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Día: 30 de enero de 2013 (página 1 de 1)

Biografía de Marx (Parte 11)

Las enseñanzas de la
revolución
La derrota de la revolución no hizo vacilar ni un instante
la convicción profunda de Marx, científicamente fundamentada, de que la causa a
la que había consagrado su vida era grande y justa. El jefe del proletariado
revolucionario no adolecía del desconcierto, abatimiento y falta de fe tan
peculiares en aquel entonces en los dirigentes de la democracia
pequeño-burguesa. Aguantó igualmente con gran firmeza los duros sufrimientos y
privaciones que hubo de soportar cuando él y su familia se vieron en el
extranjero sin un céntimo en el bolsillo.

En cuanto llegó a Londres, Marx se puso a preparar la
edición de la revista Nueva Gaceta del Rin. Revista política y
económica
. En los seis números de la revista editados en Hamburgo en 1850 se
publicaron algunos trabajos de Marx y Engels que trataban de los
resultados de la revolución de 1848 en Francia y en Alemania.

A fines de 1849, el Comité Central de la Liga de los
Comunistas reanudó su actividad. En marzo de 1850, Marx y Engels escribieron
y enviaron a las comunas de la Liga el Mensaje del Comité Central a la Liga de
los Comunistas. En este documento, de importancia extraordinaria, se analizaban
las enseñanzas de la revolución de 1848-1849 en Alemania y las perspectivas de
una futura revolución, y se esbozaba la táctica del partido proletario en ella.
La conclusión principal a que se llega en el Mensaje es la de que, en la futura
revolución, a diferencia de la de 1848, el partido obrero deberá actuar
de la manera más organizada, más unánime y lo más independiente posible
. En
contraposición a los pequeño-burgueses, que, al llegar al poder, procurarán dar
por terminada la revolución lo antes posible, la tarea del partido obrero
consistirá en hacer la revolución permanente… Para nosotros no se
trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar
los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la
sociedad existente, sino de crear otra nueva
.
La idea de la revolución permanente, cuyos fundamentos
estaban ya en la Nueva Gaceta del Rin, fue formulada en el Mensaje con
mucha más amplitud. Esta idea fue desarrollada en la teoría de Lenin acerca
de la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución
socialista, confirmada en los combates revolucionarios de 1917 y en el triunfo
de la Revolución Socialista de Octubre.
En otoño de 1850, Marx y Engels llegaron a la
conclusión de que la nueva situación histórica de auge económico y de
fortalecimiento de la reacción en Europa excluía el estallido de la revolución
en un futuro inmediato. Sopesando serenamente las particularidades de aquella
nueva situación histórica, los fundadores del comunismo científico exigieron
que se revisara la táctica del partido y se modificaran las formas de lucha. La
nueva situación imponía la necesidad de llevar a cabo una tenaz y escrupulosa
labor de agrupación de fuerzas, de preparación sistemática de estas fuerzas
para una futura revolución. No obstante, algunos miembros de la Liga de los
Comunistas, con Willich y Schapper a la cabeza, propusieron, sin tener en
cuenta las condiciones históricas objetivas, planes aventureros de preparación
de un levantamiento armado en Alemania. En la reunión del Comité Central de la
Liga, celebrada el 15 de septiembre de 1850, Marx hizo una profunda crítica de
la línea conspiradora, sectaria y voluntarista de Willich y Schapper y demostró
lo peligroso que era el aventurero juego a la revolución. Marx,
aunque le apoyaba la mayoría de los miembros del Comité Central, hizo todo lo
posible por mantener la unidad de la Liga de los Comunistas. Pero el grupo de
Willich-Schapper provocó la escisión. El Comité Central se trasladó de Londres
a Colonia para contrarrestar la labor de desorganización de los elementos
ultraizquierdistas y sectarios.

Al mismo tiempo que trabajaba en la Liga de los Comunistas,
Marx dedicaba muchas energías a la síntesis teórica de la experiencia de las
revoluciones de 1848 a 1849. Fruto de esta labor fueron sus obras: Las
luchas de clases en Francia de 1848 a 1850
, escrito en 1850, y El
Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte
, escrito en 1852.

