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Memoria Histórica

España, te repites como el ajo

Mal comienzo para un análisis que presume de serio. “De todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España porque siempre termina mal”. Seguro que esta cita de Gil de Biedma le da un toque de mayor seriedad. Pero es que cualquiera que eche un vistazo a los periódicos puede verlo. Es que este país se repite como el ajo. Éso si. No es objetivo de este artículo declarar esa frase tan manida: “La Historia siempre se repite.” No. Olvídese. Es más profundo.

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Memoria Histórica

John Reed: cien años que estremecen al mundo

El jueves de la semana pasada se cumplieron cien años de la muerte de John Reed, el autor de “Diez días que estremecieron al mundo”. Su nombre está ligado a la revolución socialista de 1917 en Rusia y a la revolución mexicana.

Sus obras y sus artículos, extraordinariamente escritos, son relatos de primera mano de la revoluciones que cambiaron para siempre el curso de la historia humana, y no sólo de Rusia o de México.

Reed nació el 22 de octubre de 1887 en Portland, Oregón, y se graduó en la Universidad de Harvard en 1910. Poco después de graduarse, comenzó a trabajar como periodista para varias publicaciones.

En 1913 la revista Metropolitan le envió a México para informar sobre la revolución en curso. Escribió una serie de artículos notables que le dieron una reputación en Estados Unidos como corresponsal de guerra. Tenía un estilo subjetivo que nada tiene que ver con el repugnante periodismo actual: Reed simpatizaba con la lucha del pueblo mexicano y se oponía con vehemencia a la intervención militar de su país. En 1914 sus artículos se publicaron en el libro “México insurgente”, una obra maestra de lectura muy recomendable.

En abril de 1914 relató la Masacre de Ludlow en Colorado, donde un crimen orquestado por el propietario principal de la mina John D. Rockefeller y perpetrado por la milicia local durante la huelga de los mineros del carbón. Reed investigó los hechos, habló en nombre de los mineros y escribió un apasionado artículo sobre el tema, que es otra obra maestra del periodismo: “La guerra de Colorado”.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, viajó a Europa como corresponsal de la revista Metropolitan. Cubrió los frentes de batalla de Alemania, Rusia, Serbia, Rumania y Bulgaria. Basándose en estas experiencias, escribió el libro “La guerra de los Balcanes”, publicado en abril de 1916, donde revelaba la naturaleza imperialista de aquella guerra.

En agosto de 1917 le enviaron a Rusia junto con su esposa, Louise Bryant, lo que les permitió ser testigos presenciales de la Revolución de Octubre. El resultado de sus observaciones aparecen en el libro “Diez días que estremecieron al mundo”, publicado en 1919. Es el relato más vivo de los primeros momentos de la revolución.

Lenin escribió un prólogo para la edición rusa de la obra: «Con el mayor interés e incansable atención, he leído el libro de John Reed ‘Diez días que estremecieron al mundo’. Lo recomiendo sin reservas a los trabajadores del mundo. Este es un libro del que me gustaría ver millones de copias publicadas y traducidas a todos los idiomas. Da un relato veraz y muy vívido de acontecimientos significativos para la comprensión de lo que realmente son la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Estas cuestiones son ampliamente debatidas, pero antes de que alguien pueda aceptar o rechazar estas ideas, debe entender el significado total de su decisión. El libro de John Reed sin duda ayudará a aclarar esta cuestión, que es el problema fundamental del movimiento obrero internacional”.

La experiencia de la revolución socialista cambió a Reed para siempre. Se convirtió en un partidario entusiasta de los bolcheviques y colaboró con el gobierno revolucionario. A su regreso a los Estados Unidos en 1918, se enfrentó a una abierta hostilidad del gobierno y fue detenido en varias ocasiones acusado de violar la Ley de Sedición. Sin embargo, permaneció activo en el movimiento obrero, adoptando una postura política consecuente.

En 1919, tras ser expulsado de la Convención Socialista, formó el Partido Comunista Obrero de América que, unos meses más tarde, vio su nombre sustituido por el del Partido Comunista Unido de América. Reed era el principal colaborador de “La Voz del Trabajo”, el periódico del Partido.

Acusado de sedición y con la esperanza de ganar el apoyo de la III Internacional para dicho Partido, huyó de Estados Unidos con un pasaporte falso a principios de octubre de 1919. Cayó enfermo de tifus en septiembre de 1920 y murió en Moscú el 17 de octubre de 1920, con su esposa a su lado. Tuvo un funeral de estado y fue enterrado en la Necrópolis del Kremlin, siendo el primero de los tres estadounidenses que tienen el honor de permanecer enterrados allí. Los otros dos son Charles Ruthenberg y Bill Haywood.

