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Huelga del metal en Cádiz, un sector golpeado en una provincia asfixiada por el paro

La provincia de Cádiz está harta de estar harta. Desde mediados de los años 80 ha sido habitual la falta de carga de trabajo en empresas como Airbus, Navantia o Alestis (aviones, barcos, sector aeroespacial) en un contexto donde el tejido empresarial brilla por su ausencia. Los trabajadores del metal están haciéndose notar desde el inicio de una huelga indefinida que va mucho allá de la petición de una subida del IPC. Es la punta del iceberg de una situación que viene de lejos.

El convenio que están negociando los sindicatos y la patronal engloba a grandes empresas como Navantia, Dragados o Airbus, pero también a talleres mecánicos o empresas del mantenimiento de carreteras, entre otras muchas. Son unos 22.000 los trabajadores afectados, pero los de grandes factorías disponen de un convenio propio con unas condiciones más que dignas, mientras que las empresas auxiliares llevan tres décadas reclamando unos derechos mínimos.

“Si tienes un familiar ingresado no te dan permiso para verlo o si te pasa algo trabajando, en el hospital tienes que decir que te ha pasado en tu casa para que no cuente como un accidente en el trabajo. La gente sale a la calle porque no puede más”, explica un trabajador del metal que ha tenido que emigrar a Reino Unido en busca de nuevas oportunidades.

“La patronal se han encargado de tener trabajadores de primera clase, los de plantilla; de segunda, que son los fijos de las empresas colaboradoras, que son un mínimo; y de tercera, que somos los de las auxiliares. Han conseguido dividirnos y así tienen todo controlado. La ley dice que para presentarte a delegado sindical debes estar un mínimo de seis meses en la empresa y con nuestra eventualidad no te da tiempo. Los delegados están señalados por el mismo empresario y los trabajadores de las auxiliares no nos sentimos representados, sino traicionados por los sindicatos mayoritarios”, añade.

Hay muchos euros en juego, pero sobre todo también la sensación de alcanzar unas condiciones dignas que ahora no hay. “En estos días de huelga está saliendo la rabia contenida que hay por la pérdida de derechos, pérdida de poder adquisitivo como el plus de 160 euros por contacto con tóxicos. Lo quitaron con la crisis de 2012 con la condición de recuperarlo en 2016 y la patronal no lo recuperó. Queremos un mayor poder adquisitivo, pero también poder en derechos: coger vacaciones y saber que no pierdo el trabajo, no ir un domingo y que no me amenacen con que te dan el finiquito”, explica Jesús, otro trabajador eventual del metal.

La planta de Airbus de Puerto Real está solo a la espera de que se ratifique el cierre por parte de la empresa. Es otro ejemplo de lo que viene pasando desde hace años. Concentraciones y acampadas junto a la factoría no han servido de nada y no será por la baja productividad. Juan Antonio Guerrero, miembro del comité de empresa por CGT asegura que “la planta de Puerto Real tiene la máxima calificación en productividad, entrega y calidad, la única en Europa. No es un problema de Puerto Real, es un cambio de modelo industrial. Quieren que solo haya empresas pequeñas con salarios bajos”.

Todo ello ha hecho que haya una gran duda en las con el papel de los sindicatos mayoritarios. CCOO y UGT están negociando con la patronal el convenio del metal, pero como sindicatos mayoritarios, son los que han firmado el cierre de la planta de Puerto Real, aunque el responsable de FICA UGT en Cádiz, Antonio Montoro, ha asegurado que “es un preacuerdo firmado en Madrid. No tenemos nada que ver, yo me entero cuando ya está firmado. Se firma con los comités interempresa”. Por su parte, el presidente del comité interempresas y secretario general de CCOO en Airbus, Francisco Sanjosé, considera equivocado hablar de “cierre de una planta” de Airbus, cuando es “un traslado a El Puerto”, en el que se mantiene el empleo y la actividad, y una oportunidad de “reindustrialización”.

“Para que ellos ganen dos mil o tres mil al mes, otro tiene que ganar mil. CCOO y UGT han promovido votaciones de afiliados dentro del sindicato. Ellos han sido los únicos que han votado sí o no al preacuerdo, no todos los trabajadores. Son cosas antisindicales”, denuncia Guerrero. Y no son pocos los sindicalistas de Puerto Real que consideran “una tomadura de pelo que se hable de traslado cuando la planta de El Puerto no va a poder acoger a la totalidad de los trabajadores de Puerto Real”.

En cualquier caso, los representantes de CCOO y UGT permanecían reunidos con la patronal negociando a lo largo de la tarde de ayer. Al cierre de esta edición la reunión aún no había terminado.

Mientras personas como Juan José Cumplido, un trabajador de 56 años que lleva en el paro desde hace 14, miran con preocupación lo que está sucediendo. Fue despedido en Delphi y recuerda que, cuando era niño, trabajar en el astillero era algo seguro y con futuro. “A finales de los 70 había 4.000 personas en plantilla. No había personal auxiliar. Con 17 años podías estar con un puesto de trabajo indefinido en una empresa pública con mucho futuro. Pero llegó la reconversión naval a mediados de los 80 y todo cambió”. En Corea empezaron a construir barcos con presupuestos más bajos y las condiciones de los trabajadores gaditanos empezaron a caer. “Los políticos han jugado con las cifras del paro porque hay una ley desde 1995 que dice que la persona en desempleo que está en un curso de formación desaparece de la lista del paro”, lamenta.

