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El PSOE, ala izquierda del PP

Darío Herchhoren

Si recurrimos a la historia reciente de España, veremos que el PSOE refundado en Suresnes por Felipe González con la anuencia vigilante de Carrero Blanco, siempre fue una pieza fundamental del sistema, al igual que el PP. El sistema europeo de partidos, siempre apostó a la existencia de dos partidos a saber: Uno de derecha (el PP) y otro de «izquierda» (el PSOE); pero controlando a ambos y que el gobierno (no el poder) se fuera turnando entre uno y el otro. A partir de esta afirmación podemos concluir que PP y PSOE son las dos caras de la misma moneda.

En 1982 el PSOE aprovechó las ansias de cambio del pueblo español, con un discurso ultra revolucionario, y ganó con mayoría absoluta las elecciones, ungiendo a un sedicente Felipe González, que gobernó España durante 13 años. Ese gobierno se destacó por el ingreso de España en la UE, lo cual implicó la destrucción de la flota pesquera española, que era una de las mayores del mundo, el cierre de empresas emblemáticas del estado español como Altos Hornos de Vizcaya y Altos Hornos del Mediterráneo, la privatización de Telefónica de España, el fin de Tabacalera, la venta de Seat, y en general la liquidación del estado español como motor económico del país que había sido la política ejercida por el franquismo. Y para remachar el clavo, nos metió en la OTAN.

Todos estos hechos, puestos en práctica por el PSOE, se llevaron a cabo gracias a que el PSOE era la «izquierda», y por ello no tuvo demasiada resistencia a esos emprendimientos. Si esa política hubiera sido puesta en práctica por el PP, hubiera generado graves disturbios callejeros que seguramente producirían muertos y heridos, que era conveniente evitar. Es decir; que el PSOE, hizo la política del PP.

El PSOE, que en tiempos del franquismo prácticamente no existía; fue teledirigido por el CESED, servicio de inteligencia creado por el almirante Luis Carrero Blanco y financiado generosamente por la Fundación Ebert, que era y es el motor económico del Partido Socialdemócrata alemán. Pero esa financiación no era gratis. Había que pagar esa deuda y se hizo entregando Seat a Volkswagen, y mediante la compra de locomotoras Siemens para el AVE Madrid Sevilla. Las relaciones entre el gobierno del PSOE y el gobierno alemán de Willi Brandt eran casi carnales gracias a los buenos oficios del embajador alemán en Madrid, Guido Brunner, que era un conscupio militante del PSD alemán. Otra vez, política de derechas (PP), pero puesta en práctica por el PSOE. Así llegamos al gobierno de Aznar, un mediocre político de raíz franquista al cual el PSOE nunca se opuso en forma frontal, sino que ejerció como «leal oposición» al gobierno de Su Majestad.

Ya estamos en 2016, y Mariano Rajoy Brey, es candidato a repetir como Presidente del Gobierno español. Pero para ello necesita los votos de otros partidos y no le alcanzan los que tiene asegurados con el partido Ciudadanos, la marca «blanca» del PP. Le hace falta que el PSOE se abstenga en el Congreso de Diputados. Entonces, el viejo «aparato» del PSOE, encabezado por el siempre servil (ser vil) Felipe González, y su ladero Alfredo  Pérez Rubalcaba, le mueven la silla a Pedro Sánchez, lo descabalgan de la Secretaría General del partido, y el grupo parlamentario se abstiene para que el PP gobierne sin dificultad. Otra vez el PSOE apuntala al PP. No caben dudas, son naipes del mismo palo.

Estamos ahora en 2017, y la situación en Cataluña se le pone fea al gobierno del PP. Amaga con aplicar el Art. 155 de la Constitución Española para disolver al gobierno catalán, y encarcelar a todo bicho viviente. Y otra vez necesita formar un bloque; y no le sirven los mequetrefes de Ciudadanos; y lógicamente; ¿Quien les va a echar una mano? Siempre el PSOE está dispuesto a ayudar en casos de necesidad; y apoya y refuerza al PP en esta nueva cruzada. Otra vez el PP y el PSOE pegados como el culo al calzoncillo. «Et pluribus unum». En castellano «unidad en la pluralidad».

Hace un día, en Zaragoza, Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE, que apoya explícitamente al PP, manifestó en forma hipócrita que los problemas políticos se resuelven mediante actos políticos y no con la Fiscalía, los jueces y las prisiones. ¡Hacía una semana apoyaba la entrada en prisión de los consejeros catalanes! ¡Otra vez más PSOE, PP, la misma mierda es!

Los jueces no encuentran pruebas de la ‘trama rusa’ que interfirió en las elecciones de 2016

Paul Manafort, jefe de campaña de Trump
Hace unos días la CNN aseguraba que el fiscal especial sobre el “candidato manchú”, Robert Muller, estaba a puntito de acusar a los responsables de la campaña electoral de Trump y que las pruebas eran secretas, lo mismo que los nombres implicados en esa gran conspiración rusa.

La política moderna se teje con ese tipo de filtraciones, que no son otra cosa que insinuaciones y, en el mejor de los casos, rumores, casi siempre sucios, ya que la prensa está por medio, que no es cualquier clase de farsante sino medios de esta catadura:

– Injerencia rusa en elecciones presidenciales es ‘guerra’ (El Sol de Toluca)

– Rusia interfirió ‘descaradamente’ en las elecciones de EEUU, según el ex jefe de la CIA (El Mundo)
– Rusia interfirió en las elecciones de Estados Unidos para ayudar a Donald Trump, dice FBI (Nación)
– Cómo fue el ‘hackeo’ de piratas informáticos de Rusia durante las elecciones de Estados Unidos (BBC)
– La propaganda de la trama rusa llegó a 10 millones de perfiles en Facebook (El País)

Antiguamente a los juristas ese tipo de disquisiciones solía sorprenderles porque, puestos a buscar hechos, lo que aparece es el vacío absoluto. No hay más que informes, todos ellos procedentes de las fuentes más solventes que uno pueda imaginar, tanto más solventes cuanto más arriba se encuentran en la escala de mando.

Un informe no prueba nada, y menos en un juicio, donde hacen falta pruebas. Luego nos enteramos que, además, esos informes habían sido encargados y pagados por el Partido Demócrata, convertido en “juez y parte”.

Uno de los acusados es Paul Manafort, el jefe de campaña de Trump, que tras la acusación formal se entregó al juez voluntariamente. El New York Times publica íntegramente el acta de inculpación, en la que sobre todo se habla de malversación de fondos y fraude fiscal (*). Según el juez, Manafort recibió dinero procedente “de Europa del este”.

En un registro que llevó a cabo en julio el FBI en su vivienda, aparece que Manafort era un lobista no declarado y un consultor del antiguo Presidente de Ucrania Viktor Ianukovich que padeció un golpe de Estado fascista en 2014 porque le acusaban de ser demasiado pro-ruso.

La primera en la frente: los hechos que se le imputan a Manafort no sólo son anteriores a la campaña electoral de Trump, sino anteriores a dicho golpe de Estado. Por supuesto, son absolutamente ajenos a Rusia, al Kremlin y a Putin.

Otro de los acusados es George Papadopoulos, que ha colaborado lealmente con el FBI en la investigación, es decir, que está jugando el papel de chivato para salvar su propio pellejo involucrando a los demás, lo cual sería suficiente para estimar que su testimonio no se puede considerar como prueba válida.

