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Informe Navajas: la participación de la Guardia Civil en las redes de narcotráfico

En noviembre de 1988 dos miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil se reunieron con el fiscal jefe de San Sebastián, Luis Navajas, para informarle de la participación de decenas miembros del propio cuerpo de la Guardia Civil, así como de la policía, en el contrabando y el narcotráfico de Gipuzkoa.

El fiscal abrió las diligencias informativas 1/89 con la documentación escrita que probaba las conexiones entre los camellos y los uniformados procedente del interior mismo de la Guardia Civil y de cinco narcos a los que tomó declaración.

El 12 de mayo de 1989 le hizo llegar al Fiscal General del Estado, su superior, Javier Moscoso del Prado, el documento con los nombres de los 31 policías y guardias civiles implicados en el narcotráfico. Entre ellos había una decena de mandos de la Guardia Civil de Gipuzkoa, entre ellos al teniente coronel Rodríguez Galindo y otros jefes militares del cuartel de Itxaurrondo.

Era el comienzo del llamado “Informe Navajas”. Cuando el Fiscal General del Estado recibió el informe, no lo registró oficialmente, sino bajo cuerda, como si fuera algo confidencial. Desde el primer momento trató de que no quedara huella alguna para hacerlo desaparecer finalmente.

Algún tiempo después, el entonces diputado de EA Joseba Azkarraga le preguntó en el Congreso al Fiscal General del Estado, que entonces era Leopoldo Torres, por aquel informe. La respuesta fue muy significativa. El fiscal eludió el asunto con la excusa del “terrorismo”. No se podían “introducir dudas sobre la honorabilidad de quienes tienen por misión luchar contra el terrorismo”. Se había creado una casta de “intocables” a los que se les permitía estar por encima de la ley.

El 19 de abril de 1991 la Guardia Civil presentó un contrainforme a Fernando Andreu, que entonces era juez de instrucción en San Sebastián, para desmentir al fiscal punto por punto.

Antes de entregárselo al juez, el contrainforme pasó por las manos de Galindo. Como tituló el 4 de mayo de 1995 el diario El País, la Guardia Civil saboteó cualquier clase de investigación al respecto. “No hay pruebas ni las habrá”, fue siempre el lema de Felipe González y el PSOE al frente del gobierno.

En mayo de 1995 otro Fiscal General del Estado, Carlos Granados, aseguró que las diligencias incoadas habían acabado en noviembre de 1993 con el sobreseimiento de las acusaciones contra todos los implicados, salvo el sargento Enrique Dorado Villalobos, condenado por cohecho. También dijo que el informe fue incorporado “casi literalmente” a las diligencias previas 491/91 del Juzgado de Instrucción 1 de San Sebastián, cuyo titular era Andreu, hoy magistrado de la Audiencia Nacional.

Era falso. Nunca nadie investigó su contenido, ni la policía, ni los jueces. Nadie alzó la voz. Los partidos políticos se callaron como perros. No hubo ni la más pequeña insinuación. Tampoco el fiscal Navajas continuó la investigación. No pudo, no quiso, no supo, o no le dejaron.

El contenido del informe se ocultó, aunque una parte fue desvelado por periódicos que, curiosamente, desaparecieron de la circulación. En 1989 aparecieron algunos extractos en Diario 16 y, posteriormente, por el diario Egin. En 1993 el primer y único ejemplar de la revista “Crisis” también publicó una parte del informe, que comenzaba explicando que la información adjunta era relativa al “foco de corrupción interna detectada en la Comandancia de Gipuzkoa”. Destaba el “exceso” en el patrimonio particular del coronel Galindo y afirmaba tener información sobre “la existencia de una asentada corrupción de miembros del Cuerpo [de la Guardia Civil] en Gipuzkoa”.

Los criminales no sólo eran “intocables” sino que el gobierno del PSOE llegó a ascender a Galindo al rango de general, otro pago más a sus numerosos “servicios”. La “condena” por el asesinato de Lasa y Zabala no llegó hasta 2000, cuando ya nadie se acordaba del narcotráfico.

En 2014 al fiscal Navajas le ascendieron al Tribunal Supremo, seguramente como consecuencia de otra recompensa por el silencio sepulcral mantenido escrupulosamente durante 20 años. Es el mismo sepulcro en el que están enterrados miles de jóvenes vascos víctimas de la heroína.