—https://www.msn.com/es-es/dinero/formacion-empleo/la-huelga-del-metal-en-c-c3-a1diz-la-punta-del-iceberg-de-un-sector-golpeado-en-una-provincia-asfixiada-por-el-paro/ar-AAQQngl

Siguen los cortes de carreteras en la segunda jornada de huelga del metal en Cádiz

La segunda jornada de huelga de los trabajadores del metal de la provincia de Cádiz ha arrancado con concentraciones a las puertas de las factorías, el encendido de fogatas en las carreteras o arcenes, mucha presencia policial y la actuación de piquetes en varias factorías que están impidiendo o dificultando el acceso.

Las concentraciones se producen en factorías como la de Navantia, Dragados o Alestis, custodiados por furgones de Policía Nacional, mientras que la subdelegación del Gobierno ha anunciado una reunión de coordinación entre los diferentes cuerpos de seguridad para estudiar la situación.

Durante la noche unos 40 trabajadores han permanecido encerrados en la planta de Navantia en Cádiz, donde ayer se produjeron enfrentamientos.

En Airbus, sin embargo, la actividad es prácticamente normal. Los trabajadores de Airbus tienen un convenio colectivo propio y no se rigen por el del metal, que es, en primera instancia, lo que ha originado la huelga.

El secretario general de UGT-FICA, Antonio Montoro, asegura que “los paros se han sucedido con normalidad en el turno de noche, así que, como el día anterior, no se ha trabajado en el sector”.

Montoro ha aclarado que su sindicato “no aprueba” los actos vandálicos que se registraron ayer.

También ha añadido que, hasta ahora, la patronal no se ha puesto en contacto con los sindicatos, con lo que la situación de bloqueo continúa, sin acercamiento de posturas.

UGT ha anunciado esta mañana que para retirar las movilizaciones la patronal tendrá que firmar un “documento base” con el acuerdo de todos, que será “imprescindible” para abandonar las protestas.

Las protestas de ayer se saldaron con un detenido e incidentes en el astillero de Cádiz y varias factorías del campo de Gibraltar.

Comienza la huelga indefinida de los trabajadores del metal de Cádiz

La huelga indefinida del metal en la provincia de Cádiz, a la que están llamados más de 20.000 trabajadores, ha arrancado con fogatas, algunos cortes de tráfico y cargas policiales a las puertas de las grandes fábricas como Navantia, Dragados o Airbus.

“Todas las empresas que comenzaban su turno a la medianoche están paradas, así que la respuesta de los trabajadores está siendo muy positiva, porque hemos empezado con el cien por cien de paro en las fábricas con turno de noche”, ha explicado el secretario de FICA-UGT en Cádiz, Antonio Montoro.

La jornada ha comenzado con concentraciones a las puertas de los centros de trabajo, donde han sido encendidas fogatas, y con cortes de tráfico, como los que se han registrado en la carretera industrial de Cádiz, frente a la factoría de Navantia.

A las 7 de la mañana comenzaron las cargas policiales en el acceso a los astilleros gaditanos tras el lanzamiento de piedras por parte de los trabajadores a la Policía Nacional. Los antidisturbios respondieron con lanzamiento de gases lacrimógenos al interior de las instalaciones.

La avenida se ha convertido en una auténtica batalla campal que ha propiciado largas retenciones en el tráfico de la zona debido al corte de los dos accesos a la avenida. Hasta el lugar se han desplazado varias unidades de la UIP de Sevilla y de la UPR de diferentes puntos de la provincia.

El gobierno ha establecido un dispositivo especial de vigilancia y control de estas protestas con miembros de las unidades de intervención policial (UIP) venidas desde Sevilla y unidades de prevención y reacción (UPR) de toda la provincia, que controlan los puntos y entradas de las fábricas y las principales vías de comunicación urbanas e interurbanas.

La Guardia Civil tiene previstos apoyos de tráfico en la Bahía de Cádiz y ha desplegado agentes también en los polígonos industriales y empresas del Campo de Gibraltar, con reservas disponibles por si hay que aumentar el despliegue de seguridad.

La huelga está convocada por el bloqueo en las negociaciones del convenio colectivo entre los sindicatos y la patronal, ya que los trabajadores están reclamando una actualización de los salarios que los empresarios aseguran que no poder asumir.

Todos los intentos de acercamiento, incluido un Servicio Extrajudicial de Conflictos Laborales y la mediación de la Junta el pasado viernes, han fracasado hasta el momento, lo que ha dado pie a la huelga indefinida que arranca hoy, y que se suma a los paros convocados dos días de la pasada semana, que derivaron en cortes de tráfico y manifestaciones.

AstraZeneca deja de vender vacunas ‘a precio de coste’

La farmacéutica AstraZeneca había prometido vender su vacuna “a precio de coste” mientras durara la pandemia, pero parece que la pandemia no se va a acabar nunca. La Organización Mundial de la Salud no tiene en perspectiva decretar el final de esta pesadilla. ¿Para qué?

Eso le impide seguir vendiendo vacunas “a precio de coste” porque, a diferencia de la competencia, no ganaría dinero con ello y el capitalismo impone las condiciones del mercado. Por lo tanto, AstraZeneca va a subir los precios de su vacuna.

Oxfam ya acusa a la empresa británica de incumplir su promesa y abandonar las filas de la caridad y el altruismo.