“Octubre”, la obra maestra de cine del director soviético Serguei Eisenstein, se basaba en el libro de Reed. Cincuenta y cuatro años más tarde, en 1981, la vida de Reed inspiró la película “Rojos”, protagonizada por Warren Beatty, Diane Keaton y Jack Nicholson.

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Economía

Las trabajadoras de las maquilas de Nicaragua padecen graves enfermedades degenerativas

Durante la existencia de la industria de la maquila en Nicaragua, en las empresas textiles y vestuario de zonas franca se han originado alarmantes y serias consecuencias en la salud de los trabajadores y las trabajadoras, siendo estas últimas las más afectadas.

La maquila llegó a Nicaragua como una opción de mano de obra ante el creciente desempleo y la débil recuperación económica después del conflicto armado contra Somoza. En la actualidad, en este rubro los empresarios prefieren contratar mujeres de edades entre los 18 y 35 años, para evitar el ingreso de mujeres que supuestamente arrastran secuelas laborales que día a día minan su salud. Alrededor del 30 por ciento de las obreras de las zonas francas experimentan una serie de males derivados de las condiciones en las que desarrollan su trabajo, principalmente por ser este de movimientos repetitivos y con ritmos acelerados por los plazos y metas que se deben cumplir.

Durante la jornada laboral las mujeres trabajan en condiciones ergonómicas inadecuadas, con pésimas y prolongadas posturas al estar sentadas, malas posiciones de cuello y espalda y por los prolongados tiempos de pie, entre otras, que aumentan los riesgos de padecer de enfermedades o trastornos musculares esqueléticos. El incremento de las enfermedades producidas por el trabajo en las 192 empresas textil vestuario que funcionan en el país, son en su mayoría irreversibles, progresivas y degenerativas.

Muchas obreras a pesar de ser jóvenes aún sufren intensos dolores ocasionados por la tendinitis, síndrome del túnel carpiano, radiculopatía, artrosis y otras producidas por los factores de riesgos que enfrentan provocándoles envejecimiento prematuro de huesos y músculos convirtiéndose en enfermedades crónicas.

Por otra parte, además de trabajar en condiciones infrahumanas las mujeres se encuentran en total indefensión sindical, sindicatos existen en las empresas pero se parcializan a favor del empleador. De manera que ellas están organizadas sobre la base de la feminización de la precariedad y la vulnerabilidad de las trabajadoras. Asimismo, la situación laboral y sindical en las empresas maquiladoras de Nicaragua ha sido precaria, y por el no dominio de mujeres de la actividad sindical, resulta extraño que líderes sindicalistas oficialistas que antes defendían a las trabajadoras de la maquila, ahora callan.

¿Por qué si los sindicalistas están enterados de las difíciles condiciones laborales de las mujeres en las maquilas, pretenden ignorar la situación y engavetan los casos que llegan a sus manos?

¿Cómo darle esperanzas de salud y vida a este sector vulnerable y tan valioso productor de riquezas, para otros bolsillos?

Pedro David González Pérez https://www.laprensa.com.ni/2019/12/30/opinion/2626135-la-situacion-de-las-mujeres-en-las-maquilas

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Uno de cada diez trabajadores españoles es pobre según datos de la OIT

El 13 por ciento de los trabajadores asalariados españoles están por debajo del 60 por ciento la mediana de ingresos del país. Un porcentaje que supera la media europea, situada en el 9,5 por ciento, y que pone a España en el tercer país a la cola de la UE en pobreza laboral, solo superado por Grecia (17 por ciento) y Rumanía (24 por ciento).

Son datos presentados esta mañana por el director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en España, Joaquín Nieto, en el informe sobre Estado del Trabajo Decente del Mundo alertando que España sigue teniendo uno de los peores porcentajes de trabajadores pobres de la Unión Europea (UE).

Según el informe, existen 2.000 millones de personas en el mundo, más de la mitad de los trabajadores de todo el planeta, con empleos en la economía informal, lo que les priva de condiciones dignas. No lo hacen por decisión propia, sino por la falta de oportunidades en el mercado de trabajo formal, apunta.

Muchos de estos trabajadores son además trabajadores pobres. En todo el mundo, hay 300 millones de personas en situación de pobreza extrema a pesar de tener algún tipo de empleo. Es decir, no alcanzar a disponer ni dos dólares diarios para subsistir. Al rango de pobreza moderada se suman otros 800 millones de trabajadores de todo el planeta.