Uno de los que colaboraron con Navajas en la redacción del informe fue el capitán Juan Miguel Castañeda Becerra, alias “El Califa”. También le ascendieron a coronel y trabajó en el Servicio de Seguridad de la Casa Real y en la Unidad de Servicios Especiales de Información de la Guardia Civil.

En 2009 le detuvieron cuando estaba al mando de la comandancia de Guadalajara por formar parte de la red del gallego Marcial Dorado, el famoso amigo narco del presidente de la Xunta de Galicia Alberto Nuñez Feijóo. Le acusaron de asociación ilícita, blanqueo de capitales y cohecho.

El círculo se acabó cerrando sobre sí mismo porque el Estado había puesto al zorro al cuidado de las gallinas.

Los crímenes de guerra de Estados Unidos en Vietnam fueron mayores de lo que se creía

Hace 42 años el último soldado de Estados Unidos abandonaba Vietnam desde un helicóptero que se logró posar en el tejado de su embajada en Saigón, hoy Ciudad Ho Chi Minh, mientras un tanque de las fuerzas de liberación embestía la puerta de entrada al Palacio Presidencial. Los imperialistas se marcharon con el rabo entre las piernas y los vietnamitas lo celebran cada año con desfiles y manifestaciones populares.

No solamente celebran una victoria militar contra el imperialismo, sino también la reunificación nacional. Las calles de Ciudad Ho Chi Minh se llenan de pancartas rojas deseando una “larga vida al glorioso Partido Comunista” mientras el país aún tiene las heridas abiertas.

Durante la guerra Estados Unidos cometió incontables y bárbaros crímenes, y causó pérdidas y dolor incomparables a todos los pueblos de Indochina, incluido el vietnamita.

Unos tres millones de civiles y soldados murieron durante la guerra, frente a los 58.000 estadounidenses y 250.000 aliados de lo que entonces era Vietnam del sur, un país títere.

El tonelaje de bombas lanzado en Indochina fue más del doble de la cantidad arrojada por Estados Unidos y Reino Unido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Aún hoy siguen naciendo niños con terribles malformaciones por el “agente naranja”, un gas tóxico que la aviación estadounidense diseminaba en la jungla.

En 2006 el diario Los Ángeles Times publicó documentos confidenciales del Grupo de Trabajo de Crímenes de Guerra de Vietnam del Archivo Nacional de la Universidad College, en Maryland.

Según el diario, la documentación demuestra que las matanzas de civiles a manos de soldados estadounidenses durante la guerra fueron mucho más numerosas de lo que se creía y, como es lógico, quedaron impunes.

Los archivos mencionan siete masacres cometidas en Vietnam desde 1967 hasta 1971, período en el que, al menos, 137 civiles murieron. Esto no incluye la masacre de los casi 500 habitantes del pueblo de My Lai.

Hubo otros 78 ataques a no combatientes en los que al menos 57 personas fueron asesinadas, 56 resultaron heridas y 15 violadas. En total, suman 320 crímenes cometidos por soldados estadounidenses.

“Los abusos no se limitaban a unas pocas unidades indisciplinadas”, informó Los Ángeles Times. “Estaban encubiertas en cada división del ejército que operaba en Vietnam”, añadía.

La cuarta parte de los 203 soldados acusados de herir a civiles o prisioneros vietnamitas fueron enviados ante un tribunal militar, pero sólo 23 fueron condenados, según el informe del periódico.

El archivo incluye 241 casos que relatan más de 300 atrocidades probadas por parte de fuerzas de Estados Unidos y otras 500 sospechas sin confirmar.

El periódico dijo que había examinado casi todos los documentos y que tenía copias de 3.000 páginas, es decir, un tercio del total, antes de que funcionarios del gobierno los retiraran del acceso público.

Zapatero presiona en Venezuela por encargo de los monopolios para liquidar el chavismo

El antiguo Presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero presiona en Venezuela por encargo de Repsol y otros monopolios en favor de una liquidación “dulce” del bolivarismo. Es el mismo papel que viene jugando España en Venezuela desde que Chávez llegó al gobierno en 1999, aunque con algunas variaciones: Aznar trató de dar un golpe de Estado, mientras Felipe González y Zapatero “sólo” presionan.

La actuación de Zapatero es la de cualquier otro lobbista al servicio de los monopolios españolas, que buscan un “hombre de paja” para defender sus intereses en el país latinoamericano. El apoyo de Zapatero ha sido especialmente importante para que Repsol pueda repatriar dividendos de Venezuela.