Pero veamos lo que dice el soplón. Asegura que estaba en contacto con el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores y la embajada rusa en Londres para organizar contactos con el equipo de Trump si éste ganaba las elecciones, algo que, por cierto, ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1945, al menos.

Pero prosigamos: a Papadopopulos no le acusan de eso sino haber mentido al FBI y perjudicar la investigación. No había sido miembro del equipo de campaña sino que era un voluntario que no cobraba por echar una mano, por lo que su papel era insignificante.

Ítem plus: de los documentos aportados por el FBI se desprende que los contactos de Papadopoulos con funcionarios rusos no eran directos. Lo que hizo fue utilizar a un amigo que vivía en Londres, un profesor que tenía “vínculos” con algún miembro de la embajada rusa en Londres para organizar el referido encuentro que, por cierto, nunca se produjo.

Dice Papadopoulos que le presentaron a una sobrina de Putin, de cuya existencia o inexistencia nada más se sabe…

La guerra sicológica sin cuartel que ha empredido la prensa estadounidense sobre la “trama rusa” nada en el vacío más absoluto.
No se corten Ustedes. En lugar de la basura periodística, echen un vistazo al acta judicial a ver si a nosotros se nos ha escapado algo que demuestre esa patética infiltración rusa en la Casa Blanca que llena las primeras planas y abre los informativos de la tele.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2017/10/30/us/politics/document-paul-manafort-rick-gates-indictment.html

Los grandes partidos institucionales manipulan las redes sociales para manipular las elecciones

Primavera de 2011. Las elecciones municipales españolas están a la vuelta de la esquina y las redes sociales son un hervidero de noticias, convocatorias y trending topics políticos. El 15M acapara la opinión pública y los partidos políticos en el poder no saben dar respuesta mediática a la información sobre corrupción y recortes sociales que domina la calle.

Alejandro de Pedro Llorca, emprendedor e imputado por 7 delitos en el sumario de la Púnica, tenía la solución perfecta. Fabricar noticias falsas en medios pequeños para moverlas en las mismas redes calientes y así intentar desprestigiar con el ruido a los profesores de La Marea Verde, una de las plataformas sociales que aglutinaba las protestas. El gobierno de Esperanza Aguirre compró su idea y las 45.000 cuentas de Twitter que habían fabricado las empresas de Alejandro de Pedro se pusieron en marcha para mover las noticias. Todo está documentado con pruebas y emails en el sumario de la Púnica.

Este es solo uno de los ejemplos de astroturfing político en nuestro país ideado para manipular una corriente de opinión en redes sociales. Una práctica que todavía se utiliza en campañas electorales y no solo para el espectro político, empresas privadas y de tirón mediático usan constantemente las trampas para cambiar tendencias o generar una falsa opinión en la opinión pública. La misma empresa de Alejandro de Pedro montó un diario digital falso para lavar la imagen del Real Madrid en la web y las redes sociales, para presionar a su entrenador con las alineaciones o para criticar a los árbitros. El diario alcanzó los 2 millones de visitas mensuales antes de cerrar por el escándalo.

El astroturfing existe desde que se inventó la política. Campañas de opiniones prefabricadas —ayer con panfletos y octavillas hoy con perfiles de Twitter e Instagram— para cambiar tendencias en la opinión pública con mensajes que van directos a la emoción. No se trata tanto de manipular la veracidad del mensaje como de falsificar la popularidad del mismo.

Es una forma sencilla y barata personajes y perfiles ficticios para vender ideas de otros; porque la base del astroturfing es esa, enmascarar lo máximo posible al emisor del mensaje para presuponer que este viene del pueblo. El nombre viene de una marca de césped artificial, AstroTurf, que se convirtió en estándar de la imitación.

Partidos políticos, empresas privadas, gobiernos y hasta medios periodísticos compran o se inventan miles de perfiles en redes sociales para engañarnos. En Mémesis desmontamos una red de bots en Twitter diseñada para promocionar uno de ellos. El grupo Ocio Networks S.L tejió una red de 66 perfiles con centenares de miles de seguidores para ametrallar la red con sus contenidos, falseando la influencia y posicionando con fuerza bruta sin respetar los términos y condiciones de Twitter.

El astroturfing es un arma moderna y el ejército tampoco se queda al margen. El diario británico The Guardian cuenta como los militares de aquel país ha creado una brigada especial de “Guerreros de Facebook” diseñada para romper la narrativa de las redes en tiempos de guerra. La Brigada 77a ha sido diseñada para usar tácticas de desinformación y así controlar los flujos de opinión pública a su antojo. Y lo hacen público con un orgullo que prueba la normalización de la práctica. Solo les falta desfilar con sus portátiles el día de las fuerzas armadas.

Prácticamente todos los gobiernos industrializados cuentan con herramientas de manipulación al servicio de su inteligencia. El mismo diario denunció cómo el ejército de Estados Unidos está ya desarrollando un software para manipular las redes mediante perfiles falsos que conversan y difunden propaganda pro-estadounidense.

Los rusos se llevan el Óscar a la mejor interpretación trol. Tanto que se les acusa de ser los responsables de la última victoria de Trump gracias a la inyección de “Fake News” y la postverdad en redes. Recientemente una periodista de AFP entró de incógnito en una oficina de San Petersburgo donde 400 personas picaban noticias falsas para favorecer al Kremlin como quien cose ropa para el pueblo. La punta del iceberg.

Un reciente estudio de la Universidad de Harvard estima que el gobierno de Xi Jinping tiene contratados a más de dos millones de personas para introducir perfiles de seudónimos falsos y contenidos engañosos en el flujo real de las redes. Los llaman el “Fifty Cent Party” porque cobran 50 centavos por cada uno de los 490 millones de artículos manipuladores que se lanzan a la red china cada año.

El astroturfing nos ataca diariamente en nuestras redes a modo de publicidad encubierta y no solicitada. EL 5% de los perfiles de Twitter (casi 25 millones), son falsos. Muchas agencias de comunicación fabrican cuentas falsas mezcladas con otras de influencers pagados para distribuir opiniones, marcas o campañas que llegan a ser tendencia en redes a golpe de talonario y fuerza bruta. Poner al mismo nivel una tendencia artificial con otra orgánica les ayuda a que decenas de usuarios muerdan el anzuelo y comenten sus anuncios, además de justificar la inversión frente a las marcas.

Por menos de 3.000 € puedes fabricarte un Trending Topic en Twitter no basado en una opinión real sino alquilada. Muchas de estas tendencias son ilegales porque no cumplen las normativas publicitarias ni las condiciones de uso de las propias redes.

Por ejemplo, el último caso de campaña polémica lo protagonizó Kim Kardashian al subir a Twitter e Instagram una foto con una medicina de la farmacéutica Duchesnay. Más de 74 millones de seguidores potenciales vieron un anuncio de un medicamento sin que apareciera el texto con indicaciones terapéuticas y efectos secundarios que se exige en la mayoría de los países. La FDA americana amenazó con multar y Kim volvió a subir el anuncio, esta vez, con el texto de descargo.

Han inventado las granjas de clicks. Miles de móviles de saldo conectados a la red para votar artificialmente en los mercados de aplicaciones. El servicio se vende a todo el mundo para dar un empujón a los desarrolladores que no pueden permitirse campañas publicitarias.