En cuanto a la población sin empleo, la OIT estima que son casi 200 millones de personas en todo el mundo, una cifra que puede aumentar un millón cada año según las previsiones de población activa. “Estas cifras resultan más alarmantes si tenemos en cuenta que desde el año 2013 la cobertura de desempleo ha ido retrayéndose en la mayoría de los países”, se lee en el informe. De los casi 200 millones de desempleados a nivel internacional, 64,8 son jóvenes.

El informe también presta atención a la desigualdades de género. Las mujeres reciben un 20 por ciento menos de ingresos que los hombres por realizar un mismo trabajo, asegura la OIT.

En cuanto a la siniestralidad laboral, cada año mueren 2,7 millones de personas como consecuencia de un accidente de trabajo o una enfermedad profesional. “Esto implica que cada menos de cinco segundos muere un trabajador en algún lugar del mundo a causa de un accidente o enfermedad profesional”, sostiene la OIT.

https://cadenaser.com/ser/2019/10/07/economia/1570452216_592485.html

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Explotados hasta la muerte: 150 trabajadores han perdido la vida en accidente laboral desde 2010 sólo en Extremadura

Las últimas semanas han sido especialmente negras para la siniestralidad laboral en Extremadura. El 24 de septiembre falleció un trabajador de 39 años mientras cosechaba maíz en la finca donde trabajaba cerca de Guareña (Badajoz) al sufrir una descarga eléctrica y el pasado martes, 1 de octubre, fue trasladado a la Unidad de Grandes Quemados de Getafe (Madrid) en estado crítico un empleado de la empresa Movilex Recycling que sufrió quemaduras en el 32 por ciento de su cuerpo tras una deflagración.

Son los casos más graves, pero no los únicos. El año pasado se produjeron 26.147 accidentes laborales en Extremadura, lo que arroja una media de 71 incidentes diarios. Es un reflejo más de la precariedad laboral.

La evolución tampoco parece positiva. Hasta el mes de julio del presente año ha habido 17.934 accidentes, ya sea en el puesto de trabajo o durante el desplazamiento hasta el mismo, lo que se define como in itinere. Esta cifra es un 3,86 por ciento superior al mismo periodo del año anterior y significa que se han producido 85 siniestros diarios.

Entre los siniestros que se han producido hasta julio de 2019 se encuentran los siete que terminaron con una persona fallecida. Pero a ese número hay que sumar los dos fallecimientos que ha habido en la región desde entonces: el trabajador de Guareña que murió en el mes de septiembre y un varón que falleció el 14 de agosto en Mirabel (Cáceres) tras ser corneado por una vaca.

Estos sucesos sitúan en 150 los trabajadores que han perdido la vida durante el desempeño de sus tareas profesionales en Extremadura desde el año 2010.

Es el sector servicios en el que más empleados han fallecido durante la última década, pero igualmente ha habido que lamentar muertes tras accidentes laborales en la construcción, la industria y el sector agrario.

Los incidentes que motivan que haya una baja laboral son algo menos de la mitad del total que se producen. En 2018 hubo 11.768 accidentes en este apartado, lo que quiere decir que 32 trabajadores se tuvieron que dar de baja cada día por este motivo. Hasta julio de este año ese número alcanza las 34 bajas diarias .

La cifra absoluta de bajas laborales causadas por accidentes lleva creciendo desde 2012. Es cierto que el mayor número de personas trabajando, como marca el paulatino descenso de las cifras del paro desde los peores años de la crisis económica en la región, provoca que haya más oportunidades de que se produzcan siniestros en el ámbito profesional.

Sin embargo, se detecta un mayor incremento de los incidentes en los que se producen heridos graves. Si en 2012 el 1,59 por ciento de los accidentados que han necesitado una baja laboral fueron atendidos con heridas de gravedad, en lo que va de año ese porcentaje es del 2,18 por ciento, el más alto de la última década.

En los datos de 2019, siempre hasta el mes de julio, se observa que son el campo y los servicios las secciones de actividad económica en las que más accidentes con bajas laborales se producen. Ambos sectores son también en los que más trabajadores se emplean en la región.

https://www.hoy.es/extremadura/trabajadores-perdido-vida-20191007001702-ntvo.html

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8 de Marzo, el día que las mujeres proletarias le prendieron fuego al mundo

La comunista alemana Clara Zetkin
Desde hace más de un un siglo, el 8 de Marzo celebra cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa partió de la dirigente marxista alemana Clara Zetkin y fue aprobada en Copenhague en agosto 1910 en el II Congreso de Mujeres Socialistas, convocado por la II Internacional.