Pero los monopolistas españoles preparan el desembarco en una Venezuela post-Maduro o participar allí de un capitalismo salvaje. El plan es el de que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) siga en el poder, pero sin la presencia de Maduro y de figuras destacadas del chavismo, sobre todo aparato militar.

Zapatero ya ha actuado como lobbista en Cuba o Guinea Ecuatorial, de la mano de los antiguos ministros del PSOE Miguel Ángel Moratinos y José Bono. Tiene muy buena relación con el todavía subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Políticos de Latinoamérica, Thomas Shannon, uno de los supervivientes del gobierno de Obama. Shannon está al tanto de cada paso que da el equipo de mediadores de Zapatero en Venezuela.

La intervención de Zapatero en Venezuela comenzó, al menos oficialmente, a finales de 2015, cuando aterrizó en Caracas como observador internacional de las últimas elecciones parlamentarias, las que dieron a la oposición la mayoría de la Asamblea Nacional. Tras estos comicios, Zapatero continuó viajando al país latinoamericano como mediador de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y desde octubre de 2016 participa de forma más activa en las negociaciones entre el gobierno venezolano y la oposición.

En este cometido le acompañan los expresidentes Ernesto Samper (Colombia), Leonel Fernánez (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá). También ha aportado su visión monseñor Claudio María Celli, emisario del Vaticano.

http://www.vozpopuli.com/actualidad/mediacion-Zapatero-lobbista-etapa-post-Maduro_0_1015098724.html

La estrategia del ‘tomahawk’

En Estados Unidos llaman “estrategia del tomahawk” a lo que ha llevado a cabo Trump en Siria: bombardear un país soberano sin declarar la guerra, sin consultar al Congreso, sin el apoyo de sus aliados, incluso de los más incondicionales, y sin la autorización de la ONU, lo que en otros países llaman hacer las cosas “por cojones”, eso que tanto espanta los juristas y amantes de la ley, el orden y el Estado de Desecho.

Además de un misil moderno, el “tomahawk” es una especie de hacha (el hacha de guerra) que utilizaban las tribus autóctonas de norteamérica de las que procede Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos en la ONU. En el lenguaje del siglo XIX, habría que decir que la manera de proceder de Estados Unidos en Siria es una “salvajada”, impropia de personas civilizadas. Los estadounidenses son unos “bárbaros”.

Los que nos lamentábamos de que Trump carecía de estrategia, o que la había cambiado, no salimos de nuestro estupor: Trump tiene una estrategia, que es la del “tomahawk”, dice un diplomático europeo para lamentarse de que Trump no cuenta con sus amiguetes del otro lado del Atlántico.

Es más, de lo que el diplomático se queja exactamente es de que Trump hubiera advertido previamente del ataque a los rusos y no a ellos, a los europeos.

Los diplomáticos, en general, lo mismo que los periodistas, se engañan a sí mismos y no se enteran muy bien de la verdadera situación del mundo. No será porque Trump no se lo ha advertido a sus “aliados” europeos, al menos a quien debía hacerlo, que es Angela Merkel. Por eso los editoriales de la prensa alemana tienen poco que ver con el cúmulos de imbecilidades de otras, como la francesa y, naturalmente, la española.

En Alemania la prensa ya reserva sus mejores columnas para la guerra, el rearme, la industria del guerra y la militarización de la sociedad. Hacen tiempo que abandonaron los eufemismos. Al Der Spiegel ya no le basta con exigir el apoyo militar a los amigos terroristas que operan en Siria sobre el terreno. Lo que propone es lanzar un ultimátum a Bashar Al-Assad seguido de un bombardeo masivo si no atienda las exigencias que se le impongan.

Una de esas exigencias son las zonas de exclusión aérea que tanto beneficio reportaron al imperialismo durante las agresiones contra los Balcanes y Libia. La prensa alemana habla de ellas y dice que se pueden hacer digerir con la misma excusa que en Libia: para proteger a los refugiados de los bombardeos con armas químicas, etc.

Es la propuesta para la Unión Europea del redactor jefe del Süddeutsche Zeitung, Kurt Kister: sentar a Rusia ante una mesa de negociaciones para admita las zonas de exclusión aérea, la concentración de los refugiados en ellas y los convoyes de “ayuda humanitaria” a través de los cuales se volvería a rearmar y reorganizar a los terroristas sirios.