La explicación de la farmacéutica es pintoresca: la pandemia está entrando en una fase endémica. Acabará formando parte de la vida cotidiana en el futuro, de eso que llaman la “nueva normalidad”.

Salimos del confinamiento, pero luego volvemos a entrar por decreto gubernativo y porque la “incidencia acumulada” se ha disparado.

Nos ponemos mascarilla para entrar y nos la quitamos al salir, porque en un sitio hay virus y en el otro no.

No podemos salir de casa sin el móvil, que es como la vieja cartera de piel donde guardamos nuestro salvoconducto más preciado: un pasaporte de salud que nos permite conservar nuestro puesto de trabajo.

El mundo nunca imaginó que el miedo se podía digitalizar e introducir en un código de barras para que empresas como AstraZeneca ganaran dinero.

10.000 trabajadores de John Deere en huelga desde hace dos meses

La UAW [el sindicato del motor] y el movimiento obrero de Iowa siguen movilizados desde octubre. La comunidad y los medios de comunicación simpatizantes apoyaron firmemente a los 10.100 trabajadores en huelga de John Deere and Company. Los trabajadores del mayor fabricante de maquinaria agrícola de Estados Unidos se tomaron con razón la primera oferta de contrato de John Deere [fechada el 10 de octubre] como un insulto. Ofreció un aumento salarial del 5 por cien tras un año de beneficios récord. Habían sido considerados trabajadores esenciales, pero aparentemente ninguno lo era tanto como el director general de Deere, John May, que ganó 15,6 millones de dólares en 2020, un aumento del 160 por ciento.

Decenas de negocios ofrecieron descuentos en comidas, bebidas, cortes de pelo, servicios quiroprácticos, equipos de pesca e incluso una sesión gratuita de lanzamiento de hachas en Davenport [la tercera ciudad más grande de IOWA]. El Sindicato de Minoristas y Grandes Almacenes (RWDSU) de North Liberty [un suburbio de Iowa City] donó 3.700 kilos de alimentos a los huelguistas. El vicepresidente del RWDSU Local 110, Bob Dixon, dijo: “Se trata de la codicia de las empresas… la gente tiene que unirse como miembros del sindicato y trabajadores para luchar contra esto”.

El dirigente demócrata del Senado de Iowa, Zacharia Wahls, y otros cargos electos demócratas declararon su firme apoyo, al igual que la Federación de Trabajadores de Iowa, los Teamsters, el Sindicato de Agricultores de Iowa y el senador Bernie Sanders. El secretario de Agricultura del gobierno Biden -y antiguo gobernador de Iowa (1999-2007)- Tom Vilsack visitó un piquete en Ankeny [situado en el condado de Polk]. “Os merecéis un salario justo y un trato justo“, dijo Vilsack a los trabajadores. Les agradeció el apoyo a su campaña para gobernador en 1998: “La UAW me ha apoyado desde el principio. No olvidas a la gente que estuvo contigo”.

El día de las elecciones en el estado de Iowa [2 de noviembre de 2021] fue también el día en que los miembros de la UAW votaron el contrato renegociado, después de haber rechazado abrumadoramente el primer proyecto de contrato el 10 de octubre. El segundo proyecto de contrato renegociado entre Deere y la dirección de la UAW preveía un aumento inmediato del 10 por ciento y dos aumentos adicionales del 5 por ciento a lo largo de un contrato de seis años. Los trabajadores recibirían una bonificación de 8.500 dólares tras la ratificación del contrato. Deere también hizo algunas concesiones en materia de asistencia sanitaria y pensiones, pero se mantuvo el sistema salarial de dos niveles, en el que los “trabajadores adicionales” cobran bastante menos que sus compañeros que realizan el mismo trabajo.

Muchos miembros del sindicato, preocupados por cobrar a medida que se acercan las vacaciones, consideraron que era el momento de “reclamar la victoria” y volver al trabajo. Pero la mayoría no estuvo de acuerdo y rechazó el segundo acuerdo por un 55 por ciento a 45 por ciento. Algunos dicen que el rechazo refleja un descontento continuo con sus propios dirigentes sindicales. Otros señalan la incertidumbre sobre el plan propuesto por la empresa para la mejora continua de los salarios, que se basa en un sistema de incentivos complejo y, por tanto, incierto. Muchos señalan también la sensación generalizada de que la dirección de John Deere no les respeta, a pesar de su lealtad y su duro trabajo, durante la pandemia de covid.

El resentimiento se endureció cuando John Deere obtuvo una orden para limitar el número de trabajadores de los piquetes a cuatro. La orden llegó a prohibir los bidones de fuego para calentarse por la noche. Las tensiones aumentaron aún más cuando Richard Rich, miembro de la UAW y de 56 años de edad, inspector de almacén en Deere durante 15 años, fue atropellado y murió trágicamente por un coche mientras cruzaba una carretera mal iluminada cerca de un piquete.

El apoyo público no parece haber disminuido y los sindicatos de Iowa siguen apoyando a la UAW. El Hawkeye Area Labor Council de Cedar Rapids, la Hermandad Internacional de Trabajadores de la Electricidad (IBEW 405) y la Federación de Trabajadores de Iowa City se encuentran entre los que recogen y entregan artículos domésticos y sanitarios a los huelguistas.