La estrategia es silenciosa y solo somos conscientes de una parte del problema por las denuncias que al final salen a la luz. Por eso reducir el debate de la opinión social a lo que pasa en las redes es engañoso sabiendo que no es natural y está prostituido. Sin quererlo ni desearlo continuamente te puedes ver envuelto en discusiones o hilos provocados por trending topics pagados por una marca o partido político que se frota las manos siendo el sujeto impostado del relato público.

http://www.vozpopuli.com/altavoz/redes/Astroturfing-manipulan-gobiernos-empresas-privadas_0_1073892886.html

Twitter censura 200 cuentas ‘rusas’ porque contribuyeron a la victoria electoral de Trump

El jueves Twitter desactivó cerca de 200 cuentas “vinculadas a Rusia” en el marco de la investigación sobre la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses del pasado año.

Al demócrata Mark Warner, que forma parte de la Comisión de Inteligencia del Senado estadounidense, las medidas le parecen insuficientes.

Warner citó a los altos cargos de Twitter para que testificaran como parte de la investigación. A principios de este mes, los capitostes de Facebook también tuvieron que comparecer ante la comisión.

Los diputados de ambos partidos están empeñados en hacer creer al mundo que “Rusia” ha jugado un papel fundamental a la hora de extender propaganda e información “sin contrastar” (quieren decir falsa) en las redes sociales, lo que contribuyó a la victoria electoral de Trump.

¿Hubieran sido diferentes las cosas si “Rusia” hubiera llamado a votar por Clinton, es decir, si hubiera optado por la candidatura perdedora?

Warner ha indicado que los cabecillas de Twitter han dejado sin contestar numerosas cuestiones sobre Rusia y el uso de su red social, que aún es una herramienta de manipulación por parte de terceros países.

La queja es tan cínica que no se extiende al hecho de Twitter sea una herramienta de manipulación de Estados Unidos contra terceros países. Sólo les interesa el recorrido en dirección contraria.

El senador demócrata ha aseverado que las declaraciones de los miembros de Twitter han resultado “profundamente decepcionantes a la par de inadecuadas”. La intervención de la multinacional ante la Comisión de Inteligencia muestra que Twitter no entendido la gravedad del asunto, ha manifestado Warner.

Sometida a las presiones políticas, la red social ha censurado 22 cuentas que estaban conectadas a 500 cuentas falsas de Facebook “relacionadas con Rusia” y que, además, ha eliminado otras 179 cuentas que también presentaban “algún tipo de vinculación”.

Puestos a culpabilizar a Rusia, el miércoles el senador estadounidense del Partido Republicano por el estado de Oklahoma James Lankford también acusó a lo que calificó como varios “trolls rusos” de la actitud de los jugadores de la Liga de Fútbol Americano (rugby) que hincaron la rodilla en el suelo en señal de protesta mientras sonaba el himno de Estados Unidos antes del comienzo de un partido.

Lo dicho: han perdido el sentido del ridículo, aprovechando que a los usuarios se les mantiene en la más absoluta ignorancia acerca de los instrumentos informáticos que tienen entre sus manos.

Las elecciones se manipulan porque en las redes sociales las personas se dejan manipular

Big Data significa que todo lo que hacemos, ya sea en línea o fuera de ella, deja una huella digital. Cada compra que hacemos con nuestras tarjetas, cada búsqueda que hacemos en Google, cada sitio al que vamos con nuestro teléfono en el bolsillo, cada “me gusta” es recopilado. Especialmente cada “me gusta”. Durante mucho tiempo, no estaba del todo claro el uso que podríamos darle a esta información, más allá de recibir anuncios de medicamentos para la presión sanguínea tras haber buscado en Google “reducir presión sanguínea”. El 9 de noviembre del año pasado la empresa que dirigía la campaña en línea de Trump, así como la del Brexit, era una empresa de Big Data: Cambridge Analytica, cuyo director ejecutivo es Alexander Nix.

Para entender el resultado de las elecciones –y lo que puede llegar a Europa en los próximos meses– tenemos que empezar con un extraño incidente en la Universidad de Cambridge en 2014, en el Centro de Psicometría de Michal Kosinski.

La psicometría, a veces denominada psicografía, se centra en medir rasgos psicológicos, como la personalidad. En los años 80 dos equipos de psicólogos demostraron que cada rasgo del ser humano se puede evaluar basándose en cinco dimensiones de la personalidad, conocidos como los Big Five. Estos son: Disposición (¿en qué medida estás abierto a nuevas experiencias?), conciencia (¿en qué medida eres perfeccionista?), extroversión (¿en qué medida eres sociable?), amabilidad (¿en qué medida eres considerado y cooperativo?) y neurosis (¿te enfadas fácilmente?). En base a estas dimensiones –conocidas como OCEAN– podemos hacernos una idea bastante acertada de la persona que tenemos delante. Esto incluye sus necesidades, sus miedos y su comportamiento. El “Big Five” se ha convertido en la técnica estándar de la psicometría. Pero durante mucho tiempo, el problema de esta técnica era la recolección de estos datos, ya que implicaban el relleno de un largo formulario muy personal. Pero llegó internet. Y Facebook. Y Kosinski.

Michal Kosinski era estudiante en Varsovia cuando su vida tomó una nueva dirección en 2008. Fue aceptado en la Universidad de Cambridge para realizar su doctorado en el Centro de Psicometría, uno de las instituciones más antiguas en esta materia. Kosinski se unió a David Stillwell (ahora profesor en la de Universidad de Cambridge) un año después de que Stillwell hubiera lanzado una pequeña aplicación de Facebook, cuando Facebook no era el gigante que es hoy en día. Su aplicación “MyPersonality” hacía a los usuarios responder a unas preguntas, muchas de ellas del cuestionario del Big Five (“Me pongo nervioso fácilmente”, “Contradigo a los demás”). Una vez evaluadas esas respuestas, los usuarios recibían un “Perfil de Personalidad” –de los valores del Big Five– y podían compartir su perfil con los investigadores. Kosinski esperaba que algunas docenas de compañeros de universidad rellenaran el cuestionario, pero antes de lo que esperaba, cientos, miles y hasta millones de personas le habían revelado sus más íntimas convicciones. De repente, los dos estudiantes de doctorado tenían la mayor base de datos que combinaba evaluaciones psicométricas con perfiles de Facebook.

El método que Kosinski y sus compañeros desarrollaron durante los siguientes años era bastante simple. Primero, presentaban a los participantes un formulario en línea. De sus respuestas, los psicólogos calculaban los valores de sus Big Five. El equipo de Kosinksi comparaba entonces los resultados con toda la demás información que pudieran obtener del sujeto: a qué hacían “me gusta”, qué compartían y que escribían en Facebook, qué edad tenían, sexo o lugar de residencia. Esto permitía a los investigadores unir puntos y crear correlaciones. Aunque una sóla pieza de esta información es irrelevante para hacer una predicción, cuando se combinan decenas, centenas o miles de estos datos, los resultados de las predicciones llegan a ser muy acertados.