En las obras mencionadas, Marx dio un ejemplo de aplicación
del materialismo histórico al estudio de los acontecimientos históricos
concretos. En ambos trabajos, la profundidad del análisis va unida a la
maestría de un brillante literato, y la objetividad científica del sabio, a la
pasión revolucionaria del luchador político. Sintetizando la experiencia de la
lucha del proletariado y de las masas trabajadoras en la época borrascosa de la
revolución, cuando la actividad, la iniciativa de las masas populares y su
papel creador en el proceso histórico se manifiestan con la mayor fuerza, Marx
enriqueció su teoría con nuevas conclusiones de suma importancia. Éstas se
refieren, principalmente, a dos problemas: a las relaciones entre el
proletariado y los campesinos y a la actitud del proletariado hacia el Estado.
La experiencia de la revolución francesa y de la
insurrección proletaria de junio (1848), en particular, convencieron a Marx de
que la clase obrera no podría destruir el régimen burgués si las masas
campesinas no se levantaban contra la dominación del capital, si no se adherían
al proletariado, aceptándolo como su dirigente. Al poner de manifiesto la
naturaleza doble y contradictoria del campesino, como trabajador y como
propietario, Marx demostró que, comprendidos acertadamente, sus propios
intereses debían impulsar a los campesinos a la alianza con el proletariado
urbano. Los campesinos… encuentran su aliado y jefe natural en el
proletariado urbano, que tiene por misión derrocar el orden burgués
. En su
carta a Engels del 16 de abril de 1856, Marx formuló como sigue esta
conclusión política, sumamente importante: Todo el problema, en
Alemania, dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con
una especie de segunda edición de la guerra campesina
. Esta idea de Marx
fue desarrollada en la teoría leninista de la revolución socialista realizada
no por el proletariado aislado contra toda la burguesía, sino por el
proletariado erigido en la fuerza hegemónica y que tiene como aliados a los
elementos semiproletarios de la población, es decir, a los millones de seres de
las masas trabajadoras y explotadas.
La rica experiencia política de las revoluciones de 1848 y
1849 permitió a Marx desarrollar y concretar su teoría del Estado. Marx empleó
por primera vez la fórmula clásica de dictadura del proletariado en
su obra Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Como
demostró Marx, el socialismo científico, contrariamente a las distintas
variedades del socialismo burgués, pequeño-burgués y utópico, es la declaración
de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como
punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en
general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas
descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden
a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que
brotan de estas relaciones sociales. Al definir la actitud del proletariado
hacia el Estado, Marx decía en su obra El Dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte
 que todas las revoluciones anteriores habían reforzado y
perfeccionado la vieja máquina estatal, convirtiendo este aparato
administrativo y militar en un arma, cada vez más potente, de represión contra
las masas oprimidas. La tarea de la revolución proletaria consiste en destruir,
demoler la vieja máquina estatal. Todas las revoluciones perfeccionaban
esta máquina, en vez de destrozarla
. Lenin señalaba que esta
conclusión es lo principal, lo fundamental, en doctrina del marxismo sobre el
Estado
.

La importancia que Marx concedía a su teoría sobre el
Estado, sobre la dictadura del proletariado, se aprecia en su carta a
Weydemeyer del 5 de marzo de 1852, en la que dice: Por lo que a mí se
refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases
en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos
historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta
lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía de éstas. Lo que yo
he aportado de nuevo ha sido la demostración de:

— que la existencia de las clases sólo va unida a
determinadas fases históricas del desarrollo de la producción:
— que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del
proletariado;
— que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la
abolición de las clases sociales
.
Así, pues, la lucha del proletariado y de las masas
trabajadoras en los años de la revolución proporcionó una rica experiencia que
permitió seguir impulsando la teoría revolucionaria del proletariado y los
fundamentos de la estrategia y táctica del partido proletario. Marx y Engels formularon
su teoría de que la insurrección es un arte, partiendo, concretamente, de las
enseñanzas de la insurrección de junio en París y de la insurrección de mayo de
1848 en el suroeste de Alemania.
Al mismo tiempo que sintetizaban la experiencia de las
revoluciones de 1848 y 1849, los fundadores del comunismo científico seguían
desplegando una intensa actividad para agrupar a los obreros de vanguardia,
para consolidar la Liga de los Comunistas. Esta organización dirigida por Marx
inquietaba cada vez más al Gobierno de Prusia. Para poner término a las
actividades de la Liga, la policía prusiana, en mayo de 1851 llevó a cabo
detenciones entre los obreros en algunas ciudades de Alemania y, basándose en
denuncias falsas y documentos torpemente fabricados, amañó un
proceso contra los comunistas en Colonia.


