
Muy pronto lugares céntricos adyacentes al Kremlin, como las plazas de Ojotni Riad y del Manezh, sufrieron grandes transformaciones, pero también la calle principal de la capital, Tverskaia.
La céntrica plaza Ojotni Riad era un lugar de mercado, lleno de puestos y tenderetes, donde se vendían mercancías obtenidas con la caza, en concreto caza menor y carne de animales más grandes (de ahí su nombre, ojota significa “caza”). Lo mismo ocurría con la vecina Plaza Manezh (Manège) o Manézhnaia, diseñada por el español Agustín de Betancourt, donde había puestos comerciales y tabernas.
Estos lugares, aunque se encontraban en el centro de la ciudad, estaban considerados unos de los más sucios de Moscú y hacía mucho tiempo que requerían una remodelación; sin embargo, las obras para cubrir las tiendas se postergaban. Los comerciantes no querían hacer cambios, aunque tenían importantes beneficios. No fue hasta 1932, con el régimen soviético, cuando se quitaron las tiendas, y el espacio liberado se asfaltó.
La estrecha y tortuosa callejuela con hoteles y tiendas que en aquel entonces era Tverskaia debía convertirse en la calle principal del Estado socialista en construcción.  Esto quedó de manifiesto con su nueva anchura (de 16 metros se amplió a 50 metros), con su majestuosidad y con las enormes dimensiones de las construcciones que aparecieron en el lugar de los edificios modestos y de pocos pisos de antes.
El Plan General consolidó la estructura radial y circular de las carreteras de la ciudad. Se afianzó, sobrevivió hasta nuestros días y es poco probable que pueda ser sustituida por otro sistema. Precisamente, en la década de 1930, se ultimó el proyecto circular (la actual MKAD, circunvalación de Moscú), e incluso lograron construir algunos tramos, pero estalló la guerra y las obras se interrumpieron. Para ser más exactos, la circunvalación de Moscú se hizo durante la Segunda Guerra Mundial, pero según un modelo simplificado: la vía era subterránea y se usaba para el transporte de equipos militares y tropas. No servía para cubrir las necesidades en tiempos de paz.
Resulta que, después de la muerte de Stalin en 1953 y hasta el día de hoy, en muchos aspectos sigue vigente el Plan General de 1935, aunque con algunas modificaciones.
Extracto: http://es.rbth.com/cultura/2015/01/14/como_stalin_cambio_moscu_46463.html

La ley del embudo

A Benjamín Netanyahu nadie le invitó a la manifestación multitudinaria celebrada en París. Es más, Hollande le pidió que no asistiera. Pero el primer ministro israelí no lo necesitaba para presentarse entre los defensores de la libertad de expresión… pocos meses después de masacrar a 2.000 palestinos en Gaza y de invitar a los judíos franceses a instalarse en Israel.

Para los sionistas, como para los nazis, cada cual tiene “su hogar”. Siempre hay un hogar en alguna parte que es el que corresponde a cada cual. El de los judíos no es Francia sino Israel, el de los negros está en África, el de los chinos en Asia y así sucesivamente. Cada uno debería volver a “su tierra”. Se llama segregacionsimo o apartheid.

Pero si Wolinski, uno de los dibujantes asesinados, cuya madre era judía, hubiera vivido en Israel no hubiera podido publicar sus caricaturas, dice un humorista israelí, Ido Amin, al diario Haaretz de Tel Aviv. En Israel nunca hubiera podido publicarse una revista como Charlie Hebdo porque hay una ley que prohibe ofender la sensibilidad religiosa. Difícilmente el hogar de Wolinski hubiera podido estar allá.

La ley que reprime las ofensas a la sensibilidad religiosa es una herencia de la época del Mandato Británico en Palestina. No se trata de una ley contra la difamación, la obscenidad o el racismo, sino una ley draconiana, asegura Ido Amin, que prohíbe representar a Moisés, Jesús o Mahoma de una manera que ofenda a los creyentes.

El caricaturista israelí relata un episodio personal, cuando publicó una caricatura en un periódico criticando la ceremonia de los Kapparot, que consiste en girar un pollo vivo por encima de la cabeza. Considerado como una ofensa religiosa, el asunto se llegó a discutir en el Knesset, el parlamento israelí.

El ministro de la Policía, sigue narrando Amin, comparó su caricatura a las que publicaban los nazis en el periódico Der Stürmer. A petición del ministro, el redactor jefe del periódico en el que trabajaba le interrogó, luego le despidió y finalmente tuvo que dejar de dibujar.

También Charlie Hebdo despidió en 2008 a un dibujante que hizo un chiste sobre el hijo del presidente Sarkozy, que se había casado con una judía. La revista no luchaba contra la censura sino a favor de ella.

Algún ingenuo quizá suponga que la movilización de París puede ayudar a reforzar las maltrechas libertades públicas y, en particular, la libertad de expresión. Pero no se va a producir ninguna ampliación de los derechos y las garantías, sino todo lo contrario. Servirá para que una mayor represión sea ampliamente aceptada.

Al periodista francés Eric Zemmour no le han puesto guardaespaldas porque el Estado defienda la libertad de expresión sino porque propugna la expulsión de los musulmanes franceses fuera de su país (no se sabe a dónde). Lo que el Estado quiere es que pueda continuar propagando el fascismo “libremente”.

Hoy la edición de Le Monde repite la aburrida letanía de los “límites” a los derechos, que se ha convertido en la gran coartada: hablar de los límites antes que de los derechos. Pero esto es la ley del embudo. Unos tienen los derechos y los demás sólo los límites. Tenemos las manos atadas; no nos podemos defender de los ataques fascistas.