La dirección de Deere insiste en que el contrato que está sobre la mesa es su “última, mejor y definitiva oferta”. Según el Des Moines Register, un ejecutivo de Deere también hizo una amenaza velada de compensar la ralentización de la producción nacional trasladando parte del trabajo a plantas en el extranjero. La gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, y los senadores Charles Grassley y Joni Ernst, todos ellos republicanos, aún no han comentado la posibilidad de que los puestos de trabajo de sus estados se transfieran a trabajadores de otros países.

¿Avanzará el movimiento obrero de Iowa? Ambas partes están en conversaciones, pero el resultado es difícil de predecir. La mayoría de los huelguistas actuales son jóvenes y tienen poco conocimiento de la historia del movimiento obrero de Iowa para motivarlos. No saben que la UAW fue precedida por los Farm Equipment Workers, que sindicalizaron a John Deere hace más de 70 años (véase el libro del historiador laboral Toni Gilpin The Long Deep Grudge: A Story of Big Capital, Radical Labor, and Class War in the American Heartland, Haymarket Books, marzo de 2020).

Muchos miembros de la UAW con los que hablé recientemente desconocían que la legislatura de Iowa, dirigida por los republicanos, estuvo a punto de destruir los sindicatos del sector público en 2017 al eliminar el capítulo 20 [código para los términos y condiciones de empleo de los trabajadores del sector público], una ley de negociación colectiva de Iowa que había funcionado de forma eficaz y justa -sin huelgas- desde la década de 1970. A pesar de los valientes esfuerzos del Centro Laboral de la Universidad de Iowa por informar y educar a los trabajadores, aún nos queda mucho camino por recorrer.

La buena noticia es que el asalto republicano a la negociación colectiva en el estado de Iowa no ha tenido éxito. Aunque los sindicatos deben celebrar una votación de recertificación cada vez que se renegocia un contrato, más del 50 por ciento de los trabajadores deben votar “sí” para conseguirlo, ¡los que no votan se cuentan como votos negativos! Contra todo pronóstico, casi todos los sindicatos del estado consiguieron que la mayoría de los empleados votaran “sí” para su recertificación.

El camino que queda por recorrer es pedregoso, pero el movimiento sindical está avanzando en Iowa.

Dave Leshtz, The Nation, 11 de noviembre de 2021

Las restricciones sanitarias han duplicado el hambre en Cartagena de Indias, Colombia

Tras el inicio de la pandemia, de cada diez pobladores de Cartagena, en Colombia, siete no comen tres veces al día.

Se los juro: a mí el hambre ajena me produce tanto dolor que la siento como si fuera propia. Eso es lo que estoy sufriendo en estos días. Resulta que, en medio de tantas noticias diversas y a veces contradictorias, me puse a averiguar cuáles son las verdaderas cifras del hambre que padecen las grandes mayorías de cartageneros. Fui a los barrios populares, conversé con los vecinos, consulté a los que saben del tema, me empapé de las investigaciones serias y rigurosas.

Y el resultado es que ahora estoy más acongojado que antes. Al cotejar los hechos con los estudios académicos, descubrí que la realidad es peor de lo que yo pensaba. Confieso que al comienzo no podía creerlo. Llegué a pensar que algo andaba mal en esas estadísticas aterradoras.

No sé si ustedes lo recordarán, pero hace casi dos años escribí una crónica titulada “Cartagena construye una muralla contra el hambre”. Allí dije, con un aire de optimismo, que la ciudad estaba tratando de unir sus fuerzas para luchar contra el hambre y la desnutrición.

Les dije en ese entonces, con auténtico pavor, que el 25 por ciento de los habitantes de la ciudad estaba pasando hambre. Se trataba, en aquel momento, de 270.000 personas. Era monstruoso: uno de cada cuatro cartageneros no podía pagar el costo de sus alimentos porque sus ingresos solo eran, en promedio, de 8.000 pesos diarios.

Pues, para que lo sepan, ahora mi perplejidad y mi espanto son más grandes y demoledores que entonces.

Para que se aterren, como yo lo estoy, les cuento que en este momento, dos años después de aquella crónica mía, y aunque parezca increíble, durante la pandemia que estamos sufriendo la cantidad de cartageneros que pasan hambre, lejos de disminuir, ha subido casi al doble.

Ahora se sabe que 491.000 habitantes no cuentan con ingresos mensuales suficientes para acceder a los alimentos. Y –óiganme bien– el 70 por ciento de la población que habita en esta ciudad no come tres veces al día. Son, en números redondos, 860.000 personas. Y, como si fuera poco, 650.000 de ellas comen una sola vez al día.

Como quien dice: de cada diez cartageneros, siete no comen tres veces al día. Eso ha comenzado a causar estragos, como es natural, no solo en el cuerpo sino también en el alma. A causa del hambre, el 14 por ciento de los niños cartageneros está sufriendo problemas en su capacidad intelectual.

Los números no mienten. Son obstinados, tozudos, tercos.

Según las investigaciones del Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cartagena, antes de que comenzara la pandemia la pobreza agobiaba a un 34 por ciento de la población total. Hoy es el 48 por ciento. Los investigadores de estos temas tan desgarradores han establecido que, después de Quibdó, la capital chocoana, la ciudad colombiana con mayores desigualdades sociales es Cartagena. Las estadísticas del propio Dane, que es organismo estatal, revelan que en Cartagena hay más de 40.000 hogares que comen solo una vez al día, y muchos de ellos ni siquiera una sola vez.