Con Corea del norte habría que proceder de la misma manera, asegura Die Welt: ya basta de amenazas y demostraciones de fuerza; hay que bombardear el país sin piedad. Cuando el periódico alemán se queja de Trump porque no tiene estrategia, aclara bastante las cosas al añadir que se refiere a la “estrategia militar” porque ya todo se resuelve en el terreno de la guerra o de la amenaza de guerra.

Los plumíferos del imperialismo se declaran absolutamente conscientes de las consecuencias de una guerra en el mundo actual y saben que cuando hablan de atacar a Siria o a Corea del norte de lo que están hablando es de un choque frontal con Rusia o al menos, como dice Die Welt, de una “escalada”.

Así que, además de los eufemismos, el panorama de despeja también de intermediarios. El lenguaje empieza a cambiar. Ya nadie habla de aquella fantasmal “coalición internacional”, sino de Estados Unidos. Nadie alude a los “rebeldes moderados”, al Califato Islámico, o a Al-Qaeda.

Por ejemplo, el planteamiento del Der Spiegel parte de considerar que una zona de exclusión aérea no se puede imponer con bombardeos sino que exige llevar muchas tropas sobre el terreno (“una masiva operación militar y logística”), lo cual es imposible sin chocar con los rusos, que ya están allá.

Todos los planteamientos que los imperialistas son capaces de poner sobre la mesa conducen, pues, tropiezan con Rusia y, como dice Der Spiegel, a la Tercera Guerra Mundial. No tienen más que una única posibilidad: que Rusia ceda al chantaje que le quieren imponer.

En Alemania no cuentan con ello, por lo que otro buen número de reportajes abundan sobre el rearme del ejército, el incremento de los presupuestos militares y, como dice el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el retorno al servicio militar obligatorio “tanto para hombres como para mujeres”.

“En Berlín ya se habla de la bomba D”, dice el semanario económico Handelsblatt, donde la D significa “Deutschland”. En la próxima guerra Alemania tendrá una bomba atómica en su arsenal.

El banco del Opus Dei se va al infierno

El banco del Opus Dei, llamado “Banco Popular” se hunde. La Semana Santa ha reducido la cotización de sus acciones un 20 por ciento, alcanzando el nivel mínimo de los últimos 30 años. El valor ha caído un 99 por ciento desde su pico en 2007, mientras los grandes de la banca privada española se han revalorizado notablemente durante el último año.

En 2016 tuvo pérdidas históricas. La ampliación de capital demostró que el banco estaba mucho menos saneado de lo que pretendía hacer creer. Al poco tiempo, la entidad anunciaba despidos masivos.

El banco está lastrado por la crisis del ladrillo. Llegó tarde a la burbuja y ha sido el último en tratar de salir de ella. Como consecuencia de ello, se cargó de activos tóxicos que siguen pesando en su balance. El año pasado tenía 16.074 millones de euros en inmuebles adjudicados y 19.602 millones en créditos dudosos. Ningún otro banco español arrastra una carga tan pesada en relación con su tamaño. Además, es propietario de suelo por importe de 7.000 millones de euros, más que el BBVA o el Santander, que rondan los 5.000 millones.

Ha tratado de purgar sus pecados ampliando capital. Ya lleva dos, una en 2012 y la última de ellas hace sólo seis meses, pero no es suficiente. Se habla de una tercera, de emitir bonos convertibles… Ya no saben qué hacer.

Es un banco destinado a desaparecer absorbido por alguno de mayor tamaño a precio de ganga. Los marxistas lo llaman “centralización de capitales”.

Pero no cabe olvidar que ni siquiera eso sea posible porque el banco no vale nada. Antes el Estado tendría que salir al rescate, poner el dinero encima de la mesa… para que finalmente los tiburones se animen a tragarse el anzuelo.

El mundo está de nuevo al borde de una guerra imperialista

Thierry Meyssan

En dos semanas de intensa lucha en el seno de la administración Trump, Estados Unidos atacó ilegalmente la base aérea de Shayrat, en Siria, y multiplicó posteriormente las señales contradictorias antes de mostrar sus cartas. En definitiva, Washington vuelve a su política imperialista.

En menos de 2 semanas, la administración Trump defendió 7 posiciones diferentes sobre la República Árabe Siria.