Marx dejó de lado todo su trabajo
para dedicarse a desenmascarar la falsificación de esos documentos y ayudar en
todo a sus camaradas acusados. Pero estos hombres habían sido ya condenados de
antemano, pues ellos representaban al indefenso proletariado revolucionario
ante un tribunal que defendía los intereses de las clases dominantes. En el
folleto Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia,
Marx, puso al desnudo las sucias maquinaciones del Gobierno de Prusia, de su
policía y sus tribunales. Debido a la detención de varios miembros del Comité
Central de la Liga de los Comunistas, residentes en Colonia, quedaron rotos los
lazos que unían a Marx y a Engels con el continente, y, de hecho, la
Liga misma dejó de existir en Alemania. A propuesta de Marx, la Liga de los
Comunistas se declaró disuelta en noviembre de 1852.

Sin embargo, los mejores militantes de la Liga de los
Comunistas, formados por Marx y Engels, continuaron propagando la teoría
revolucionaria, educando a las masas obreras y preparándolas para futuros
combates revolucionarios.

Corrupción y capitalismo

(Antorcha.org)

Se ha abierto la tapa de la alcantarilla y no deja de
salir mierda. Las corruptelas surgen por doquier. Alcaldes y concejales de
todas las latitudes del Estado se muestran muy aficionados a recibir comisiones
por hacer la vista gorda para que las constructoras sigan especulando y
construyendo a mansalva en terrenos urbanizables o no. Es una auténtica
epidemia. Como se suele decir, no se salva ni el tato. Aquí el que no pilla es
porque no quiere. Hasta la Pantoja está metida en el ajo.

¿Pero a alguien le podía extrañar todo esto que está
ocurriendo? El capitalismo es corrupción. Ni más ni menos. La corrupción no es
una anomalía ni una disfunción del sistema. Es su misma esencia. El capitalismo
se erige sobre la corrupción. Su máxima es todo se compra y todo se vende. Y en
un sistema donde todo gira en torno a esta lógica, la podredumbre no puede sino
extenderse y abarcarlo todo.

Y, efectivamente, lo abarca todo. Las corruptelas de
los alcaldes y concejales son sólo la punta de un enorme iceberg. Éstos,
parafraseando el título de una película de Woody Allen, son sólo unos granujas
de medio pelo. Lo más bajo dentro de la escala social de los delincuentes. Son,
además, la coartada tras la que se están ocultando las grandes, gigantescas
corrupciones en las que se mueven, no unos pocos millones de euros, sino
cientos y cientos de millones de euros.

En todos estos escándalos que están saliendo a la luz
sólo se habla de pequeñas o medianas inmobiliarias o constructoras, de
alcalduchos y concejalillos del tres al cuarto, de nuevos ricos horteras y
casposos como Roca y otros. Pero de las corrupciones de las grandes empresas y
los grandes bancos, de los multimillonarios como Botín y compañía, de los
políticos de postín no se oye ni una palabra.

Los grandes trapicheos quedan en la sombra. Este tipo
de basura se esconde bajo la alfombra. No pueden salir a la luz. De otro modo,
se vería hasta qué punto el capitalismo español, al igual que el resto de
capitalismos, es un enorme montón de mierda, una fosa séptica a rebosar.