Veamos un ejemplo: el grupo de prensa belga Sudpresse publica en sus portadas las fotos de los tres autores de la masacre del 7 de enero con el titular: “Se ha hecho justicia”. El redactor jefe de una de las ediciones, Xavier Lambert, plantea a los jefes sus dudas sobre el acierto de dicho titular y le despiden fulminantemente. ¿Alguien hará una campaña en su favor?, ¿considera Sudpresse que a los rehenes de la tienda judía también se les ha hecho justicia?, ¿qué entienden por justicia?Otro ejemplo: si Zemmour hubiera propuesto con los judíos lo mismo que con los musulmanes, la cosa hubiera sido muy distinta porque en Francia la negación del Holocausto (que se debe escribir con mayúsculas porque fue muy grande) es un delito punible.

Una semana después del atentado del 7 de enero, la fiscalía francesa ya ha abierto 54 causas por apología del terrorismo. El humorista negro Dieudonné acaba de ser detenido esta misma mañana acusado de ese “delito”. Lleva años acosado y perseguido por satirizar al judaísmo. En noviembre de 2007 le condenaron por difamación, injurias y provocación al odio racial. En febrero del año pasado por negación de crímenes contra la humanidad, difamación, provocación al odio racial e injurias públicas. ¿Por qué Charlie Hebdo se puede burlar del islam mientras a Dieudonné le condenan por hacer lo mismo con los judíos? La respuesta la expone el mismo Le Monde: en realidad, sugiere, Dieudonné no es un humorista sino un militante.

Exactamente, es un problema de militancia, de tomar partido. Pero eso no cambia las cosas: ¿por qué este verano el gobierno francés prohibió las manifestaciones en solidaridad con el pueblo palestino, que estaba siendo masacrado en Gaza?

Si a los imperialistas les gusta tanto la libertad de expresión, ¿por qué no dejan en libertad a Assange y a Snowden?

Yo tengo que acudir mañana al Juzgado a firmar mi libertad provisional, como hago cada 15 días, por hablar en una charla. ¿Por qué no me dejan en paz?

Historia contrafactual

Nicolás Bianchi
O, ¿qué hubiera pasado si…? Si, por ejemplo, los turcos no hubieran sido expulsados de Europa. Pues que hoy todo dios, menos los malteses, profesaría el Islam y no el judeocristianismo cuyo ritual, como decía Unamuno, sólo consiste en que te bauticen por la Iglesia, te casen por la misma y te entierren por el rito católico, que eso y nada más, aparte misas y rosarios, es el catolicismo.
Hombre, míster, algo más será, digo yo. Pues sí: se puede comer carne de puerco (pork chop) (cosa que los judíos y los árabes, ambos semitas, no), o sea, de cerdo, y darle a la priva que es el aspecto lúdico y antiepicúreo (en su acepción más vulgar) de la cosa ¡y sin ramadán! Pero esto es una metonimia. Seamos serios. La presencia de los turcos en Europa significa un hecho totalmente nuevo en la historia de los pueblos cristianos. Los turcos otomanos hacen algo más que los turcos selyúcidas, pues si aquellos se islamizaron , éstos, en cierto modo, se europeízan, ya que, sin perder su credo, ideología y modo de vida, organizan ejércitos al modo occidental ergo: civilizado. La Cristiandad, dizque los buenos, va a tener un terrible enemigo en Suleimán II, de apodo Solimán el Magnífico (por la pompa y por el lujo). Este sultán será la pesadilla europea de 1520 a 1560. Los avances son extraordinarios en Europa y Asia. Belgrado (en la Serbia austríaca) se había rendido y en 1526 Solimán derrota a los húngaros cayendo Buda (la parte de Budapest que separa el Danubio, hoy zona inhóspita) en poder turco que se planta frente a la mismísima Viena, o sea, el ángor político de Europa y su corazón cultural. Sólo se libró, ya se dijo, la isla de Malta defendida por Juan de la Valette (su actual capital).
Eso de llegar a las puertas de Viena era pasarse tres pueblos y nunca mejor dicho. Inquietante. El catoliquísimo Emperador Carlos V, ocupado a la sazón en sitiar y saquear (1527) la Roma vaticana, más progala que spanish, enfadarse con Francisco I de Francia, perseguir luteranos que entonces ni sabían que serían «protestantes» y otras distracciones, cogió el toro turco por los cuernos y envió al marqués del Vasto (con uve) a parar los pies a Solimán y sus vaivodas (una suerte de príncipes feudales) y sus jenízaros (una especie de guardia pretoriana). No tuvo mucho éxito, sobre todo por el mar. Fue su hijo, Felipe II (que, a diferencia de su padre, sabía español), quien, en «Santa Liga» uniera los estados católicos (Venecia, Génova, el papa y España) para, al mando de Juan de Austria, su hermano bastardo, vencer a los turcos en Lepanto y que costara el brazo izquierdo de un erasmista, el alcalaíno Cervantes, posiblemente uno de los pocos soldados castellanos en la famosa batalla (casi todos eran lansquenetes o mercenarios).
Hoy es hora de dar otra lección de urbanidad a estos moromierdas que nos vienen a decir que la sopa se come con tenedor y matan a nuestros inocentes humoristas que socolor de la libertad de expresión insultan y vejan a los humillados. Si te metes con los judíos sionistas, eres antisemita; y, si lo haces, con los musulmanes mahometanos, ejerces la libertad de expresión.

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