La Fundación Alimentar Colombia, que dirige Catalina Pérez y tiene su sede, precisamente, en Cartagena, me informa que cada año se pierden o desperdician en Colombia casi 10 millones de toneladas de comida. Eso es nada menos que el 34 por ciento de todos los alimentos destinados al consumo humano. Eso es mucho más que un descuido; es un crimen contra la humanidad entera.

“Con esas cantidades”, me dice la señora Pérez, “se podría alimentar a más de 8 millones de personas al año, lo cual equivale a toda la población de Bogotá”.

Sandra Rhenals, por su parte, dirige el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis, que la Iglesia católica mantiene abierto en Cartagena desde hace casi veinte años. Sandra ha dedicado su vida entera a luchar contra el hambre de los más pobres.

Es ella, precisamente, y con su valiosa experiencia, quien me hace caer en la cuenta de lo que ocurre en hoteles, restaurantes y otras empresas cartageneras en donde botan diariamente mucha comida sobrante, mientras la gente aguanta hambre.

“Hemos redoblado los esfuerzos”, me dice ella “para seguir recuperando los excedentes alimenticios que se pierden en el comercio, empresas e industrias, incluso hogares de familias, que nos están colaborando al entregarnos los alimentos que les sobran después de cada comida”.

El mismo Banco de Alimentos me suministra un dato que le rompe a uno el alma: cada día se desperdician en toda Colombia 77.000 litros de leche. Y, mientras tanto, los niños lloran de hambre.

En el caso de Cartagena, los dos sectores sociales más afectados por el “hambre física” –como la llaman las gentes del Caribe– son los dos más vulnerables y sensibles: ancianos y niños, el abuelo y su nieto.

El Banco de Alimentos entregó el año pasado 120.000 mercados. Fueron casi 1.400 toneladas de comida que alimentaron a más de 552.000 personas, casi la mitad de la población total de la ciudad. Y hasta ahora, en lo que va corrido del 2021, se han entregado 22.000 mercados, que equivalen a 361 toneladas.

Entre todos ellos, hay 455 niños y ancianos que están recibiendo su alimento en barrios populares como San José de los Campanos, Puerta de Hierro, Fredonia, Las Américas y Nelson Mandela. Tres veces a la semana pueden disfrutar de un almuerzo saludable, con un arroz reforzado con nutrientes y proteínas, carne, verduras y frutas.

“Nuestro sueño”, agrega Sandra Rhenal, “es que todos esos niños y abuelos puedan obtener su alimento diario, de manera que nosotros podamos dedicarnos a abrir nuevas ollas en otros barrios de Cartagena”.

Entre tanto, Catalina Pérez, que, como ya les dije, es la directora de la Fundación Alimentar Colombia, me entrega unas estadísticas aterradoras sobre la situación que se vive en Bazurto, la plaza de mercado más grande y reconocida de Cartagena.

Hicieron una investigación muy cuidadosa sobre el desperdicio de productos alimenticios que allí se genera. Lo midieron cuatro meses, desde abril y hasta junio de este año.

El resultado fue demoledor: en esos cuatro meses se perdieron 769.957 kilos de comida, es decir, casi 800 toneladas, nada menos. Ante una realidad tan apabullante, la administración del mercado empezó a colaborar de inmediato con una campaña organizada por la Fundación Alimentar para rescatar esa gran cantidad de comida. En este momento están organizando la instalación de una oficina, dentro del propio mercado, para trabajar de 4 a 11 de la mañana diariamente, acopiando y seleccionando los alimentos para luego transportarlos hasta la sede de la Fundación y allí organizar el reparto hacia los comedores comunitarios.

La Fundación Alimentar ha preparado un plan especial para recuperar aunque sea una parte de toda esa comida. Proyectan recuperar casi dos mil kilos por día, trabajando de lunes a viernes. Y estiman que esa cantidad puede ir aumentando a medida que todos los comerciantes del mercado vayan colaborando.

La fundación considera que, si ese proyecto de trabajo tiene éxito, y la comunidad coopera, se recuperarán cada mes 38.500 kilos de comida, con los cuales podrán servirse 116.000 raciones mensuales. Casi 6.000 de ellas serían para los niños.

“El objetivo de todo lo que estamos haciendo en el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis”, me dice Sandra Rhenals, “es estimular a los protagonistas de las actividades económicas y sociales de Cartagena para que tengan conciencia de su responsabilidad en la búsqueda de soluciones a este problema tan grave.

Y agrega: “Lo que nosotros buscamos es transformar la vida y la realidad de las comunidades más vulnerables, reduciendo los índices de hambre entre toda la población, especialmente en los niños y los ancianos”.

Se le regocija a uno el alma al comprobar que ejemplos como los de Sandra Rhenals y Catalina Pérez, y de todos los que las acompañan y les colaboran en sus dos organizaciones, han comenzado a producir los primeros resultados entre la gente.

La periodista Julie González Ortega escribió una crónica, en el diario El Universal, en la que relata que hace cuatro meses varios jóvenes residentes en el barrio San Pedro Mártir se unieron y crearon un comedor comunitario. A esa iniciativa social la llamaron Kadosh, una palabra que en los orígenes de la Biblia significaba lo que es santo, la pureza, lo que tiene noble espíritu.

Esos muchachos se reúnen los martes y jueves y ellos mismos cocinan la comida que luego reparten en los sectores más pobres de Cartagena.

“No podíamos quedarnos con los brazos cruzados”, dicen, como un verdadero ejemplo, Adrián Cassiani y Salua Tapia, los dos jóvenes que crearon Kadosh.