En 2012 Kosinski demostró que con una media de 68 “me gusta” de un usuario, era posible predecir su color de piel (en un 95 por ciento), su orientación sexual (88 por ciento) y su afiliación al partido demócrata o republicano (85 por ciento). Pero no acababa ahí. Inteligencia, religión, consumo de alcohol y tabaco, podían predecirse. De estos datos, podía incluso saberse si los padres de una persona estaban divorciados. La fiabilidad del modelo se podía ilustrar prediciendo las respuestas del sujeto. En poco tiempo, el modelo era capaz de evaluar a una persona mejor que un compañero de trabajo, basándose sólo en 10 “me gusta”. 70 “me gusta” eran suficientes para para hacerlo mejor que un amigo, 150 mejor que sus padres, y 300 mejor que su pareja. Más “me gusta” podían incluso predecir más de lo que la misma persona sabía sobre ella misma. El día en que Kosinski publicó estos descubrimientos, recibió dos llamadas de teléfono: una amenaza de denuncia y una oferta de trabajo. Las dos eran de Facebook.

Unas semanas después, los “me gusta” en Facebook pasaron a ser privados por defecto. Antes, la configuración por defecto era que cualquier persona podía ver tus “me gusta”. Esto no fue inconveniente para los recolectores de datos: mientras que Kosinski siempre pedía el consentimiento de los usuarios, muchas aplicaciones y cuestionarios online requerían acceso a la información privada como precondición para poder rellenar el test. (Quien quiera evaluarse a sí mismo basándose en sus “me gusta” de Facebook puede hacerlo en la web de Kosinski: applymagicsauce.com, y luego comparar los resultados con los del clásico cuestionario de los Big Five: discovermyprofile.com)

Pero no sólo se trata del “me gusta”, ni siquiera sólo de Facebook. Kosinski y su equipo pueden predecir valores de los Big Five basándose en el número de fotos de perfil o en cuántos contactos tiene una persona (buen indicador de la extraversión). Pero también revelamos información cuando estamos fuera de línea. Por ejemplo, el sensor de movimiento de nuestros teléfonos indica si nos movemos con rapidez y la distancia a la que viajamos (lo cual tiene correlación con inestabilidad emocional). Nuestro teléfono, concluye Kosinski, es un gran cuestionario psicológico que siempre estamos rellenando, ya sea consciente o inconscientemente. Lo mejor es que, sin embargo –y esto es clave– también funciona al revés: tus datos no sólo pueden generar un perfil psicológico, sino que pueden usarse al revés para encontrar ciertos perfiles de personas: padres con ansiedad, introvertidos furiosos, por ejemplo, ¿o quizás incluso todos los demócratas indecisos? Básicamente, lo que Kosinski había inventado era un buscador de personas.

Nuestro teléfono, concluye Kosinski, es un gran cuestionario psicológico que siempre estamos rellenando, ya sea consciente o inconscientemente.

Kosinski empezó a reconocer el potencial –aunque también el peligro inherente– de su obra. Para él, internet había sido una especie de regalo del cielo. Lo que él pretendía era devolver el favor, compartirlo. Los datos se pueden copiar, así que ¿por qué no íbamos todos a aprovecharnos de ello? Era el espíritu de una nueva generación, el comienzo de una nueva era que traspasaba las limitaciones del mundo físico. ¿Pero qué pasaría, se preguntaba Kosinski, si alguien abusara de su buscador de personas para manipular a la gente? Comenzó a añadir advertencias a casi todo su trabajo científico. Su método, advertía, “podía suponer una amenaza para el bienestar, libertad e incluso, para la vida del individuo”. Pero parece que nadie entendió lo que quería decir.

A principios de 2014 un joven profesor asistente llamado Aleksandr Kogan se acercó a Kosinski. Le comentó que, hablando en nombre de una empresa, estaba interesado en su método. Dicha empresa quería tener acceso a la base de datos de myPersonality, recuerda Kosinski. Kogan no podía decir con qué propósito la empresa quería esa información; debía guardar el secreto. Al principio, Kosinski y su equipo consideraron la oferta, puesto que suponía un buen ingreso de dinero en el centro, pero luego dudó. Al final, recuerda Kosinski, Kogan desveló el nombre de la empresa: SCL (Strategic Communication Laboratories). Kosinski buscó en Google la empresa: “La principal agencia de gestión electoral”, explicaba la web de la empresa. SCL ofrecía marketing basado en modelos psicológicos. Uno de sus principales objetivos era influenciar las elecciones. Perturbado, Kosinski indagó en la web. ¿Qué tipo de empresa era? ¿Qué se traía entre manos?

Había algo que Kosinski no conocía en aquel momento: SCL es la matriz de un grupo de empresas. No está claro a quién pertenece, ni sus diversas sucursales, gracias a una difusa estructura empresarial, como puede comprobarse en el registro mercantil británico, los papeles de Panamá y su registro como empresa en Delaware. Algunas de las sucursales de SCL han estado involucradas en el derrocamiento de gobiernos en países en desarrollo, mientras que otras han desarrollado métodos de manipulación psicológica del pueblo afgano a petición de la OTAN. Además, SCL es la empresa madre de Cambridge Analytica, la siniestra empresa de Big Data que luego trabajó para la campaña online de Trump y el Brexit.

Kosinski no sabía nada en absoluto de todo esto, pero tenía un presentimiento. “Todo empezaba a oler mal”, recuerda. Tras más investigaciones, descubrió que Aleksandr Kogan había registrado, de forma secreta, una empresa que hacía negocios con SCL. Como demostró posteriormente “The Guardian” en diciembre de 2015, y por documentos revisados por “Das Magazin”, SCL había descubierto el método de Kosinski a través de Kogan. De repente Kosinski pensó que habían conseguido reproducir (¿o copiar?) su método de medida del Big Five usando los “me gusta” de Facebook para venderlo a esta empresa de “gestión de elecciones”. Kosinski cortó directamente el contacto con Kogan e informó al director del instituto, generando así un difícil conflicto en la universidad. El instituto temía por su reputación. Aleksander Kogan se mudó a Singapur, se casó y se cambió el nombre a “Dr. Spectre”. Michal Kosinski terminó su doctorado, obtuvo un trabajo en Stanford y se mudó a Estados Unidos.

Todo se mantuvo en calma durante un año. Hasta que, en noviembre de 2015, la más radical de las campañas de Brexit, “Leave EU”, dirigida por Nigel Farage, anunciaba que había encargado a una empresa de Big Data llevar su campaña online: Cambridge Analytica. El mayor potencial de la empresa: novedoso marketing político –microtargeting– midiendo la personalidad de la gente por sus huellas en la nube, basado en el modelo OCEAN.

Kosinski empezó a recibir correos preguntando qué tenía que ver con eso. Las palabras Cambridge, personalidad y análisis llevaban a mucha gente a pensar directamente en Kosinski. Era la primera vez que Kosinski escuchaba sobre esta empresa. Preocupado, buscó en la web. ¿Estaban usando su método a gran escala con intereses políticos?

Tras el resultado del Brexit, amigos y conocidos le escribían: mira lo que has conseguido. A cada sitio que iba, Kosinski tenía que explicar que no tenía nada que ver con esa empresa.

Alexander Nix, de Cambridge Analytica
La psicometría se presenta a las elecciones

Llegó el 19 de septiembre de 2016; las elecciones americanas se acercaban rápidamente. El Concordia Summit es una especie de Foro Económico Mundial en miniatura. “Por favor, den la bienvenida a Alexander Nix, ejecutivo de Cambridge Analytica”, anunciaba una suave voz femenina. Muchos de los presentes sabían que el presente era el nuevo hombre de Trump para su estrategia digital. “Pronto me llamareis Mr. Brexit”, Trump twiteaba recientemente, de forma un poco críptica, unas semanas antes. Algunos analistas políticos ya habían percibido algunas similaridades inquietantes entre la agenda de Trump y la de la del movimiento “Leave” del Brexit. Pero pocos habían caído en la reciente contratación de una empresa de marketing llamada Cambridge Analytica.

