
El Talión (ojo por ojo, llaga por llaga, etc.) que aparece en el «Éxodo» puede solamente dar satisfacción -seguimos aquí a Paul Lafargue– a los sentimientos igualitarios de los pueblos comunistas primitivos. El Talión no sería más que la aplicación de la igualdad en punto a satisfacer una injuria. Es la expiación equiparada a la ofensa pues sólo un castigo igual a la ofensa cometida puede satisfacer la psique igualitaria. El reparto y distribución igualitaria de los alimentos creó el Talión. Y no, por ejemplo, la idea de Justicia (con mayúscula) y ello porque, como afirmara Hobbes, antes de surgir la propiedad, «en estado natural, no existía la injusticia» o Locke quien sostenía que «donde no hay propiedad no hay injusticia». Una vez constituida la propiedad privada, la sangre ya no pide sangre: pide propiedad o dinero como satisfacción. El Talión, su Ley, se ha transformado.
Según la leyenda, el precio de Abdallah, padre de Mahoma, fue fijado en cien camellos. Y en el versículo 173 de la Sura II del Corán se habla de pena del Talión por el asesinato. El talión, pues, reglamentado y limitando la venganza, domina la pasión invencible del hombre (salvo los alucinados que hablan del «Eje del Mal», gente perturbada que quiere perturbar volviéndonos perturbados, pero, evidentemente, saben lo que hacen aunque no calculen las consecuencias de sus criminales actos). Que haya presos/as políticos a punto de cumplir casi treinta años de prisión sólo puede obedecer a un Estado sádico (hay sádicos que no son fascistas como, por ejemplo, los insufribles chistes de Argiñano) que se venga de sus víctimas más allá de su propia lógica represora y «ejemplarizadora» y escarmentadora, pues la justicia nunca puede ser «ejemplar», sino «justa», al menos en un Estado burgués formalmente democrático, o sea, que guarda las formas. Pero no aquí, un Estado débil con el cuchillo permanentemente en las fauces tratando a la gente como perros, como «perros» que acabarán mordiendo… y no precisamente a la mano que les da comer (esos son otros perros, otros bull-dogs).