Me duele tener que contarles todo esto, pero ese es mi deber como periodista. Ustedes viajan a Cartagena, disfrutan sus vacaciones, en la mañana van a retozar en el mar y por la tarde recorren los incomparables lugares históricos. Cuando ya va anocheciendo, que es la hora en que el día comienza a envejecer, se toman de la mano y salen a disfrutar la noche romántica bajo el esplendor de la luna.

Luego se toman una copita de vino en una plaza colonial. Pero, en ese preciso momento, sin que ustedes lo sepan, hay millares de cartageneros que están aguantando hambre. Y eso que el turismo produce empleo e ingresos a los más pobres.

En la ciudad hay 130.000 personas que viven en las condiciones extremas que impone la miseria. No tienen ni siquiera un ingreso de 4.920 pesos diarios, que es lo mínimo que se necesita para poder comer.

Porque en este país lo único que crece a la misma velocidad del hambre es la corrupción. Y, mientras tanto, ¿dónde están los ladrones que se roban el presupuesto destinado a la alimentación de los más pobres? ¿Y qué se hicieron los que saquean el dinero público?

Están muy bien, gracias, disfrutando de la casa por cárcel. Y les mandan saludos.

Juan Gossain https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/que-dolor-el-hambre-esta-haciendo-estragos-en-cartagena-631437

Los aguacates se ponen bajo el punto de mira de los seudoecologistas

El imperialismo dicta lo que es mejor para nuestra salud, queramos o no, y también dicta lo que debemos comer, nos guste o no. No se trata sólo de la carne, sino de una fruta, como los aguacates, que el diario británico The Guardian ha puesto bajo el punto de mira de los seudoecologistas (1).

La conclusión que nos quieren inculcar es que el aguacate es un artículo de lujo que se produce a gran escala, como si fuera un alimento básico. Los trabajadores no deberían regodearse de ese tipo de manjares, reservados a un público más selecto.

La campaña de The Guardian contra el aguacate comenzó en 2018, cuando se hizo eco de las protestas de los campesinos chilenos porque los cultivos dedicados a la exportación secaban los acuíferos (2). El periódico descubría el saqueo característico de las grandes potencias y las consecuencias sopbre la agricultura local del Tercer Mundo, que son las mismas para el aguacate que para cualquier otra mercancía o materia prima dedicada a la exportación.

No hay, pues, nada nuevo bajo el sol. El aguacate es el “oro verde”, una fruta con grandes propiedades nutritivas, la demanda mundial se dispara cada año y los grandes productores, como México, dedican la producción a abastecer el mercado mundial.

En Estados Unidos sólo un tercio de los aguacates que se consumen se cultivan en el interior del país. De los dos tercios restantes, nueve de cada diez proceden de México. El otro 10 por ciento procede de Chile, Perú y la República Dominicana, según el New York Times (3).

Los precios se disparan. En Estados Unidos aumentó en 2019 un 130 por ciento en comparación con el año anterior (4). El manjar resulta inaccesible para los bolsillos de la población local que los cultiva y para los trabajadores de las grandes metrópolis que los consume, a los que no queda otro remedio que la comida basura.

A los argumentos económicos, The Guardian suma los seudoecologistas: la huella de carbono y el excesivo consumo de agua. Como suele ocurrir, las políticas verdes hacen de la necesidad virtud: el aguacate y sus derivados, como el guacamole, deben ser un artículo de lujo porque es bueno para “luchar” contra el cambio climático.

(1) https://www.theguardian.com/food/2021/nov/01/end-of-the-avocado-why-chefs-ditching-the-unsustainable-fruit
(2) https://www.theguardian.com/environment/2018/may/17/chilean-villagers-claim-british-appetite-for-avocados-is-draining-region-dry
(3) https://www.nytimes.com/2017/01/27/business/economy/importers-tax-mexico.html
(4) https://www.bbc.com/mundo/noticias-49209380

La mitad de la población de Estados Unidos se quedará sin su vivienda dentro de 4 años

Cada año la población de personas sin hogar va en aumento en Estados Unidos y para los próximos 4 años se vaticina que un 49 por ciento se quedará sin techo. Los motivos de esta tendencia son múltiples; pero las cifras son abrumadoras. Los informes del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) indican que el año pasado ya había 580.466 personas sin Hogar en Estados Unidos.

El recuento que se efectúa para determinar la cantidad de indigentes se realiza anualmente, esto es para diagnosticar la cantidad de fondos federales que cada estado y sus ciudades necesitaran para estos fines. Cabe mencionar aspectos que van ligados a esta situación que van desde malas políticas económicas, estereotipos sociales, violencia, alto costo de las viviendas, políticas bancarias, problemas de salubridad etc.

Pese a la existencia de recursos destinados a suplir las necesidades de estas personas en “shelters” o centros de acogida, Estados Unidos no ha dispuesto recursos suficientes en ninguno de los gobiernos demócratas o republicanos para eliminar esta problemática que se visualiza como “la crisis de los países ricos” y que se agudizó después de que la burbuja inmobiliaria explotara en 2008.

Desafortunadamente, llevando a familias enteras a vivir a la intemperie; siendo California, San Francisco, New York, Texas y Florida los lugares con esta extrema fragilidad social.

Muchos desamparados son estigmatizados por su raza, sexo, orientación sexual, también lo son aquellas personas con diferentes problemas mentales, drogas, alcohol, las víctimas de violencia y son quienes deambulan por las calles. La categorización social no excluye ni siquiera a los veteranos de guerra.