Hasta este momento, básicamente la campaña digital de Trump había consistido una persona: Brad Parscale, un emprendedor publicitario y fallido fundador de una startup que creó una web para Trump por 1.500 dólares. Trump, con 70 años, no es demasiado amante de la tecnología –ni siquiera tiene ordenador en su escritorio. Trump no usa correo, según revelaba su asistenta personal. Ella misma le insistía en tener un smartphone– desde donde ahora tuitea sin parar.

Hillary Clinton, por otro lado, confiaba plenamente en el legado del primer “presidente de redes sociales”, Barack Obama. Tenía la lista de direcciones de todo el Partido Demócrata, conseguido gracias a análisis de alta tecnología de “BlueLabs” y recibía soporte de Google y DreamWorks. Cuando se anunció en junio de 2016 que Trump había contratado a Cambridge Analytica, el “establishment” de Washington renegó y lo criticó. ¿Extranjeros en trajes a medida que no entienden ni nuestro país ni nuestra gente? ¿En serio?

“Es un privilegio para mí el hablar antes ustedes hoy sobre el poder del Big Data y la psicografía en las elecciones”. El logo de Cambridge Analytica, un cerebro compuesto de nodos de una red, como un mapa, aparecía tras Alexander Nix. “Hace sólo dieciocho meses, el senador Cruz era uno de los candidatos menos populares”, explicaba el hombre rubio con su distinguido acento británico, que deja a los americanos igual de incómodos que un acento puro alemán deja a un suizo. “Menos del 40 por ciento de la población había escuchado hablar de él”, decía otra diapositiva.

A finales de 2014 Cambridge Analytica se había involucrado en las campañas electorales de Estados Unidos, en un principio como consultora para el republicano Ted Cruz, subvencionado por el reservado billonario del software Robert Mercer. Todos en la sala conocían el meteórico ascenso del senador conservador Cruz. ¿Cómo había conseguido el senador Cruz llegar a ser la última competencia directa de Trump para las primarias republicanas, subiendo del 5 al 35 por ciento? Hasta ahora, explica Nix, las campañas electorales se han basado en conceptos demográficos. “Una idea ridícula. La idea de que todas las mujeres debían recibir el mismo mensaje sólo por su género o que todos los afroamericanos debían hacerlo por su raza”. Lo que Nix quiere decir es que los demás han confiado en la demografía, mientras que Cambridge Analytica está usando psicometría.

En diciembre de 2015 el equipo de Cruz reconocía su exitoso ascenso gracias al uso psicológico de datos y análisis. En la “Era de la Publicidad” un cliente político calificó al personal de Cambridge como “una rueda de respuesto”, pero consideró que su producto principal, el modelo de datos de votantes de Cambridge, continuaba siendo “excelente”. Aún así, no está claro hasta qué punto estaba Cambridge Analytica involucrada en la campaña de “Leave”.

Nix pasa a la siguiente diapositiva: cinco caras diferentes, cada una correspondiente a un perfil de personalidad. Es el Big Five, o el modelo OCEAN. “En Cambridge”, comenta Nix, “somos capaces de crear un modelo para predecir la personalidad de cada uno de los adultos en los Estados Unidos de América”. Según Nix, el éxito del marketing de Cambridge Analytica se basa en una combinación de tres elementos: ciencia del comportamiento usando el modelo OCEAN, análisis de Big Data, y publicidad especializada. La publicidad especializada, en otras palabras, es una publicidad dirigida y formulada de forma muy concreta para la personalidad de cada individuo.

Nix explica cómo consigue su empresa esos resultados. Primero, Cambridge Analytica compra datos personales de distintas fuentes como registros de propiedades, datos de transporte, de compras, tarjetas de bonus, pertenencia a clubs, lecturas de revistas, asistencia a la iglesia, etc. Nix enseña los logos de varias empresas especializadas en este tipo de información como Acxiom y Experian; en los Estados Unidos, casi toda la información personal está a la venta. Por ejemplo, si quieres saber dónde vienen las mujeres judías, puedes comprar la información, con números de teléfono incluido. Luego, Cambridge Analytica agrega todos esos datos con la lista miembros del Partido Republicano y datos en línea como los “me gusta” de Facebook. Hoy en día la empresa dice no usar datos de Facebook y calcula un perfil de personalidad de Big Five. Las huellas digitales de repente se convierten en una persona real, con miedos, necesidades, intereses y dirección física.

La metodología es bastante similar a la que desarrolló en aquel momento Michal Kosinski. Cambridge Analytica usaba además, según Nix, “encuestas en redes sociales” y datos de Facebook. Y Cambridge Analytica hacía precisamente lo mismo que Kosinski advertía: “Hemos creado perfiles de todos los adultos de Estados Unidos, 220 millones de personas”, se enorgullecía Nix. Abre una captura de pantalla. “Este es el panel resumen que preparamos para la campaña de Cruz”. Un panel de control aparece. A la izquierda están los diagramas, a la derecha un mapa de Iowa, donde Cruz ganó un importante número de votos en las primarias. Y en el mapa, aparecen cientos de miles de puntos rojos y azules. Nix ajusta el filtro aún más: “Republicanos”, los puntos azules desaparecen; “Indecisos”, más puntos desaparecen; “hombres”, etc. Finalmente, sólo una persona queda en el mapa, incluyendo edad, dirección, intereses, personalidad e inclinación política. ¿Cómo hace Cambridge Analytica para actuar específicamente sobre esta persona con el mensaje político correcto?

Nix enseña cómo pueden dirigirse de forma distinta a votantes que han sido categorizados psicológicamente, usando como ejemplo el derecho al uso de armas, la Segunda Enmienda: “Para un público neurótico y diligente, la amenaza de un robo, y la póliza de seguro de un arma”. Una imagen a la izquierda muestra la mano de un ladrón rompiendo una ventana. A la derecha, una foto de un hombre con su hijo contemplando el atardecer, ambos con armas en la mano, disparando a patos. “Por otro lado, para un público más cercano y afable. Gente que se preocupa de las tradiciones, los hábitos, la familia”.

Cómo mantener a los votantes de Clinton lejos de las urnas

Las continuas inconsistencias de Trump, su muy criticada inconsistencia, y sus consecuentes mensajes contradictorios, de repente se convirtieron en su principal arma: un mensaje distinto para cada votante. El que Trump actuara como un perfecto algoritmo oportunista siguiendo únicamente la reacción del público es algo que el matemático Cathy O’Neil ya había mencionado en agosto de 2016. “Prácticamente cada mensaje de Trump fue diseñado por el análisis de los datos”, recuerda Alexander Nix. El día del tercer debate entre Trump y Clinton, el equipo de Trump probó 175.000 variaciones de sus argumentos para encontrar la mejor, todo basado en Facebook. Los mensajes se distinguían en su mayoría por detalles microscópicos, con el objetivo de llegar al espectador de la mejor forma posible: diferentes cabeceras, colores, ilustraciones con fotos o vídeos. El perfeccionismo llegaba hasta los grupos más minoritarios, explica Nix en una entrevista a “Das Magazin”. “Podemos llegar a pueblos o bloques de apartamentos de una forma concreta. Incluso a particulares”.

