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Día: 31 de enero de 2014 (página 1 de 1)

La burguesía con ropajes marxistas o CJC sobre Gamonal

«La
sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es
imposible sin una revolución violenta.»[1]
Esta
frase la dijo Lenin en su afamada obra «El Estado y la
revolución», escrita en el año 1917. En este texto, Lenin nos
explica de forma magistral la necesidad de destruir el aparato
burocrático-militar del Estado burgués para poder crear a partir de
ahí el nuevo Estado proletario, el Estado socialista, que
progresivamente irá extinguiéndose conforme los antagonismos de
clase vayan desapareciendo, hasta llegar a la sociedad comunista.
Pues bien, parece ser que después de casi un siglo de este libro, no
se han enterado de esto ciertas organizaciones que se declaran a sí
mismas como «comunistas». En esta ocasión me vengo a
referir a los llamados CJC (Colectivos de Jóvenes «Comunistas»),
organización de ámbito juvenil cuyo referente es el PCPE («Partido
Comunista» de los Pueblos de España), que recientemente ha
publicado un artículo en su órgano de expresión «Tinta Roja»
con un título que por lo menos suena bastante atractivo: «Un
acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia
en la lucha popular»
Para
empezar, decir que más que un acercamiento, el texto parece más
bien un distanciamiento. En este artículo nuestros queridos
«tintarojistas» a lo que se dedican es a echar balones
fuera aprovechando los últimos acontecimientos de las luchas obreras
y populares que se han dado en nuestro Estado, en concreto, la lucha
realizada por los habitantes del burgalés barrio de Gamonal. Estos
vecinos se dieron cuenta que las vías pacíficas para conseguir la
paralización de las obras del bulevar que en su barrio se quería
construir eran insuficientes, y tomaron la vía de la lucha violenta
como método para frenar las obras y, de hecho, las consiguieron
frenar. Pero, de este acto de absoluta y ejemplar resistencia,
nuestros «tintarojistas» han querido sacar un artículo,
explicando que, si bien esta vía es útil, no es la única vía, ni
tan siquiera la vía principal, todo ello dentro de un lenguaje
bastante demagogo y poco concreto. Nuestros queridos camaradas han
querido venirnos a explicar que ellos no son ni «pacifistas»
ni tampoco «terroristas itinerantes», que ellos han
encontrado el sagrado equilibrio entre estas dos posturas del
movimiento de masas.
Bien,
si esto último es cierto, nuestros queridos compañeros han
encontrado el camino hacia la revolución de una manera cuanto menos
«novísima», ya que nunca en la historia de la humanidad se
ha dado una revolución como la que ellos predican. Pero bien,
pasemos a examinar cómo es la revolución que nuestros camaradas han
descubierto y que ha estado oculta para todos los
marxistas-leninistas durante siglos. Para ello pasemos a analizar,
cómo nuestros «tintarojistas» dan una «magistral
lección» de «marxismo» a los que ellos llaman
«fetichistas de la violencia»:
«La
violencia se ejerce contra personas o bienes con la esperanza de que
la clase trabajadora, desorganizada, desarmada ideológicamente y sin
ningún contacto con ellos se levantará al observar sus proezas en
las pantallas de televisión… la revolución no se prepara
acumulando fuerzas sino actuando diariamente contra todas las
«manifestaciones» del sistema imperante.»
Me
parece curioso que digan que la violencia se ejerce contra «personas»
o «bienes» pero ¿qué personas? ¿qué bienes? ¿Es acaso
poco legítimo que un vecino de Gamonal que lleva años viendo como
su barrio se arruina poco a poco, quedando cientos de familias en la
calle en la más absoluta de las miserias, decida ahora quemar un
contenedor? ¿Tienen nuestros «tintarojistas» algún tipo
de cariño especial por el mobiliario urbano de esa zona? ¿O no será
acaso que no capaces tan siquiera de organizar toda esa violencia
espontánea que ellos llaman y por eso deciden echar balones fuera y