Estados Unidos realizó otro importante cambio de posición el 12 de abril de 2017.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Rex Tillerson viajaba a Moscú para intentar un último acercamiento pacífico mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía en Nueva York y tomaba nota del enfrentamiento y el presidente Trump volvía a lanzar la OTAN contra Rusia.

El consejero especial del presidente Trump, Steve Bannon, y su adjunto, Sebastian Gorka se preparaban para correr la misma suerte que el general Michael Flynn mientras que la prensa que anteriormente defendió a Trump hacía un balance de las actividades de los tres. Según los rumores, Jared Kushner, el yerno del presidente, es el único que goza ahora de verdadera influencia sobre Donald Trump, información que por el momento no es verificable.

Parece que la Casa Blanca ha modificado su posición bajo la influencia de los británicos, empeñados en preservar a toda costa el sistema yihadista que ellos mismos crearon. El ministro británico de Exteriores Boris Johnson se apoyó en los dirigentes europeos que se habían dejado convencer por los neoconservadores durante la Conferencia de Munich, el 19 de febrero.

Para justificar la agresión contra un Estado soberano miembro de la ONU, Rex Tillerson pudo referirse solamente a una síntesis de los servicios de “inteligencia” estadounidenses sobre el incidente químico de Jan Sheijun. Pero esa síntesis no presenta ningún indicio que permita sospechar de Siria sino que se limita a mencionar la existencia de información clasificada para terminar con una exhortación a derrocar el “régimen”.

El carácter irreversible de ese brusco cambio de actitud se hace patente en el proyecto de resolución que presentó la OTAN al Consejo de Seguridad de la ONU, que se ganó un nuevo veto ruso. Presentado en Occidente como un simple pedido de investigación neutral sobre el incidente químico de Jan Sheijun, ese proyecto de resolución en realidad estipulaba que la fuerza aérea de Siria tendría que ponerse bajo control del número 2 de la jerarquía onusiana, el estadounidense Jeffrey Feltman. Este ex adjunto de Hillary Clinton es el autor de un plan de capitulación total e incondicional de Siria.

El texto del proyecto de resolución presentado el 12 de abril retoma el contenido del borrador presentado el 6 de abril, sin que Estados Unidos llegasen a someterlo a votación en aquel momento. Ese texto no tiene en cuenta el intento de mediación de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, que trataron de volver a un pedido normal de investigación por parte de la ONU.

El intento tendiente a poner la fuerza aérea de la República Árabe Siria bajo control de la ONU reedita la táctica aplicada contra Serbia hace 19 años, en 1998, hasta el momento de la intervención ilegal de la OTAN.

El presidente Donald Trump culminó su cambio de postura al recibir en la Casa Blanca al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. En una conferencia de prensa conjunta, Trump dijo que ya no cree que la alianza atlántica sea obsoleta, agradeció su respaldo contra Siria y dijo que se dispone a trabajar en estrecha coordinación con sus aliados.

En respuesta, Rusia anunció que acaba de actualizar el 60% de su fuerza nuclear y que está lista para la guerra.

Nos hallamos así de vuelta en el mismo punto de hace 6 meses, cuando los Estados Unidos de Barack Obama se negaban a trabajar con China, Rusia y sus aliados –la Organización de Cooperación de Shanghai y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Washington se disponía entonces a dividir el mundo en dos partes completamente separadas, que ya no tendrían contacto alguno entre sí.

http://www.voltairenet.org/article195982.html

Los chinos que combatieron al fascismo en las Brigadas Internacionales

Un centenar de chinos, venidos de todas partes, lucharon como brigadistas en la guerra civil española. El matrimonio de científicos taiwaneses Hwei-Ru y Len Tsou ha investigado durante más de diez años la vida de trece de ellos y las ha hilvanado en el libro Los brigadistas chinos en la guerra civil. La llamada de España (1936-1939) que ahora ve la luz en España y también en la propia China. Esta es su historia.

Emigrantes, obreros, médicos, masajistas, periodistas, pequeños comerciantes… “Nosotros, los chinos, hemos combatido en los frentes de todos los lugares”. Es lo que le dijo Zhang Ji, un voluntario en nuestra guerra, a Yan Jiazhi, el primer chino que llegó a España tras el inicio de la contienda. Se trataba de un masajista residente en París sobre el que documentos de los archivos de la Internacional Comunista señalan que no se pudo confirmar su condición de militante. “Los que en esos momentos llegaban a España para combatir, con riesgo para sus vidas -señalan los Tsou- no eran, evidentemente, personas corrientes”.