En el distrito de Miami de Little Haiti, la campaña de Trump mostraba a sus habitantes noticias acerca del fracaso de la fundación de Clinton en la ayuda tras el terremoto de Haití con el objetivo de que no votaran a Hillary Clinton. Este era uno de los objetivos: mantener a potenciales votantes de Clinton (incluyendo gente de izquierda insegura, afroamericanos y mujeres jóvenes) lejos de las urnas, “borrar” su voto, cómo decía uno de los empleados de Trump. Estos “puntos oscuros” –publicidad encubierta en la lista de noticias de Facebook de forma que sólo ciertos perfiles específicos pueden verlo– incluían vídeos únicamente para afroamericanos donde Hillary Clinton se refería a los hombres negros como “depredadores”, por ejemplo.

Nix acaba su presentación en el Concordia Summit dejando claro que la publicidad tradicional está muerta. “Mis hijos seguramente nunca, jamás, entenderán este concepto de comunicación masiva”. Antes de dejar el escenario, anunciaba que uno de los dos candidatos que aún quedaban estaba usando esta nueva tecnología.

La precisión con la que la población americana se estaba abordando por las tropas digitales de Trump en ese momento no estaba claro porque atacaban menos en la televisión tradicional y más con mensajes personalizados en redes sociales o televisión digital. Y mientras que el equipo de Clinton pensaba que estaba en cabeza basado en proyecciones demográficas, la periodista de Bloomberg Sasha Issenberg se sorprendía en una visita a San Antonio –donde se basa la campaña digital de Trump– cuando vio que se estaban creando unas segundas sedes. El equipo de Cambridge Analytica, integrado aparentemente sólo por 12 personas, recibió 100.000 dólares de Trump en julio, 250.000 en agosto, y 5 millones en septiembre. En total ganaron más de 15 millones de dólares.

Los efectos fueron radicales: desde julio de 2016, los “corredores” de Trump que iban puerta por puerta tenían una aplicación móvil donde podían identificar las ideas políticas de los habitantes de una vivienda. Fue la misma app que se usó durante el Brexit. La gente de Trump sólo llamaba a las puertas de gente que la app consideraba receptivas a sus mensajes. Iban preparados con guiones para conversaciones personalizadas según el tipo de persona. Además, éstos rellenaban las reacciones de la gente en la propia aplicación y la aplicación llegaba directamente al panel de control de la campaña de Trump.

El equipo de Clinton hizo cosas similares pero, hasta donde sabemos, no crearon perfiles psicométricos. Cambridge Analytica, sin embargo, dividió la población americana en 32 tipos de personalidades, y se enfocó en sólo 17 Estados. Si Kosinski estableció que un hombre interesado en productos cosméticos tiene alta probabilidad de ser gay, Cambridge Analytica descubrió que tener preferencia por coches hechos en Estados Unidos era un buen indicador de cercanía a las ideas de Trump. Estos descubrimientos mostraron que algunos mensajes de Trump funcionaban mejor y dónde lo hacían. La decisión de centrarse en Wisconsin y Michigan en las últimas semanas de la campaña se tomó basada en los datos analizados. El candidato se convirtió en el instrumento para implementar un modelo.

¿Qué está haciendo Cambridge Analytica en Europa?

¿Hasta qué punto influenciaron los métodos psicométricos el resultado de las elecciones? Cambridge Analytica no quiere dar ningún detalle sobre la efectividad de su campaña. Quizás la pregunta de si los métodos psicométricos tuvieron algún efecto en el resultado de las elecciones de 2016 es imposible de responder. Aún así existen pistas: hay un incremento inesperado de Ted Cruz durante las primarias. También incrementó el voto en las zonas rurales. Hubo un descenso en los votos de los afroamericanos primerizos. El hecho de que Trump empleara tan poco dinero también se podría explicar por la efectividad del método de la publicidad basada en la personalidad, así como el hecho de que gastó mucho más en su campaña digital que en televisión comparado con Hillary Clinton. Facebook resultó ser el arma definitiva y el mejor aliado en la campaña, como muestran los tuits de muchos empleados de Trump.

Muchos han dicho que los estadistas perdieron las elecciones con sus predicciones, tan alejadas de la realidad. Pero, ¿y si fue al revés? Los estadistas de hecho ganaron las elecciones, pero sólo los que usaron el nuevo método. Es una ironía de la vida que Trump se quejara con la investigación científica, mientras usaba un método puramente científico en su campaña.

Otro gran ganador es Cambridge Analytica. Alexander Nix asegura que está formando su cartera de clientes en todo el mundo, y que tiene peticiones de Suiza y Alemania.

Kosinski ha llevado a cabo una serie de pruebas. Los resultados iniciales son alarmantes: el estudio muestra que la efectividad del método de la publicidad personalizada por perfil puede conseguir un 63 por ciento más de pulsaciones y un 1.400 por ciento más de conversión en campañas publicitarias en Facebook dirigidas a personas basadas en sus características específicas. Demuestran además la escalabilidad de este método, mostrando que la mayoría de las páginas de Facebook que promocionan productos o marcas están muy dirigidas por la personalidad de sus miembros, y que una gran parte de consumidores pueden ser bien categorizados basados en su reacción con una sola página de Facebook.

En Stanford, el investigador polaco Michal Kosinski, que quería advertir sobre el riesgo de usar el análisis psicométrico en la publicidad política, sigue recibiendo emails acusatorios. “No”, dice Kosinski con calma mientras agita su cabeza, “esto no es culpa mía. Yo no construí la bomba. Sólo demostré que existía”.

– alemán: https://www.dasmagazin.ch/2016/12/03/ich–habe–nur–gezeigt–dass–es–die–bombe–gibt/
– inglés: https://motherboard.vice.com/en_us/article/big–data–cambridge–analytica–brexit–trump

Rajoy pone al Estado a la caza y captura de urnas, papeletas, votantes, votos y demás parafernalia electoral

Asistimos al espectáculo más sorprendente en la historia de las democracias, una acontecimiento que pasará a los anales de patología electoral. España prohíbe unas votaciones y, por lo tanto, no habrá votaciones. Es imposible que las haya porque está prohibido, algo que no pasa ni con la marihuana. El referéndum catalán no sólo es un delito sino una paranoia.

“Haremos todo lo que sea necesario y pertinente para impedir el referéndum”, ha dicho Rajoy al anunciar las medidas que ha tomado el gobierno para anular la consulta independentista. El ejecutivo trabaja en dos frentes complementarios: el judicial y el policial. En este segundo se incluye una operación para intentar conocer dónde se encuentran las urnas y las papeletas que se van a intentar utilizar para el 1 de octubre.

Uno de los objetivos del gobierno central es tratar de localizar los instrumentos necesarios para poder celebrar el referéndum. El propio Carles Puigdemont reconoció hace unos días que tenían listas más de 6.000 urnas y se sospecha, además, que en algún lugar se tendrán que imprimir (si no se ha hecho ya) las papeletas necesarias para la jornada de votación. Moncloa sabe que si consiguen dar con su localización los independentistas tendrán un problema añadido para cumplir su amenaza de votar el día 1 de octubre.

Los servicios de información están investigando dónde se encuentran esas urnas y esas papeletas, si es que ya se han impreso o se piensan imprimir en los próximos días. En la operación trabajan agentes de la Guardia Civil, del Cuerpo Nacional de Policía y del Centro Nacional de Inteligencia, que tienen orden de comunicar a sus superiores cualquier actividad relacionada con la organización del referéndum.