El 8 de Marzo surge, pues, por iniciativa de las organizaciones internacionales del movimiento obrero. El objetivo de la Internacional era el de movilizar a las mujeres “de acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado dotadas de conciencia de clase”.

La iniciativa de Clara Zetkin tenía por objeto contrarrestar la influencia del feminismo burgués, con cuyas organizaciones no cabía realizar ninguna clase de alianzas por encima de las clases sociales.

En la capital danesa participaron mujeres militantes de la II Internacional procedentes de 17 países distintos.

La reunión se celebró en Copenhague porque en aquella época en Prusia las mujeres tenían prohibido pertenecer a organizaciones políticas. A pesar de ello, Clara Zetkin había fundado en 1907 la Internacional Socialista de Mujeres, que era una sección de la II Internacional y que celebró su I Congreso Internacional aquel mismo año, también convocado y dirigido por Clara Zetkin.

Desde 1890 Zetkin dirigía, además, el periódico “Die Gleichheit” (La Igualdad), el primer órgano de prensa feminista de la historia, que tenía 125.000 suscriptores.

No obstante, en el Congreso de 1910 no se fijó una fecha concreta para celebrar cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Al año siguiente, por ejemplo, se convocó el 19 de marzo, en conmemoración de la Revolución de 1848 y la Comuna de París. Las manifestaciones empezaron entonces a llenar las calles con millones de mujeres y hombres, tanto en Europa como en Estados Unidos. Sólo en Berlín se organizaron 45 mítines.

La fecha del 8 de Marzo empieza a cuajar con la Revolución Rusa. El 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario juliano) miles de obreras textiles de Viborg, un barrio obrero de San Petersburgo, iniciaron una huelga que desencadenó la caída del zar Nicolás II. Tras ellas los obreros iniciaron la insurrección y los soldados se sublevaron contra el ejército.

“En 1917 la lucha de las obreras se convirtió en memorable para la historia. Aquel día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución proletaria y le prendieron fuego al mundo”, escribió Alejandra Kolontai.

Las trabajadoras desataron la Revolución de Febrero en torno a las consignas del hambre, el retorno de los soldados del frente, la paz y la República.

En octubre de 1917, el primer gobierno soviético incorpora por vez primera en la historia a una mujer, Alejandra Kolontai. El 8 de marzo de 1921 Lenin firma un decreto para declarar aquella jornada como Día de la Mujer Trabajadora y fiesta oficial en el país.

“Para adiestrar a las masas en la política, hay que adiestrar a las mujeres. Porque, bajo el régimen capitalista, la mitad del género humano está doblemente oprimido. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital; además, incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, son inferiores al hombre ante la ley; son verdaderas ‘esclavas domésticas’ pues les corresponde la mezquina, desagradecida, dura y aburrida labor de la cocina y el hogar”, escribió entonces Lenin.

Poco después, en el mes de mayo, se celebró en Moscú la II Conferencia de Mujeres Comunistas, presidida por Clara Zetkin y Alejandra Kolontai.


Más información:


– Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía
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Las leyes para la (des)memoria histórica de Polonia

Borrar la memoria histórica es como borrar la historia, arrancar las páginas de los libros. En Polonia no es que no se pueda hablar bien del “comunismo”, sino que no se puede ni mencionar. Para ello utilizan un eufemismo, “el régimen”, en alusión a la etapa comprendida entre 1945 y 1989.

Por supuesto, en 2009 prohibieron los símbolos comunistas, las estatuas de Lenin han desaparecido, y también los nombres de las calles, pero no por eso que ahora califican como “nacionalismo” (antiruso). También Rosa Luxemburgo ha sido erradicada de la toponimia urbana.

Ahora los nombres de las calles recuerdan al Papa Juan Pablo II, al mariscal Jozef Pilsudski, desde 1926 hasta su muerte en 1935 cabeza visible de una Polonia reaccionaria, o al general Wladyslaw Anders, héroe de la Batalla de Monte Cassino y cruzado del anticomunismo.

¿Purgas? Ríase Usted de Stalin. En 1997 y 2006 el Parlamento polaco aprobó leyes para impedir que entraran en la administración pública -y sobre todo en la enseñanza- los antiguos colaboradores del ”régimen”.

Han pasado 30 años, pero en Polonia la batalla por la (des)memoria histórica no descansa ni un minuto. En septiembre de 2016 entró en vigor una ley que prohíbe toda referencia al comunismo en los espacios públicos. En un año las autoridades locales debían cambiar los nombres de las calles y plazas que se refieren a “personas, organizaciones, eventos o fechas que simbolizan el comunismo”.