Lo extraordinario se convierte en el hilo conductor de sus historias. Recuerda Laureano Ramírez Bellerín, Premio Nacional de Traducción y coordinador de la edición española del libro editado por Catarata, la sorpresa que le produjo conocer quiénes eran y cuál fue la vida de aquel puñado de chinos, que los autores del hallazgo desglosaron en su casa de Barcelona gracias a la mediación de otro chino de la Ciudad Condal.

“El matrimonio, ella ingeniero químico y él especialista en semiconductores y por tanto nada que ver con la investigación histórica, llevaba años en Nueva York dedicándose a lo suyo hasta que, ojeando un álbum publicado por la Brigada Lincoln, que conmemoraba su 50 aniversario, advirtieron que algunos de los muchos nombres citados en sus páginas parecían chinos. Entonces -relata el profesor- empezaron a tirar del ovillo y se embarcaron en un trabajo de reconstrucción de aquellos acontecimientos que duró más de diez años y les condujo por tres continentes (Europa, América y Asia) y multitud de archivos. En España visitaron, entre otros, los de Salamanca, de Asuntos Exteriores y de la Biblioteca Nacional; los más importantes de EE.UU. y, por entonces, se abrieron los nacionales rusos donde hay muchísimo material sobre la guerra civil”. Los autores habían publicado su investigación en Taiwán en 2001 y el profesor, titular de la Universidad Autónoma de Barcelona, se comprometió a traducirlo “porque esto debía conocerse en España”. Consiguió para ello fondos de la UAB y creó un equipo de traducción formado por tres chinos y la española Maialen Marín Lacarta, al que se unió un investigador responsable de la difusión.

Cuenta este traductor, que ha trabajado codo con codo con los investigadores, que le llamaron la atención las edades de las personas que vinieron a la guerra, unas cuantas cercanas a los 50, “con lo que significa a esos años embarcarse en semejante aventura, y las de los más jóvenes, alrededor de los veinticuatro, uno de los cuales acabó en el frente de Gandesa”. Su nombre era Chen Wenrao. Había llegado en junio de 1937 desde Nueva York, donde entre otros trabajos había tenido el de camarero, y una vez en el cuartel general de las Brigadas Internacionales en Albacete fue enviado durante un mes a un campo cercano para realizar la instrucción; luego fue trasladado al Batallón Lincoln y, después, pasó a engrosar las filas del 24 Batallón de la XV Brigada. El relato de su final ha quedado escrito por los Tsou: “Los brigadistas atacaron Gandesa a cuerpo descubierto y sus cadáveres cubrieron el valle. Allí murió Wenrao. Nadie los enterró. Permanecen en ese lugar y forman parte de la tierra española”.

Chen Wenrao era de Guangdong, pero también hubo brigadistas de Qingtian, pueblo al este de China donde nació más del 70% de los chinos que hoy vive en España. Es el caso de Zhang Shuseng, “que debía de hablar bien español, ya que combatía con soldados españoles”. Tenía, según explica el profesor Ramírez, “un hermano en Valencia que estaba en el Ejército de la República y por ahí aparecen otros nombres de los que se podía seguir la pista. De hecho, muchos de estos emigrantes chinos en Cataluña, concretamente de una asociación de Tarragona, mostraron interés en hacer ahí un pequeño monumento que recordara a su compatriota que había luchado en la guerra española”.

El rostro de otro brigadista, Tchang Jaui Sau, fue portada de la revista Estampa. Este combatiente llegó desde la planta de automóviles de Renault y era miembro del Partido Comunista de Francia. Se embarcó en nuestra guerra civil para, según escriben los autores, “combatir al fascismo y luchar por la libertad”.

Otro brigadista, Xie Weijing, fue miembro del Partido Comunista alemán y llegó a ocupar el cargo de comisario político del Batallón de Artillería, el cargo más alto que ocupó un voluntario chino de las Brigadas Internacionales. “Era periodista y pertenecía también al Partido Comunista chino. Intervino en todas las publicaciones izquierdistas de la época. Era el que tenía la idea de hacer una unidad china, sobre todo por facilitar las tareas administrativas, en las Brigadas con los voluntarios y los que servían en el ejército de la república, alrededor de unos cien que andaban disgregados, pero nunca se llegó a concretar”.