El propio Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, anunció que ha impartido instrucciones para que las Fiscalías catalanas, con el auxilio de la Policía Judicial (Guardia Civil, Policía Nacional y Mossos d’Esquadra) investiguen cualquier actuación relacionada con el referéndum “al ser indiciariamente constitutivas de los delitos de desobediencia, prevaricación y malversación de caudales públicos al menos”.


El Ministerio del Interior tiene diseñado un dispositivo en el que se contempla un despliegue especial con más de 2.000 agentes de la Policía y la Guardia Civil concretado en tres fases. La primera es incrementar la seguridad en aquellos edificios del Estado en Cataluña con la excusa de que pueden ser atacados u ocupados por radicales. La segunda supone la retirada de urnas y el cierre, llegado el caso, de centros públicos convertidos en colegios electorales. La tercera y última será la presencia en las calles de unidades antidisturbios para contener posibles manifestaciones públicas o acampadas en las calles.

El gobierno pretende con esta investigación interceptar las urnas antes de que sean distribuidas por los diferentes lugares de votación, evitando así escenas de tensión el mismo 1 de octubre si tienen que retirarlas y confiscarlas.

Una de las opciones que maneja el gobierno central es que Puigdemont pueda haber adquirido esas más de 6.000 urnas en China. Es desde el país asiático de donde Catalunya podría recibir miles de urnas electorales y hacerlo, además, aprovechándose de unos precios muy reducidos.

Comprar urnas de votación en China es relativamente sencillo. Cualquiera lo podría hacer desde su casa. Basta con teclear la web Alibaba y buscar “diseño hábil de la urna de acrílico para la elección”. Precio por unidad: 8,58 euros. Multiplicado por 8.000 (la cantidad que licitó la Generalitat) resultaría 68.640 euros. Una cantidad, por tanto, que quedaría muy por debajo de los 184.000 euros que licitó en un principio el gobierno autonómico.

Incluso, el citado portal chino ofrece cabinas de votación de cartón a un precio de 41,70 euros la unidad. No haría falta, en definitiva, recurrir a un concurso público ni que los poderes públicos autonómicos se comprometieran a desembolsar el dinero.

http://www.lainformacion.com/politica/Guardia-Civil-Policia-CNI-referendum-papeletas-urnas_0_1060994992.html

Cuando Estados Unidos manipuló las elecciones rusas de 1996 para mantener a Yeltsin de marioneta

Hasta ahora nuestros lectores conocen la historia de Trump, el candidato manchú, y la manera en que los rusos han adquirido la rara habilidad de manipular las elecciones en Estados Unidos, con el riesgo que eso supone para la democracia, así, en general.

Después de contar el chiste, ahora deben prepararse para saber la otra cara de la realidad, la de verdad: el Partido Comunista de la Federación Rusa, heredero nominal del viejo PCUS, ganó las elecciones de 1996, pero Clinton puso al frente del Kremlin a su mejor peón: el borracho Yeltsin.

En aquellas elecciones, a punto de dar a puntilla al “viejo oso ruso”, los imperialistas no se contentaron con elaborar el programa electoral y seguir al minuto los sondeos al pie de cada una de las urnas, sino que las acabaron trucando porque los resultados no fueron de su grado. Tenía que ganar Yeltsin y no Guenadi Ziuganov, el secretario general del PCFR.

No cabe duda de que las elecciones se pueden manipular, pero no cualquiera es capaz de hacerlo. Para eso hace falta una experiencia que sólo tienen en Estados Unidos, donde los candidatos se seleccionan cuidadosamente, y si sale alguno, como Bernie Sanders, que no es del agrado, se le aparta con métodos más o menos truculentos.

Lo mismo cabe decir de las elecciones en terceros países: no todos tienen capacidad para hacerlo. Estados Unidos sí puede hacerlo y lo ha hecho en muchas ocasiones en varios países; siempre que lo ha necesitado. Entre 1946 y 2000 se calcula que 81 procesos electorales han sido trucados por Estados Unidos (sin contar invasiones, golpes de Estados y otros métodos truculentos).

En 1996 Rusia se encontraba en sus horas más bajas desde la caída de la URSS. Nunca un país había dado tantas muestras de sumisión ante Estados Unidos y quien tenía las riendas, Yeltsin, aspiraba a renovar su mandato, con el apoyo explícito de Clinton y todo el aparato político de su embajada en Moscú.

No obstante, los sondeos electorales mostraban que en Rusia no había nadie más despreciado que Yeltsin, dadas las catastróficas consecuencias del desmantelamiento de la URSS, la contracción del PIB a la mitad, la hiperinflación, el desmantelamiento de la sanidad pública, el impago de las pensiones, la corrupción, la criminalidad… Rusia era un desastre, un país a punto de desintegrarse, y Yelsin era el culpable más visible.

La situación era tan crítica que en 1993 dio un autogolpe para acabar con la oposición política: disolvió el parlamento por decreto, prohibió las manifestaciones y sacó el ejército a la calle. Los cálculos estiman en unos 2.000 los manifestantes que murieron. La prensa habló de la posibilidad de que también se suspendieran las elecciones para evitar el triunfo de Ziuganov, el dirigente del grupo más importante de la oposición.

Entonces fue cuando llegaron los consejeros directamente desde la embajada al rescate de Yeltsin: no importaba perder las votaciones en las urnas porque ellos se encargarían de apañar el recuento. No crean que esto es ningún relato confidencial, conspiranoico o una exclusiva mundial que les relatamos. Para nada. No se cortaron ni un pelo en reírse de los votos, de los votantes y de las votaciones. La manipulación la publicó la revista Time en su momento, en portada y con todo lujo de detalles.

Clinton envió a Moscú a sus tres consultores políticos favoritos, los mismos que le habían ayudado a ser gobernador de Arkansas. Uno de ellos era Michael Caputo. Durante cuatro meses trabajaron a pleno rendimiento en Moscú y cobraron por ello 250.000 dólares. El Fondo Monetario Internacional también puso su granito de arena con un préstamo 1.200 millones de dólares para que el gobierno pudiera pagar a los funcionarios y pensionistas. Ya ven: entonces no había bloqueo económico, ni sanciones, sino todo lo contrario, dinero a raudales, pero tuvo que ser Putin el que se encargara —años después— de devolver el dinero con sus intereses.

Se sabe que Yeltsin obtuvo un 6 por ciento de los votos, por lo que la proeza para amañar los recuentos fue un ejercicio notable de prestidigitación. Malabarismo electoral.

En Francia la clase obrera ha dejado de votar y luchará en la calle

No es ninguna novedad volver a consignar que en Francia la abstención ha sido la nota dominante en las elecciones. Ha sido la más elevada desde 1969, más del 25 por ciento del electorado.

Los votos en blanco y nulos registraron otro récord: más del 11,47 por ciento. Sumados a los anteriores, han vuelto a ganar las elecciones una vez más.

El fenómeno es mucho más claro entre la clase obrera: el 66 por ciento de los trabajadores no ha votado. La mayor parte de los que votan son los electores con talante gregario: los jefecillos, los enchufados…

Si el asunto se analiza en función del nivel de ingresos, el resultado es el mismo. El 59 por ciento de los electores con un ingreso mensual inferior a 1.250 euros dieron la espalda a las urnas, frente al 42 por ciento de aquellos con sueldos superiores a los 3.000.