atacarla sin ninguna piedad? Luego estaría bien que nos explicaran
qué tipo de personas fueron sobre las que se ejerció la violencia,
porque tampoco lo especifican y, que yo sepa, las únicas «personas»
sobre las que los vecinos del Gamonal ejercieron la «violencia»
fueron unos señores llamados policías, antidisturbios, etc. Es
decir, estos vecinos ejercieron su legítimo derecho a la
resistenciaante los atropellos y la represión que sufrieron por
parte de los perros del Estado fascista español. ¿O hay que
recordar todas las detenciones arbitrarias que la policía realizó
durante las protestas, llegando a haber varias decenas de presos e
incluso dos personas con cargos? ¿Está mal ejercer la resistencia
contra todos estos atropellos? Que venga el señor que escribió este
artículo y me lo explique, porque yo no entiendo nada. ¿Los
comunistas a quién defendemos? ¿A la inmensa masa de trabajadores
explotados por el capitalismo o a los antidisturbios? Porque si es a
los segundos, señores, yo me bajo del carro.
La
segunda parte del texto nos habla de que la revolución se prepara
«acumulando fuerzas». Bien, y yo les pregunto a nuestros
queridos periodistas: ¿cómo se acumulan fuerzas? Que yo sepa, la
acumulación de fuerzas es parte de un proceso dialético en el cual
la fuerza dirigente (el partido comunista) debe ligarse estrechamente
a las masas, organizarlas y brindarles todo su apoyo en todas y cada
una de las luchas que hagan. Si bien es cierto que muchas de las
luchas obreras son espontáneas, lo que no se puede hacer es condenar
este carácter espontáneo de las luchas, por muy violento que sea,
sino comprenderlo, organizarlo y darle una dirección política, algo
que nuestros «tintarojistas» no han entendido ni van a
entender jamás. Para ellos, todo lo que vengan de fuera, será
espontaneísmo despreciable al cual hay que denigrar, condenar y
escupir. Si así pretender ganar a las masas, van por el mal camino.
En este sentido hay una frase que siempre me ha parecido muy justa:
«El partido debe de estar allí donde estén las masas y
organizarlas; si las masas están en la desorganización, el partido
debe ir a la desorganización y organizarla». Este cuento
deberían aplicarlo nuestros iluminados camaradas, ya que donde se
acumulan fuerzas es en el día a día de la lucha de masas, en la
vanguardia de esta, dirigiendo esta lucha en primera línea de
batalla, no en la retaguardia escondidos detrás de vuestras banderas
y pegatinas.
«No
tenemos reparos en recurrir a la violencia cuando esta táctica
contribuye al fortalecimiento de nuestra estrategia;por eso estamos
al lado del obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para
resistir a las cargas de la Policía Nacional y criticamos al
anarquista que quema un contenedor en una manifestación. No hay
contradicción alguna entre una postura y otra.»
Decir
que no existe contradicción entre una postura y otra, no quiere
decir nada, amigos míos, porque, de hecho, la contradicción existe
¿Condenáis el que un militante anarquista queme un contenedor? ¿Qué
pasa si lo quema (como hemos dicho antes) un obrero del barrio de
Gamonal que no está organizado en nada? ¿Es igual de condenable? Si
al fin y al cabo ninguno de los dos está organizado, ¿qué
diferencia hay? ¿que uno se declara anarquista y otro no? ¿no puede
haber obreros anarquistas en Gamonal? ¿las acciones de estos
anarquistas es espontánea pero la del obrero desorganizado no? Que
alguien me explique esto también, por favor.
Decía
Lenin: «No son las acciones de guerrillas las que desorganizan
el movimiento, sino la debilidad del Partido, que no sabe tomar en
sus manos tales acciones.»[2] Y esto mismo es lo que nuestros
queridos «tintarojistas» no han entendido. Las acciones de
guerrilla urbana en este caso y demás no son malas, ni desorganizan
al movimiento de hecho; estas respuestas son naturales por parte de
la clase obrera, sobretodo ante la represión y las condiciones de
miseria que el Estado capitalista español les impone. Los obreros