Hwei-Ru y Len Tsou no llegaron a encontrar a ninguno de sus protagonistas vivos. En total, trece combatientes chinos de al menos ese centenar que, como subraya Ramírez, no eran una multitud, pero si “un número significativo, si tenemos en cuenta que no vino nadie de muchos países mucho más próximos, y tan solo un japonés de una nación vecina a la suya”. Por cierto, el nipón, que se llamaba Jack Shirai, había llegado desde San Francisco y fue cocinero, a su pesar –“Yo he venido a luchar y no a manejar cazuelas”-, el más famoso de las Brigadas. Lo mató una bala perdida mientras llevaba comida a la zona de combate.

La última sorpresa la encontraron los Tsou siguiendo la pista del brigadista médico Tio Oen Bik, cuando descubrieron el grupo de “los médicos españoles” que lucharon en la guerra china con Japón. “Los llamaban así porque todos habían estado en la guerra civil española, pero no había entre ellos ningún compatriota nuestro, eran todos checoslovacos, polacos, alemanes… Después de España, se marcharon a China a seguir en el combate contra aquellas ideas que representaban el auge de Hitler y Mussolini, y si hubiera habido otras batallas por esta causa hasta allá se hubieran marchado. Recientemente, se ha celebrado en China un congreso muy interesante con algún descendiente de aquellos médicos, y constituye otra línea de investigación sobre la que aún se sabe muy poco. Pero esa es otra historia”.

Para Laureano Ramírez, “lo importante no es su huella en España, sino la impresión que les quedó a ellos y que duró toda su vida. Nunca ninguno de ellos se pudo quitar a España de la cabeza”.

Los brigadistas atacaron Gandesa a cuerpo descubierto y sus
cadáveres cubrieron el valle. Nadie los enterró.
Permanecen en ese lugar y forman parte de la tierra española

España es uno de los países de Europa con un mayor porcentaje de menores en situación de pobreza

España es el tercer país de la Unión Europea con un mayor porcentaje de menores en situación de pobreza relativa y de pobreza anclada, según un informe publicado por Unicef que analiza la situación de la infancia y la protección de los derechos de los menores tras la crisis económica en 41 países de la Unión Europea y de la OCDE.

Según el documento, titulado “Children of Austerity” (Los niños de la austeridad), los únicos países de la Unión Europea con mayor proporción de menores en situación de pobreza (según los índices utilizados) son Grecia y Rumanía.

En el estudio sobre el caso de España se subraya que la pobreza infantil se incrementó en el país un total de 9 puntos porcentuales entre 2009 y 2014 hasta alcanzar “casi al 40 por ciento” de los menores, si se utiliza la medida de “pobreza anclada”, que emplea un único umbral de pobreza (el de pobreza relativa de 2008) con independencia de las variaciones de la renta de la población durante este periodo.

El informe hace hincapié en los efectos que han tenido la crisis económica y las políticas de austeridad sobre la infancia en la Unión Europea, y concluye que, en conjunto, “la pobreza infantil aumentó en dos tercios de los países europeos”. El incremento fue de más de 15 puntos porcentuales en Chipre, Islandia y Grecia, y de 7 a 9 puntos porcentuales en Hungría, Italia, Irlanda y España, especifica el informe.

Los efectos han sido desiguales y en un mismo país como Reino Unido se da la situación de que en Irlanda del norte, la pobreza infantil anclada pasó del 23 por ciento al 27 por ciento, mientras que en territorios como Escocia, Inglaterra y Gales se redujo entre 2 y 4 puntos.

Los efectos de los recortes en los países europeos los sufrieron de forma particular las familias con hijos, algo que, según los responsables del estudio, en ocasiones queda “enmascarado” por la pobreza en términos de ingresos. “Las tasas de necesidades médicas desatendidas aumentaron de manera significativa entre los hogares pobres en Grecia. En España, los recortes en sanidad y educación afectaron a los niños”, aseguran.

El ejército de Estados Unidos lanza la bomba más poderosa de su arsenal en Afganistán

Esta tarde el ejército de Estados Unidos ha informado del lanzamiento de la bomba más poderosa de todo su arsenal de armas convencionales en una operación contra el Califato Islámico en Afganistán.