El creciente aumento de los precios de las viviendas (renta o compra), hacen imposible que una persona que vive literalmente de un sueldo pueda sostener un estándar de vida que se corresponda con “la norma”. Es por ello, que muchos al perder capacidad de cumplir con sus obligaciones ante entidades financieras, terminan perdiendo sus propiedades. Por el dilema asequibilidad versus falta de vivienda.

Los costos del mercado de compra y venta, los altos intereses sumadas a las exigencias de las entidades bancarias hacen posible que financieramente las personas pierdan la capacidad de pago; evidenciándose los altos niveles de desigualdad en los Estados Unidos en torno a los desamparados.

La gran cantidad de personas en las calles, está provocando un tema de salubridad pública, ya que muchos de los estados no cuentan con la cantidad de baños portátiles para que esas personas puedan hacer sus necesidades, llevándolos a usar patios, aceras y contenedores para sus necesidades. Asi como también la basura que generan.

Pero mientras el compromiso moral de la sociedad estadounidense de poder facilitar un espacio digno donde las personas puedan vivir siga viéndose eclipsado por la burocracia partidista, el sueño esta lejos de ser realizable. Porque los interés de los grupos que ostentan el poder aniquilan la probabilidad.

Esta nación experimenta varias pandemias que superan la del covid-19, comenzando con el tema de los desamparados. Aquellos que entienden que este país es un pasaporte a “la libertad” puede que cambien de parecer, ya que la indigencia será la nueva forma de como todo lo que no le sirve al Tio Sam, simplemente se expulsa a las calles.

Quienes deambulan en las calles solo desean salir de la lista que los incluye como los derrotados del sistema, quienes no necesitan ropas de marca, ni ser reconocidos en las plataformas sociales, son quienes no presumen de objetos caros y cuyo único anhelo es simplemente tener un techo en sus cabezas que dignifique la miserable vida que les ha tocado vivir.

—https://acento.com.do/opinion/homeless-la-epidemia-de-las-personas-sin-hogar-9003352.html

Los desahucios hipotecarios resucitan a los niveles del PP gracias a una ley del PSOE: la Ley de Crédito Inmobiliario

Al igual que la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) conocida como «caso Aziz» hizo saltar por los aires los procedimientos de ejecución hipotecaria, porque constituían una apisonadora de aquellas personas que no pudieron hacer frente a hipotecas plagadas de abusos bancarios, ha sido una Ley del PSOE la que las ha rescatado de la basura. Leer más

El Banco Mundial también falsifica los informes de sus ‘expertos’

La decisión del Banco Mundial de suspender la publicación de Doing Business, a raíz de un escándalo interno, es una muestra más del descrédito que asola a la institución desde hace décadas. De hecho, el “Doing Business” (Hacer Negocios) es en sí mismo un fraude intelectual.

Lanzado en 2002, se había convertido en un instrumento para promover las políticas neoliberales asociadas al “Consenso de Washington”, en boga en la década de 1990, pero completamente desacreditado a principios de la década de 2000. El “Doing Business” sirvió para promover los intereses de las empresas multinacionales y fomentar el saqueo de los recursos del sur, impulsando una mayor desregulación, privatización y liberalización a gran escala para atraer la inversión extranjera directa (IED). Estas políticas han provocado una fuga masiva de capitales, que ha privado a África y a otros países del sur de grandes cantidades de recursos propios que superan los flujos combinados de IED y de ayuda oficial al desarrollo (AOD).

¡Cuántas reformas destructivas se han hecho en Senegal y en otros lugares para conseguir una mejor clasificación o ganar el título de “mayor reformista”! Pero cuanto más reformamos, más nos hundimos en la pobreza. El reciente estudio de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía (ANSD) muestra que los esfuerzos de Senegal por mejorar su clasificación no han hecho más que empeorar la situación económica y social del país. Sigue en la categoría de “países menos desarrollados”, donde aterrizó en 2001 tras dos décadas de aplicación indiscriminada de las recetas de… ¡el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional!

Desde hace varios años, cada vez se pide más la abolición del “Doing Business”, debido a su orientación ideológica y a la cuestionable metodología que hay detrás de sus clasificaciones. Por ejemplo, en 2018, Paul Romer, entonces economista jefe del Banco, reconoció que el DB tenía un sesgo ideológico real, que influye en la clasificación de los países. Sus declaraciones siguieron a la caída de 23 puestos de Chile, entonces bajo la presidencia de la Sra. Michelle Bachelet, ¡considerada “socialista”!

El fraude de la investigación para el desarrollo

Las críticas al “Doing Business” se han intensificado desde el colapso del fundamentalismo de mercado tras la crisis financiera mundial de 2008. Pero el escándalo del DB no es un caso aislado. Lejos de ello, se suma a la larga lista de escándalos que han salpicado la labor del Banco Mundial, acostumbrado a manipular las cifras para apoyar los objetivos que quiere alcanzar al servicio de sus principales patrocinadores, los Estados Unidos y los países europeos.

En 2006 una comisión dirigida por el profesor de Princeton Angus Deaton y el ex economista jefe del FMI Kenneth Rogoff puso de manifiesto el sesgo ideológico del Banco y la manipulación de cifras en miles de sus estudios. Tras revisar 4.000 documentos publicados entre 1998 y 2005, la Comisión descubrió que los equipos encargados de redactar los documentos a menudo se aseguraban de que sus conclusiones fueran coherentes con lo que la dirección del Banco quería transmitir como mensajes clave.