Pero no se confundan: cuando en Polonia hablan de “comunismo” se refieren al movimiento obrero, es decir, a todos y cada uno de los avances de la humanidad desde que en 1848 se escribió el “Manifiesto Comunista”: los polacos que lucharon contra el zarismo a principios del siglo XX, los que lucharon contra el fascismo en España, los que resistieron a la ocupación nazi…

Nadie se escapa a esta furia de la Inquisición, típicamente católica, para lo cual han creado el Instituto de la Memoria Nacional cuya primera tarea ha sido crear una “lista negra” de indeseables en su página web.

El Ministerio de la Memoria es el Ministerio de la Verdad impuesta por decreto.

Lo malo de todo este asunto es que no sirve para nada: todos los sondeos de opinión confirman que en Polonia la población recuerda con agrado y nostalgia la época dorada de 1945 a 1989, sobre todo a medida que la crisis capitalista les azota en la espalda con el látigo del desempleo, los salarios de hambre, la subida de los alquileres y las pensiones de hambre.

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Karoshi: el exceso de trabajo es la causa de la muerte de unos 200 trabajadores al año en Japón

El día de Navidad de 2015, Matsuri Takahashi, una mujer de 24 años de edad, se arrojó por la ventana de su casa. Había empezado a trabajar en Dentsu, el gigante mundial de publicidad, en abril del mismo año. Una víctima más de karoshi, la “muerte por exceso de trabajo“, reconocida en Japón como un accidente laboral desde 1989.

En su cuenta de Twitter, Matsuri había admitido que solo dormía “dos horas” al día y que tenía jornadas laborales de 20 horas. También llegó a escribir: “mis ojos están cansados ​​y mi corazón está muerto” o “creo que sería más feliz si me mato aquí”.

El karoshi no es sino un reflejo brutal de hasta donde llega la explotacion capitalista, que mezcla la meritocracia con la competición más extenuante por ser (o parecer) o hacernos ser (parecer) más dignos de ocupar un lugar en esta sociedad.

En promedio, un trabajador japonés trabaja 2.070 horas al año. El exceso de trabajo es la causa de la muerte de unos 200 trabajadores al año, por ataque cardíaco, accidente cerebrovascular o suicidio. Además, hay muchos problemas de salud graves derivados de trabajar sin descanso.

Esta forma de considerar el trabajo es uno de los legados de la edad de oro de la economía japonesa de la década de 1980, cuando la publicidad exaltó la abnegación de los trabajadores con un lema: “¿Estás listo para luchar las 24 horas del día?”

La reputación por el buen hacer laboral que persiguen los japoneses con obsesión no es un mito. Muchos trabajadores se sienten culpables por abandonar su empresa en vacaciones, temiendo ser percibidos como “el que descansa dejando que otros trabajen en su lugar”.

Existen casos de trabajadores que no quieren regresar a casa demasiado temprano por temor a qué dirán a sus vecinos o familiares sobre su supuesta falta de seriedad. Además, se intenta ir a tomar algo con los compañeros de trabajo para fomentar la cultura empresarial.

Pero este arduo trabajo no es muy lucrativo. De hecho, su productividad a menudo es descrita como baja por observadores externos que creen que esto explica en parte las deficiencias de competitividad de las empresas en el archipiélago.

A largo plazo esta forma de trabajar no solo es poco competitiva en términos mercantiles, sino que supone un riesgo en la salud de los trabajadores, pudiendo conducir al colapso de los recursos médicos. De hecho, la depresión y el suicidio como consecuencia ya aparecen como los principales retos a abordar en una sociedad obsesionada con acumular horas de trabajo.

El problema es que el agotamiento sigue siendo un “concepto difuso” que, por el momento, no aparece en ninguna de las principales clasificaciones internacionales sobre los trastornos mentales. Las personas pueden estar en un hospital con síntomas asociados con el agotamiento: cansancio extremo, agotamiento emocional o despersonalización con insensibilidad hacia los demás sin que identifiquen los síntomas con un cuadro de karoshi.

No hay un diagnóstico claro para esos síntomas, tampoco existen unos parámetros para saber si se ha llegado al límite de lo que se puede trabajar sin correr riesgo para la salud. Esta falta de conciencia de salud mental, unas prácticas laborales cada vez más abusivas y un mercado laboral transformado por la tecnología conducen a que se traspasen todos los límites de la dedicación al trabajo.

El miedo al paro y a quedarse fuera del sistema conduce a que las personas crean que trabajar a cualquier hora es una buena opción, cuando en realidad se merman las capacidades intelectuales y las consecuencias para la salud pueden ser irreversibles, con un mayor riesgo de caer en adicciones de todo tipo.