La GBU-43/B MOAB (Massive Ordenance Air Blast Bomb) es una bomba convencional de casi 10.000 kilos. Fue lanzada sobre una red de cuevas de la provincia de Nagarhar, habitualmente utilizada como escondite por Califato Islámico.

“A las 7:32 pm locales de hoy, las fuerzas estadounidenses en Afganistán ejecutaron un ataque contra el complejo de túneles de Califato Islámico en el distrito de Achin, provincia de Nargahar, como parte de los esfuerzos por derrotar a Califato Islámico en Afganistán en 2017”, informó el Pentágono en un comunicado.

“El ataque utilizó una bomba GBU-43 lanzada desde un avión estadounidense”, añade.

Según el Pentágono, el ataque fue diseñado “para minimizar los riegos de las fuerzas afganas y estadounidenses que ejecutaban operaciones de limpieza en el área, al tiempo que se maximizaba la destrucción de combatientes e infraestructura de Califato Islámico”.

En el comunicado también se afirma que “las fuerzas estadounidenses tomaron todas las precauciones para evitar bajas civiles con este ataque”.

“Como el número de bajas de Califato Islámico ha aumentado, están utilizando explosivos improvisados, búnkers y túneles para defenderse. Esta es la munición adecuada para reducir esos obstáculos y mantener el momento de nuestra ofensiva contra Califato Islámico”, ha dicho el general John W. Nicholson, comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

El verdadero objetivo del imperialismo para invadir Panamá en 1989

Hace 27 años más de 20.000 soldados estadounidenses con artillería pesada de última generación invadieron por tierra y mar a Panamá, lo que derivó en la caída del general Manuel Noriega.

Revelaciones de un documento secreto de Estados Unidos confirman que el verdadero objetivo de su invasión militar a Panamá en 1989, era abolir los tratados del Canal y para ello capturaron y derrocaron a Manuel Noriega.

El escritor panameño Julio Yao publicó el 5 de abril en el diario “La Estrella” documentos que confirman cuál era el verdadero objetivo de la invasión militar estadounidense.

“Nuestro objetivo es desestabilizar el país sin arriesgar nuestra presencia e influencia allí, y al mismo tiempo tener una base legítima para derogar los Tratados Torrijos-Carter”, dice el texto del Memorándum Secreto-Sensitivo del Consejo de Seguridad Nacional, del 8 de abril de 1986.

El gobierno de George Bush padre ejecutó la llamada “Operación Causa Justa” de 1989 en la que utilizó 26.000 soldados. El ataque fue durante la noche y la ocupación en las calles y ministerios se extendió durante dos años.

Julio Yao explicó a la agencia Prensa Latina que había recibido este y otros documentos en 1989, y los guardó con el fin de presentarlos junto a una demanda ante la Corte Internacional de La Haya. Lo mismo hizo con una entrevista vía correo realizada al general Noriega en 1993.

El también ex asesor de política exterior probó que además de mantener el control sobre el Canal Interoceánico, Estados Unidos perseguía el objetivo de alejar a Japón de la posibilidad de trabajar en la ampliación del mismo, lo que negociaba el gobierno del general Omar Torrijos y lo continuó Noriega.

Noriega dijo en esa entrevista de 1993 que Japón hizo compromisos para los estudios del futuro Canal, buscando opciones convenientes, lo que se inició con la visita del presidente de la Cámara de Comercio japonesa, Shigeo Nagano.

El entonces jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá aseguró que Estados Unidos hizo presiones para eliminar esos contactos, lo cual calificó de chantaje a los nipones, a partir de los compromisos asumidos por estos en la post guerra.

Hasta el momento no se conocen reacciones estadounidenses que confirmen o nieguen la autenticidad del Memorándum.

El historiador panameño, César del Basto, explicó que en el contexto actual el tema parece no interesar a Estados Unidos. “A nosotros si, pues tenemos la deuda de seguir construyendo una memoria histórica basada en el pasado-presente y no en el pasado-pasado como quieren ellos”.

La invasión de Panamá el 20 de diciembre de 1989 es conocida como la “Operación Causa Justa” y considerada como un acto terrorista.

Estados Unidos ha intervenido siete veces a Panamá desde 1856 hasta 1989. En el país centroamericano no se tienen claras las cifras de muertos causados por la Operación Causa Justa. Según la Asociación de Familiares de los Caídos del 20 de diciembre de 1989 murieron más de 4.000 personas.

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