llegan a un punto en el que no pueden más, estallan y pasan a la
ofensiva de manera desorganizada y espontánea. Pero el problema no
está en que el obrero pase a la ofensiva, el problema es que los que
se llaman a sí mismos «partido comunista» como nuestro
aclamado PCPE no sepan organizar esta ofensiva y se
dediquen a decir que estos métodos violentos son obra de
individualistas, blanquistas, espontaneístas, anarquistas y una
larga ristra más de adjetivos… Si eres el partido, tienes que
saber organizar estos momentos de ofensiva y de actividad violenta de
las masas y darles una dirección política, pero al parecer a
nuestros «tintarojistas» esto no les importa demasiado y
pasande darle importancia a una cuestión que es fundamental.
Con
todo este párrafo lo que vengo a concluir es que a los CJC les
parece muy bien si tal vez un obrero de un CUO decide quemar una
papelera. Sin embargo, si lo hace una persona de otra organización o
simplemente un obrero que está harto de la situación y que no
milita, les parece un pecado, un ataque contra el movimiento
revolucionario. ¡Y encima lo condena! Todo un ejemplo revolucionario
el que nos dan nuestros CJC.
Sigamos
pues con el resto del artículo:
«A
riesgo de despertar críticas airadas de los fetichistas de la
violencia, diremos que para nosotros es preferible una manifestación
pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado
exclusivamente por gente politizada.»
Esta
es una de las partes en las cuales más se retratan. Para ellos,
sacar a miles de obreros a las calles en una manifestación les
parece la cosa más sencilla del mundo, y fácil de hacer además. Es
tan fácil que no les es necesario ni que los obreros estén
politizados: los obreros salen por su propia moral cristiana en
manifestación, no salen debido a su conciencia política para
conseguir un fin político, claro que no. Los CJC tienen
un concepto curioso de lo que significa el movimiento revolucionario.
Ellos no intentan politizar a la gente; ellos sólo quieren sacar una
multitudinaria manifestación a la calle para hacerse la foto y,
después, vuelta para casa. Creo que no hace falta aclarar que
nosotros los marxistas preferimos siempre la calidad antes que la
cantidad y que, además, nuestra finalidad es dar un sentido político
a las luchas obreras (politizar a los obreros). Se ve que el PCPE
prefiere sacar 3000 personas a las calles sin politizar, simplemente
por el mero hecho del movimiento por el movimiento. Ellos no
persiguen un fin como perseguimos los marxistas, ellos sólo
persiguen el movimiento, las manifestación llenas de gente que van
dando vueltas sin sentido por toda la ciudad, como si de zombies se
tratara. ¡Qué curiosa es la línea política de los CJC! ¿He oído
Bernstein?
«Aún
seguimos preguntándonos cómo logran algunos de estos izquierdistas,
aquellos que no se casan con la tradición libertaria pero sí actúan
como si fuesen parte de ella, reivindicar la revolución de octubre
de 1917 si ésta se logró prácticamente sin muertos.»
¿Es
necesario decir que esto es una absurda memez? ¿En serio alguien que
haya leído esto se lo toma enserio? En fin, se habla de hasta de 5
millones de muertos en el bando del Ejército rojo durante la guerra
civil rusa, sólo durante la guerra civil rusa, sin tener en cuenta
todos los acontecimientos de la revolución de octubre y demás. Debe
ser que, para los CJC, 5 millones de heroicos combatientes soviéticos
les parecen pocos y no les importan demasiado. Tal vez hay que
explicarles las diferencia entre muchos y pocos, porque no la han
entendido bien, quien sabe. De igual forma no voy a profundizar más
en este tema porque me parece que este argumento se cae por su
propio peso. Por cierto, los primeros que empezaron a dar una visión
de la revolución rusa como una revolución pacífica y sin apenas
muertos, fueron los jruschevistas ¡Qué embarazoso!
Citemos
de nuevo a Lenin si les parece:
«En
toda guerra, cualquier operación lleva un cierto desorden a las