Según el profesor Angus Deation, que recibirá el Premio Nobel de Economía en 2015, “no es que sólo encarguen investigaciones que apoyen afirmaciones predeterminadas […] sino que seleccionan entre los trabajos que apoyan las posiciones de la dirección […] Es esto lo que criticamos, más que el sesgo de la propia investigación”.

El Banco trató de ocultar este informe, lo que supuso un gran golpe para la credibilidad de su trabajo y su propia reputación. Tardó en publicarlo y le dio muy poca publicidad, lo que llevó al profesor Deaton a decir irónicamente: “Tardé tanto en sacarlo que he olvidado los detalles de su contenido”.

Wolfowitz: el jefe promociona a su amante

Pero los escándalos que han salpicado al Banco Mundial no se limitan a la manipulación de su trabajo. En 2005 estalló un sonado escándalo sexual en el que estaba implicado su entonces presidente, Paul Wolfowitz. Este escándalo sacudió al Banco entre 2005 y 2006. Paul Wolfowitz fue culpable de promover a su amante, Shaha Riza, que ocupaba un alto cargo en el sistema de comunicaciones del Banco para Oriente Medio.

El escándalo de Wolfowitz fue tanto más sonado cuanto que había desempeñado un papel clave en la invasión estadounidense de Irak en 2003. Era conocido como uno de los principales halcones del gobierno de George W. Bush. De 2001 a 2005 fue el número dos del Pentágono, el Ministerio de Defensa estadounidense. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Wolfowitz fue uno de los artífices de la política de propaganda y manipulación de la opinión pública que finalmente condujo a la invasión de Irak en 2003 y al desencadenamiento de la política estadounidense de terror y destrucción masiva contra ese país.

Tras este trabajo sucio, fue recompensado para convertirse en Presidente del Banco Mundial. Su misión era, sin duda, hacer de esta institución un instrumento aún más dócil para difundir el veneno neoliberal, o “el virus neoliberal”, como diría el difunto profesor Samir Amin, y promover aún más los intereses estadounidenses. Pero el escándalo en el que se vio envuelto puso fin prematuramente a esta misión. Tras resistir las presiones durante mucho tiempo, Wolfowitz se vio finalmente obligado a dimitir en junio de 2006. Fue sustituido por otro miembro del gobierno de Bush, Robert B. Zoellick.

El Banco Mundial nunca ha ayudado a ningún país a ‘desarrollarse’

A pesar del escándalo del “Doing Business”, el Banco Mundial no está derrotado. De hecho, en su comunicado de prensa, dice que quiere encontrar otra forma de seguir difundiendo su ideología y sus políticas mortíferas hacia los países del sur. En este sentido, afirma que sigue “firmemente comprometido con la promoción del papel del sector privado en el desarrollo” y que ya está trabajando “en un nuevo enfoque para evaluar el clima empresarial y de inversión”.

Lo más importante es que el Banco Mundial dice que pone fin al “Doing Business” porque el documento ya no es creíble: “La confianza en la investigación del Grupo del Banco Mundial es de suma importancia. Este trabajo orienta las acciones de los responsables políticos, ayuda a los países a tomar decisiones mejor informadas y permite a las partes interesadas medir el progreso económico y social con mayor precisión”, señala el comunicado.

En realidad, no es sólo el trabajo del Banco el que carece de credibilidad, sino que el propio Banco ya no es creíble a los ojos de gran parte de la opinión pública mundial. El Banco y el FMI ya han sido duramente criticados por no haber previsto la crisis financiera internacional de 2008 y la crisis económica que le siguió. De hecho, desde el colapso del fundamentalismo de mercado a raíz de esta crisis financiera, el descrédito del Banco Mundial y del FMI se ha profundizado.

Desde entonces, ambos se han puesto a la defensiva y los críticos internos han cuestionado algunos de los dogmas en los que se basaban su filosofía y sus análisis. Por ejemplo, en un notable discurso pronunciado en septiembre de 2010 en la Universidad de Georgetown, en Washington, Robert B. Zoellick, que había sustituido a Wolfowitz al frente del Banco, pidió una revisión profunda del mismo. En particular, cuestionó la excesiva modelización, incluso por parte de premios Nobel, que llevó a la explosión del mercado de derivados y a la crisis de las hipotecas de alto riesgo, que llevó a la economía mundial al borde del colapso.

El nuevo escándalo que rodea al Banco aumentará las críticas a su propia existencia. De hecho, muchos creen ahora que el Banco es una institución obsoleta que ha superado su utilidad. Originalmente, el Banco se encargó de gestionar los fondos para la reconstrucción de Europa Occidental (el llamado Plan Marshall) tras la Segunda Guerra Mundial. Se añadió al componente de “desarrollo” en la década de 1960, cuando muchas antiguas colonias se independizaron.

Pero nunca ha ayudado a ningún país a “desarrollarse” porque ha seguido siendo fundamentalmente un instrumento al servicio de la agenda geoestratégica estadounidense. Por ello, cada vez se reclama más su disolución total -como la del FMI- para sustituirla por una nueva institución democrática, que refleje las realidades del siglo XXI y sea capaz de financiar una auténtica agenda de desarrollo.

Demba Moussa Dembélé https://oeildafrique.com/economie/banque-mondiale-dun-scandale-a-lautre/

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