Las estadísticas muestran que los que votan son los viejos, los abstencionistas son los jóvenes: el 29 por ciento de los que tienen entre 18 y 24 años no votó, porcentaje que es sólo del 12 por ciento para los mayores de 70 años.

La población ha dejado de votar porque sabe que no sirve absolutamente para nada y que da lo mismo uno que otro, que son intercambiables. En palabras de Melenchon, un candidato seudoreformista del estilo Podemos, la altísima abstención equivale a una “huelga general cívica” de los que permite aventurar una dura “resistencia popular” a los recortes de libertades y derechos laborales que les esperan.

Pero esa resistencia se hará en la calle con los que no han votado y los desengañados de haberlo hecho.

El fascismo no está de moda en Francia, a pesar de que la prensa diga lo contrario. Le Pen ha sido la candidata menos votada de entre los cinco principales partidos. El Frente Nacional sólo ha alcanzado ocho diputados y, por lo tanto, no va a tener grupo parlamentario propio.

El Frente Nacional es un partido irrelevante; no tiene diputados ni votos, a pesar de lo cual seguirá en el candelero mediático porque la burguesía le necesita para meter miedo.

A pesar de todo los medios les seguirán poniendo en primer plano para tratar de sostenerles aún más.

El gatopardo y las elecciones francesas

Darío Herchhoren
Seguramente Giuseppe Tomasi de Lampedusa, autor de la novela «Il Gattopardo» nunca sospechó que su personaje el príncipe de Salina iba a ser tan mentado en materia política en todo el mundo.

Esto viene a colación de las últimas elecciones francesas donde todo apunta a un triunfo de un «paracaidista» (porque cayó del cielo) llamado Macron, que se postuló a partir de un partido de reciente creación que se llama En Marcha.

En esta elección había en liza cuatro candidatos que tenían posibilidades de pasar al ballotage o segunda vuelta, ya que ninguno de ellos iba a imponerse con la suficiente mayoría en la primera.

La fascista Marine Le Pen partía como favorita, y había un candidato de izquierda Jean Luc Melenchon que pintaba bien en las encuestas, pero que fue derrotado. La primera minoría la conquistó Macron que deberá lidiar con Marine Le Pen por la presidencia de Francia.

Los pronósticos auguran el triunfo de Macron, ya que todos los adversarios de la primera vuelta con la excepción de Melenchon, han llamado a los electores a votar por el primero.

Lo que más llama la atención de todo esto es el hecho de que alguien sin un partido político consolidado, sin un discurso coherente, lleno de vaguedades y lugares comunes, haya logrado el favor de tantos franceses. Es interesante leer lo que dice Macron y compararlo con los discursos de Susana Diez, y se parecen como dos gotas de agua. Se trata de algo vacío y sin sustancia, que se queda en palabras huecas, y donde se adivina el intento indisimulado del trilero que solo quiere engañar al público.

Pero Macron fue ministro de economía  de Hollande, y bastaría solo con eso para saber quién es, pero hay que rascar un poco más. Macron es egresado de la Escuela de la Administración Pública de Francia, que es el lugar donde se forman aquellos que conforman la élite gobernante francesa, y donde se prepara a la clase gobernante.

Hay que destacar de Macron lo que se llama el discurso transversal; es decir un discurso que atraviesa a muchas clases sociales, que promete gobernar para todos los franceses. ¿Es ello posible? ¿Se puede gobernar para la clase obrera y para la burguesía al mismo tiempo? Seguramente no. Macron como el Gattopardo quiere cambiarlo todo, para que todo quede como está. Sabiamente, Melenchon es el único candidato que no ha llamado a sus seguidores a votar a Macron.

Ello significa más de lo mismo, y una nueva frustración para la clase trabajadora francesa. Macron significa que un banquero gobierne Francia; y ¿que se puede esperar de un banquero? Que beneficiará al capital.

Ni una palabra de la OTAN, ni de la intervención en Siria y en Libia. En cambio habla mucho de la continuidad de la UE y del Euro y, sobre todo, ni una palabra de las agresiones terroristas que viene sufriendo Francia por cuenta de los yihadistas, armados por sus amigos y socios de la OTAN. Sin duda el pueblo francés ha perdido el norte y lo pagará muy caro. Hollande y la vieja derecha francesa de la mano de Fillon están frotándose las manos. Todo cambiará pero todo seguirá igual.

Se acabaron los sondeos electorales, comienza el ‘big data’

Una empresa canadiense, Filteris, ya trabaja con las redes sociales y no con sondeos para realizar pronósticos electorales. En Estados Unidos les fue bien, acertaron con la victoria de Trump y ahora apuestan en Francia por François Fillon, al menos en la primera vuelta.

“¡Oh tempora, oh mores!”, escribió Cicerón en su primera Catilinaria. Pero no sólo las costumbres cambian con el tiempo, sino incluso la manera de hacer la estadísticas.

Lo más importante de todo es destacar —una vez más— la influencia de lo virtual sobre lo real (sobre las elecciones) porque eso da un punto de vista muy diferente sobre la gran piedra basal (“primarii lapidis”) de la democracia: las votaciones no son la causa sino la consecuencia.

El postulado del que parten los canadienses es que los resultados electorales dependen de la presencia del candidato en las redes sociales. No importante que hablen bien o mal; lo importante es que hablen. “Ladran luego cabalgamos”, dice el poema de Goethe.

Naturalmente esto tiene una relación inmediata con ese famoso aumento del voto fascista en Europa. Los medios de comunicción critican e incluso desprecian a la “ultraderecha” pero la han convertido en la comidilla. Todo el mundo habla de ello, aunque sea mal, porque es la mejor manera en que se les puede apoyar.

Los canadienses utilizan los mecanismos del “big data”, el tratamiento informatizado del tráfico de contenidos que circulan por las redes sociales, para evaluar el peso cuantitativo de cada candidato. Tratan de medir el volumen de comentarios que circulan sobre cada uno de ellos.

Ya no hay sondeos ni preguntas a “la ciudadanía”. Eso es pasado. De ahí hemos pasado a la ciencia del cotilleo, al análisis minucioso de la charlatanería, de lo que en la jerga moderna se llama “trolls”, ese típico sujeto que pone en internet lo primero que le viene a la cabeza (si es que tiene cabeza).

El “big data” necesita tipos así, gente como Inda y Marhuenda, provocadores que lancen polémicas interminables para que luego salten a la palestra, siempre a la defensiva, sus simétricos, los cabecillas de Podemos y sus secuaces. Unos y otros se retroalimentan mutuamente, algo que forma parte del mismo método de la telebasura. ¡Qué sería de Podemos sin esos apocalípticos ataques de Inda!

Una vez que los millones de cotilleos están sobre la mesa de análisis, todo es cuestión de afinar el algoritmo y tener potentes ordenadores para procesar la (des)información.

Pues bien, el cotilleo digital predice que Le Pen, la famosa “ultraderechista”, no estará en la segunda vuelta; luego, a pesar de las sobredosis (des)informativa, el fascismo no crece tanto como dicen. El duelo final, según los canadienses, será entre Fillon (“la derecha”) y Mélenchon (“la izquierda”). El candidato del Partido Socialista, Benoît Hamon, sacará un 7,5 por ciento y la del PCF, Nathalie Arthaud, un 0,7.

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