filas de los combatientes. De esto no puede deducirse que no hay que
combatir. De esto es preciso deducir que hay que aprender a combatir.
Y nada más.»[3]
¿Bien,
algo más que decir? ¿Señores de CJC el problema es de las personas
que combaten al sistema, o de ustedes que no son capaces
de aprender a combatir?
Otra
vez:
«Cuando
veo a socialdemócratas que declaran arrogante y presuntuosamente:
nosotros no somos anarquistas, ni ladrones, ni bandidos; estamos por
encima de todo eso, rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto:
¿comprenden esas gentes lo que dicen?»[4]
¿No
les recuerda extrañamente la posición que los CJC mantienen a la
visión socialdemócrata que Lenin está criticando en este ocasión?
Será que la nueva revolución que los señores de los CJC han
encontrado y que permanecía oculta ¿Es acaso el mismo concepto de
revolución que tenían estos socialdemócratas rusos condenadores de
la guerra de guerrillas? En efecto, podemos concluir que sí, que
esto es así y que es totalmente justa esta afirmación.
Por
tanto, y para ir concluyendo, porque sé que el artículo ya se ha
hecho bastante extenso, me gustaría decirles a nuestros
«tintarojistas» que sacar de contexto frases y demás sin
entenderlas y sin darles un fundamento político, y sin aplicarlos a
la realidad concreta, no sirve de nada, pues son sólo frases al fin
y al cabo. Como decía Lenin, los marxistas debemos saber adaptarnos
a los métodos de lucha existentes del momento concreto en el que
desarrollemos nuestra tarea política y en estos momentos ese tipo de
lucha en el Estado fascista español, si quiere ser consecuente, debe
de ser realizada de manera clandestina, y orientada a dirigir un
movimiento político de resistencia independiente del Estado, puesto
que, en la época que nos ha tocado vivir, el Estado jamás nos
dejará acumular fuerzas de manera pacífica y legal, como ya tantas
y tantas veces nos ha demostrado. Sólo hay que echar un vistazo a
nuestro código penal encontrarte leyes como «La ley de
partidos» o las distintas «Leyes antiterroristas», u
ojear nuestro pasado más reciente con el terrorismo de Estado para
darte cuenta de que la realidad que nos ha tocado vivir. La tarea de
organizar la revolución, es muy distinta a la tarea de los
bolcheviques en el 1917, ya que es una tarea mucho más ardua y
complicada, que posee en nuestro caso un carácter prolongado.En
nuestra realidad concreta, el método de lucha no puede ser legal
como nuestra propia experiencia demuestra. Por mucho que que nuestros
amigos del CJC se empeñen en decirlo. Pero, en fin, esto es lo que
pasa cuando unos filisteos que se hacen pasar por comunistas,
intentan entrometerse en los asuntos de los verdaderos
revolucionarios profesionales, es decir, de los comunistas.
¡Ah,
por cierto! ¡Casi se me olvidaba! Sobre el tema de Blanqui,
solamente decir que para ser una persona totalmente desconocida por
las masas, tuvo uno de los entierros mas multitudinarios que se
recuerdan y consiguió llegar a ser diputado, aun estando en la
cárcel, siendo elegido por las masas populares francesas. Así que,
si Blanqui apenas era conocido, también creo que sería correcto
concluir que el PCPE ni tan siquiera existe, pero eso es otro debate.
Señores de CJC, que una cosa es criticar el blanquismo y otra cosa
es falsear la historia, aunque, bueno, por otro lado, lo de falsear
la historia es algo que ustedes y su partido saben hacer bastante
bien.
José
Guillén.
Notas:
[1]
Lenin: El Estado y la revolución- Capítulo I / Apartado IV:
«La extinción del estado y la revolución violenta»
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/
[2]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo VII
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[3]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo X
Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[4]
Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo XI
Edición: 
http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm

‘Tinta Roja’ resbala hacia la infamia fascista

 Juan Manuel Olarieta

Con la invocada pretensión de abrir un debate sobre el uso de la violencia en la lucha popular, Domenec Merino publica un artículo en la revista «Tinta Roja» (*), que es verdaderamente bochornoso, porque en este país no hay ni puede haber tal cosa. Los que califican a eso como un debate o sueñan que tal debate es posible aquí y ahora, engañan a sus lectores, por una sencilla razón: porque sólo se pueden expresar los mismos de siempre, los fascistas, los pacifistas y los oportunistas. El debate se reduce a ellos; ellos se lo guisan y se lo comen.

Por el contrario, esos a los que Domenec califica como encapuchados (blanquistas, anarquistas) no pueden exponer abiertamente sus propuestas. El debate está, pues, trucado desde el principio. Domenec sabe que tiene carta blanca, que no le van a acusar de «apología del terrorismo», mientras que los otros tienen un problema mucho más serio: tienen que callarse la boca, lo que los oportunistas como Domenec aprovechan a la perfección para explayarse en exclusiva.

Bajo la ridícula pretensión de una «observación empírica de la sociedad» el artículo hace apología del fascismo y de la represión; critica un tipo de violencia, la de las masas, y oculta la violencia de los antidisturbios, que deja en un segundo plano.

Según el cabecilla de CJC, en Gamonal la lucha ha revestido un carácter violento, lo cual es sólo una parte de la realidad. Esa ocultación va luego seguida de una segunda, aún más importante: ¿por parte de quién ha sido violenta?, ¿quién es el violento?, ¿a quién llama violento Domenec?, y ¿quién hizo que lo que hasta un determinado momento era pacífico cambie de signo? ¿Acaso la lucha en Gamonal empieza con las barricadas o más bien acaba en ellas?

Para lavar la cara a los antidisturbios los apologistas del Estado burgués dicen que la policía acude a una manifestación para reprimir la violencia de los manifestantes y, por lo tanto, son los manifestantes los que tienen la culpa de ella, de la intervención de la policía y de la violencia que desencadena. Pero no explican los motivos por los cuales la policía acude a una manifestación. ¿Qué pinta la policía en una manifestación? Es más: ¿qué pinta la policía en una manifestación antes de que suceda ningún episodio de violencia?, ¿no tratan de intimidar a la gente para que no acuda?, ¿no es eso violencia y amenaza de la violencia?, ¿no es la policía la causa de la violencia en las manifestaciones? Eso es lo que merece una explicación para entender lo que Domenec y demás oportunistas llaman «la violencia».

En un ejercicio de maniqueísmo infantil, Domenec establece una dicotomía absurda según la cual hay dos tipos de personas. En primer lugar, el obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de los antidisturbios y, en el otro, el anarquista que quema un contenedor en una manifestación. Pero, ¿acaso los anarquistas no son obreros, ni son de Gamonal?, ¿son extraterrestres llegados de Euskadi, como dicen los fascistas, con el manual de la kale borroka en la mano?, ¿quemar un contenedor no es una forma de resistir a las cargas de los antidisturbios o tiene Domenec su propio manual de kale borroka sobre el mejor modo de resistir a las porras y los pelotazos?

Ese maniqueísmo corre paralelo con el invento de otras dos concepciones que Domenec considera «profundamente arraigadas» en la sociedad. Por una parte, los no violentos y, por la otra, los herederos de Blanqui, los de la «cara tapada». Pero ese planteamiento es falso. En realidad Domenec sólo quiere hablar en contra de estos últimos para apoyar a los anteriores, a los no violentos, de una manera camuflada, sin que se le vea el plumero demasiado.

Para despacharse a gusto contra los «herederos de Blanqui», Domenec se tiene que inventar las dos cosas, es decir, tanto a Blanqui como a sus herederos. Entre los oportunistas como Domenec el recurso al comodín de Blanqui y el blanquismo es una constante. Lenin fue acusado de blanquismo por los mencheviques y Rosa Luxemburgo ya avisó de las manipulaciones que los revisionistas hacían hace cien años de la etiqueta de Blanqui, aunque lo más corriente es que no tengan ni la más remota idea de quién fue Blanqui y qué fue el blanquismo.

El cabecilla de CJC dice que Blanqui pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, añadiendo que la misma fue «absolutamente ignorada por la clase obrera». ¿También eso lo ha observado empíricamente este manipulador? Domenec necesita tergiversar las cosas para que queden a su gusto, de manera que pueda introducir por la rendija la «vocación de masas» de su grupo, su afán por ser conocidos, de convertirse en referente y actuar a cara descubierta. Pues si CJC quieren ir por ese camino lo que deberían hacer es tomar ejemplo de Femen, que son más conocidos aún y actúan completamente al descubierto.