No se habla de cómo los consejos de delegados del BSCH
o el BBVA roban a sus propios accionistas, ocultándoles beneficios que se
embolsan en sus nunca suficientemente repletos bolsillos; de cómo evaden
impuestos por medio de eso que llaman ingeniería financiera, en la que son unos
auténticos expertos; de cómo blanquean dinero procedente del narcotráfico… El
mismo narcotráfico es otro negocio capitalista, como las finanzas, la
construcción, el turismo, etc. Se diferencia en que está declarado ilegal.
Pero, en el capitalismo, lo legal y lo ilegal se confunden, sus fronteras no son
nítidas. Lo importante es hacer negocio, ganar dinero. El modo en que eso se
haga es una cuestión accesoria. Si para obtener beneficios hay que envenenar a
la gente, sobornar, delinquir, dar golpes de Estado, asesinar, provocar
guerras, bombardear civiles… se hace. El negocio lo es todo. Todo empieza y
termina en el negocio. Fuera de él no hay nada. Esto, y no otra cosa, es el
capitalismo.

No se habla tampoco de los enormes pelotazos
urbanísticos y especulativos de constructoras e inmobiliarias como Dragados,
ACS, Sacyr, Metrovacesa… De esto nada se oye. ¿Acaso alguien piensa que estas
empresas han llegado a convertirse en lo que son sin robar, sin hacer todo tipo
de trampas, sin sobornar? Eso no sucede en el mundo capitalista. El mundo
capitalista es el mundo del hampa. Entre un gran banco o una gran constructora
y la mafia napolitana existen muchas menos diferencias de las que se piensan;
sus diferencias, de hecho, son apenas de matiz.

También permanece en las tinieblas cómo el señor
Polanco, es decir, el grupo PRISA ha llegado a levantar un monopolio mediático
tan inmenso como el que tiene hoy, que abarca periódicos, varias televisiones,
radios, editoriales… El grupo PRISA se ha convertido en lo que es gracias a
su sucursal política, que no es otra que el PSOE, el cual, con González y ahora
con Zapatero, no ha hecho más que abrirle camino para su expansión, suavizando
o reinterpretando determinadas leyes, otorgándole licencias de todo tipo, etc.

Podríamos hablar igualmente de los trapicheos de
Repsol en Latinoamérica, que se ha dejado un buen dinero en sobornos de
funcionarios para seguir robando a manos llenas los recursos naturales de los
empobrecidos países de la zona, para no pagar impuestos…

En fin, que no se salva ni dios. Todos están metidos
hasta las cejas en la misma charca de lodo.

Y si hay que hablar de corrupción, por qué no hablar
de cómo el Estado no es sino el servidor fiel, la prostituta de la oligarquía
financiera, el instrumento del que se vale para mantener en pie su chiringuito,
que tan formidables beneficios le reporta.

Todo el Estado está a su servicio. Ni una sola de sus
instituciones se salva. El parlamento es una farsa, una gran mentira. Allí no
reside ni ha residido nunca la llamada voluntad popular, que, entre otras
cosas, no puede expresarse en un país donde los únicos partidos y proyectos
políticos que están permitidos son aquellos que comulgan con el sistema. Los
partidos parlamentarios, de izquierda o de derecha,
representan siempre a uno u otro sector oligárquico o burgués; no al pueblo. El
parlamento no tiene otra función que gestionar los intereses capitalistas.
Promueve reformas laborales cada vez más restrictivas para con los derechos de los
trabajadores, sus planes económicos no tienen otro objetivo que mantener o
aumentar los márgenes de beneficio de la patronal; aprueba leyes para la
represión del movimiento obrero y popular, como la Ley de Partidos, con la que
se proscribe y criminaliza, aún más de lo que ya estaba proscrita y
criminalizada, toda ideología, toda organización política que se salga de los
estrechos márgenes del pensamiento único, del fascismo constitucional que
heredamos directamente del Caudillo… La Justicia, con la
inquisitorial Audiencia Nacional a la cabeza, y la policía no son otra cosa que
el brazo armado del capitalismo, sus perros de presa, dispuestos a lanzarse
sobre cualquiera que se oponga a este régimen de explotación y opresión. No
están para proteger al ciudadano, como pretenden hacernos creer constantemente.
Sí, todo está corrompido, podrido, viciado. Todo
hiede. Hay que acabar con la corrupción. Hay que acabar con el capitalismo.

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