El karoshi, por tanto, se parecería a un “estrés crónico” que ya no se puede resistir, los pacientes ya no tienen la capacidad de soportarlo y caen en depresión. El término “quemado” (burnout) sin embargo es mucho más aceptado socialmente que la depresión en Japón, ya que el agotamiento extremo se considera casi un ”título de gloria”, mientras que una depresión es claramente menos “gloriosa”: se percibe como una forma de debilidad.

Pero este fenómeno no está restringido a los japoneses. Los estadounidenses incluso le han dado un nombre: “alcoholismo laboral” (workalcoholism). Esta dependencia del trabajo también se da en el Viejo Continente. En España, más del 12 por ciento de la población sufre de esta enfermedad y el 8 por ciento trabaja más de 12 horas al día. En Suiza, una de cada siete personas activas admite haber sido diagnosticada con depresión.

El Gobierno de Japón ha aprobado una reforma que permite a las empresas dejar de pagar horas extras a los trabajadores que ganan más de 80.000 euros al año, que son los más propensos a agotarse.

Además, El estado quiere imponer un mínimo de 5 días de vacaciones a los trabajadores japoneses para luchar contra la sobreinversión en el trabajo, perjudicial para la salud de los trabajadores y la productividad empresarial. En la Tierra del Sol Naciente, los trabajadores son recompensados ​​con 20 días de vacaciones pagadas al año, si tienen al menos seis años y medio de antigüedad. Sin embargo, los trabajadores toman menos de la mitad de estas vacaciones.

La nueva ley no se aplica a los trabajadores a tiempo parcial, sino solo a los trabajadores que tienen derecho a por lo menos 10 días de vacaciones anuales pagadas. De hecho, se aplicaría cuando hubiera riesgo para la salud de un accidente en el trabajo o la muerte debido a la fatiga sea real.

http://www.lavozdelsandinismo.com/curiosidades/2018-09-16/muerte-por-exceso-de-trabajo/

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Los nazis no llegaron al poder en Alemania por las urnas

Hay que soportar muy a menudo a los que aseguran que Hitler llegó al poder por las urnas, apoyado por un amplio movimiento popular, lo cual es falso. Lo que permitió a Hitler acceder a la Candillería fue un golpe de Estado.

Su principal apoyo no fueron los votos sino el capital monopolista y financiero alemán, los altos dirigentes del ejército y el Vaticano.

Uno de los principales partidarios del régimen nazi fue Carl Friedrich von Siemens, cuyo apellido no requiere más precisiones.

Entre 1918 y 1923 la reacción alemana había intentado varios golpes de Estado para deshacerse del sistema parlamentario burgués y suprimir los derechos adquiridos por el movimiento obrero. La reacción fue apoyada por una parte del ejército.

Muchos capitalistas consideraban que había que apoyar a los nazis. En 1923 un monopolista del acero, Hugo Stinnes, le dijo al embajador estadounidense: “Debemos encontrar un dictador que tenga el poder para hacer lo que sea necesario. Un hombre así debe hablar el idioma del pueblo y ser un civil. Tenemos un hombre así”.

Con la crisis económica de 1929, los capitalistas decidieron concentrarse en apoyar a los nazis. Gracias a sus millones y a la crisis, Hitler pudo reclutar a una parte del lumpen con algo parecido a lo que hoy hacen los de Hogar Social.

Durante la campaña presidencial de 1932 los nazis utilizaron por primera vez películas y discos de propaganda. Hitler usó un avión privado para volar de una reunión a otra. En 1932 sólo el mantenimiento de las SA costaba dos millones de marcos a la semana. ¿Quién pagaba todo eso?

En las elecciones federales de septiembre de 1930 los nazis se convirtieron en el segundo partido más votado, con más de 6 millones de votos. A Hitler le invitaron a presentarse ante los círculos de grandes capitalistas y varios de ellos se unieron al partido.

Sin embargo, los monopolistas aún estaban divididos porque Hitler propugnaba un control muy estricto sobre la política económica. Pasará otro año antes de que los patrones confíen la cancillería a Hitler porque temían la reacción del movimiento obrero.

Pero en las elecciones federales del 6 de noviembre de 1932 el Partido Comunista Alemán aumentó considerablemente su influencia entre los trabajadores en detrimento del Partido Socialista. El capital temía otro levantamiento revolucionario.

Los nazis perdieron dos millones de votos. Un nuevo declive del partido podría arruinar todas las esperanzas de los grandes monopolistas. Los monopolistas (Thyssen, Krupp, Siemens) zanjaron sus disputas internas y decidieron apostar por Hitler de una manera decidida.