Los blanquistas tuvieron una relación con las masas que CJC no es capaz de imaginar siquiera. Ellos fueron, junto a los proudhonistas, el partido obrero dominante en Francia en el siglo XIX, participaron de una manera decisiva en la Revolución de 1848 y en la Comuna de París de 1870, tras la cual algunos se exiliaron a Londres, donde Marx los acogió solidariamente e incorporó a la Primera Internacional. ¿No fue eso «vocación de masas»?

Engels dijo que Blanqui había sido un «precursor». Los oportunistas deberían lavarse bien su sucia boca antes de hablar de alguien que pasó 35 años de su vida encerrado en las cárceles por participar activamente en los acontecimientos europeos más importantes del siglo XIX al lado de la clase obrera. La liberación de Blanqui de la cárcel fue una exigencia constante del movimiento obrero francés, que logró sus objetivos en varias ocasiones mediante la lucha popular, es decir, que no fue el personaje aislado y solitario que Domenec quiere dibujar, que no fue de esos que «renuncian a tener contacto con las masas» porque los blanquistas fueron los únicos que tuvieron diez delegados en el Consejo de la Comuna de París, convocaron manifestaciones de decenas de miles de obreros, obtuvieron escaños en el Parlamento con otros tantos miles de votos procedentes del proletariado y reunieron a otros 100.000 en el funeral de Blanqui.

¿Pero acaso hay alguien que renuncie tener contacto con las masas o más bien a lo que renuncian es al contacto oportunista, legalista y pacifista con ellas, que es lo que este capitoste de CJC aplaude?

El oportunismo de Domenec se torna en puro idealismo infantil cuando dice que prefiere «una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada». El problema es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, porque lo corriente es que ocurran ambas cosas, es decir, que una manifestación pacífica acabe en un altercado violento. Otro problema es que quien elige no es él, ni nadie diferente de la policía porque ella es la única responsable de la violencia y sólo a un infame sicario suyo se le ocurre asegurar que la violencia la protagoniza «exclusivamente» la gente politizada.

La infamia va alcanzando tonos realmente vergonzosos cuando Domenec propone dar la espalda a los encapuchados porque «bien podrían ser policías». Para cualquier antifascista con la policía no cabe otra: darle la espalda. Pero Domenec es un cínico sin escrúpulos que trata de justificarse en la infiltración policial para «dar la espalda» al manifestante, lleve capucha o no, y su cinismo le sirve para disimular que, en realidad, él a quien defiende es a los antidisturbios.

Domenec va alcanzando el éxtasis cuando dice que la revolución de 1917 «se logró prácticamente sin muertos». Como los demás reformistas, para sostener ese infundio utiliza el truco de reducir la revolución al asalto al Palacio de Invierno, y poco más. Pero la revolución nace dentro (y es inseparable) de una brutal guerra imperialista y fue seguida de una no menos brutal guerra civil, de la que también es inseparable. Para que la revolución triunfara los bolcheviques prepararon un meticuloso dispositivo militar, de manera que las fotos del momento no muestran a los obreros y campesinos con las manos vacías sino bien armados de fusiles, de los que conocían su manejo.

Lenin escribió muchas cosas, pero no recuerdo que dijera, como pretende Domenec, que «una revolución no tiene por qué ser violenta» y que «la violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía». Pero lo dijera o no, eso es rigurosamente cierto y para entenderlo cabalmente Domenec debería haber añadido que la burguesía no sólo va a resistir sino que lo va a hacer de la manera feroz y brutal que acostumbra. Lo que ocurre es que, al alinearse Domenec con los fascistas, tiene su mismo punto de vista, lo que le lleva a dar la vuelta al asunto una vez más.

La violencia es responsabilidad del aparato del Estado fascista y de la contrarrevolución; ahora mismo no tiene sentido decir que la burguesía resiste; quien resiste es el proletariado.

(*) Domenec Merino: Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular, Tinta Roja, 30 de enreo de 2014, http://www.tintaroja.es/opinion/260-un-acercamiento-al-debate-sobre-el-uso-de-la-violencia-y-la-no-violencia-en-la-lucha-popular

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