Fueron ellos quienes impusieron la política económica de Hitler. Entre los miembros del Alto Comité Económico del gobierno nazi estaban Krupp von Bohlen, rey de la industria de armas, Fritz Thyssen, barón del acero, Carl Friedrich von Siemens, rey de la electricidad, y Karl Bosch, de la industria química.

El 27 de octubre de 1931 Siemens se dirige al capital financiero estadounidense para disipar los temores ante un gobierno nazi. Sobre todo, insistió en el deseo de los nazis era erradicar el movimiento obrero en Alemania.

El 26 de enero de 1932 Fritz Thyssen, el magnate del acero, organizó una conferencia de Hitler frente a más de 100 grandes capitalistas durante la cual aseguró que para ellos la propiedad privada era la base de la economía alemana y que su principal objetivo era erradicar al marxismo de Alemania.

El 19 de noviembre de aquel año banqueros, grandes monopolistas y terratenientes exigieron al presidente alemán Paul von Hindenburg que nombrara a Hitler para la Cancillería. El acuerdo se ratificó el 3 de enero en la mansión del banquero Kurt von Schröder. Todo estaba preparado.

El 30 de enero del mismo año nombró Primer Ministro a Hitler de manera oficial. El primer gobierno de Hitler tenía sólo tres nazis, incluido el propio Hitler. Ni siquiera se atrevió a comparecer ante el Parlamento porque se encontraba en una posición minoritaria. Lo que hizo fue exigir a Hindenburg que lo disolviera y celebrara nuevas elecciones, previstas para el 5 de marzo.

La maniobra le permitió gobernar durante cinco semanas sin control parlamentario. Fue un golpe de Estado legal, porque entonces la Constitución alemana permitía al Presidente disolver el Parlamento o suspenderlo temporalmente. 

El 4 de febrero Hindenburg aprobó un decreto de emergencia que prohibía cualquier crítica al gobierno, suprimiendo la libertad de reunión y de prensa para el Partido Comunista de Alemania y otras organizaciones progresistas.

El 27 de febrero el Reichstag, el Parlamento alemán, fue incendiado, el típico montaje que hoy calificaríamos de “bandera falsa”. Muchos historiadores están convencidos de que el incendio fue causado por las secciones de asalto nazis (SA).

Los siguientes acontecimientos confirman esa tesis. Antes de que se iniciara cualquier investigación, las emisoras de radio (los falsimedia de la época) afirmaron que los comunistas eran los culpables del incendio. Esa misma noche, con listas elaboradas de antemano, más de 10.000 comunistas, socialistas y progresistas fueron detenidos. Toda la prensa comunista y varios periódicos socialistas fueron prohibidos y se suspendieron las libertades de prensa y de reunión.

De esa manera, aplastando a los antifascistas, querían apañar las elecciones. Empezaba un golpe de Estado “desde arriba”. Pero les salió mal. Con todo a su favor, las urnas tampoco le dieron la mayoría a los nazis, ni siquiera los dos tercios de los escaños al gobierno de coalición que encabezaba Hitler.

Fue necesario un segundo apaño, el segundo acto del golpe: el gobierno de Hitler eliminó de un plumazo los 81 escaños de los comunistas sin que ningún partido se atreviera a protestar.

Con los comunistas fuera del Parlamento es como apañaron otra votación parlamentaria que, como estaba previsto, se resolvió a favor del gobierno de Hitler, al que autorizaron a promulgar decretos ley que no necesitaban al Parlamento para nada. Fue una especie de hara-kiri parlamentario, una autodisolución.

La socialdemocracia actuó como siempre: votaron en contra de la habilitación al gobierno para que aprobara decretos ley, pero concedieron legitimidad a las elecciones, pasando por alto la represión política.

Las consecuencias son las que ya se saben. En dos años, gracias a la patente de corso que les concedieron, los nazis prohibieron los partidos políticos, mataron a más de 4.200 personas y detuvieron a 317.800 antifascistas.

El 20 de marzo de 1933 el comisario nazi de la policía de Munich, Heinrich Himmler, estableció el primer campo de concentración para presos políticos en Dachau. Otros 40 le seguirán en el mismo año. A los obreros los amenazaron con recluirles en dichos campos si se declaraban en huelga.

Más información:
— ¿Quién llevó a Hitler al poder en Alemania?

— Los financieros que auparon a Hitler al poder
— El imperialismo occidental al rescate del III Reich
— Las estrechas relaciones de Estados Unidos con el Tercer Reich
 

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Obreros despedazados, quemados y muertos: la negra pesadilla de la fábrica de automóviles Tesla

La inspección de trabajo de California ha iniciado tres expedientes contra el fabricante de automóviles Tesla, a raíz de las denuncias presentadas por los trabajadores de la planta de ensamblaje de la empresa en Fremont. A pesar de que la fábrica levantra olas de entusiasmo entre los papanatas de las nuevas tecnologías, está considerada como uno de los 12 lugares de trabajo más peligrosos de Estados Unidos.

En los últimos años la planta, que emplea a más de 10.000 trabajadores, ha demostrado ser un lugar de trabajo extremadamente peligroso, donde los obreros han sido cortados en pedazos por máquinas, aplastados por carretillas elevadoras, quemados en explosiones eléctricas y rociados con metal fundido.

En 2014 la tasa de lesiones relacionadas con el trabajo, es decir, las lesiones que requieren tratamiento médico más allá de los primeros auxilios, fue un 15 por ciento más alta que la tasa promedio de la industria automotriz. Al año siguiente, cuando la tasa promedio de estas lesiones en la industria aumentó del 7,3 al 6,7 por cada 100 trabajadores, pasó del 8,4 al 8,8 por ciento, una tasa un 31 por ciento más alta que el promedio de la industria.

Las cifras de lesiones graves -las que requieren días libres o un horario de trabajo limitado o un traslado a otro puesto- pintan un cuadro mucho más oscuro de la peligrosidad del trabajo de Tesla para sus trabajadores. Al igual que con las lesiones registradas, el índice de lesiones graves también disminuyó en toda la industria en 2015. Sin embargo, en el caso de la planta de Tesla, la tasa se disparó al 103 por ciento del promedio de la industria (1).

En 2016 el índice de lesiones registradas fue un 31 por ciento más alto que el promedio de la industria, mientras que el índice de lesiones graves fue un 83 por ciento más elevado. El año pasado, se reportaron 722 casos de lesiones relacionadas con el trabajo en la fábrica, 600 de los cuales fueron graves.

Las cifras de obreros heridos o muertos son mayores que las registradas oficialmente. Una de las víctimas cuyas lesiones laborales no se registraron fue un ingeniero técnico al que le exigieron que quitara el exceso de pintura de una tubería obstruida debajo de una cabina de pintura.

Con el pie clavado en la pintura, sufrió un accidente que dejó la cara cortada e hinchada y cortes y contusiones en el brazo izquierdo y en el codo con cortes y contusiones. A pesar de que no ha podido volver a trabajar, el acccidente no se registró porque inicialmente sólo recibió primeros auxilios.

Otro caso es el de Tarik Logan. Encargado de ensamblar los paquetes de baterías Tesla con un adhesivo tóxico, Logan inhaló vapores tóxicos. El primer mareo dio paso a fuertes dolores de cabeza que no cesaron y tuvo que ingresar en una clínica.

El médico que le atendió aseguró que el trabajador sufrió una reacción aguda al pegamento para coches que le causó dolores de cabeza, mareos y molestias respiratorias, pero la empresa no registró el accidente de trabajo como tal porque dijo que no estaba de acuerdo con el diagnóstico médico.

Entre 2012 y 2017 Tesla fue sancionada por la OSHA, el organismo que en California se encarga de la higiene y seguridad en el trabajo, a causa de más de 30 violaciones de la normativa laboral de seguridad e higiene en el trabajo (2).

El más grave fue un accidente ocurrido en 2012, cuando tres trabajadores sufrieron quemaduras graves después de haber sido rociados con aluminio fundido en un accidente que resultó de un fallo de la empresa en el mantenimiento adecuado de una máquina. La multa fue de sólo 71.000 dólares.

Un obrero de la empresa escribió el año pasado: “A menudo siento que estoy trabajando para una empresa del futuro en condiciones de trabajo pasadas. La mayoría de mis más de 5.000 colegas trabajan más de 40 horas a la semana, incluyendo un número excesivo de horas extraordinarias. El duro trabajo manual que hacemos para que Tesla tenga éxito, se hace con gran riesgo para nuestros cuerpos”.

Para alcanzar los objetivos de producción, los trabajadores de la fábrica están bajo presión para que trabajen más rápido. El trabajo en las máquinas de la fábrica, que implica demasiadas torsiones y giros y movimientos físicos adicionales, y la presión constante sobre los obreros para que trabajen más rápido, son las que provocan las lesiones.

“Lo peor de todo”, escribe el trabajador, “es que oigo a mis compañeros decir en voz baja que están sufriendo, pero que tienen demasiado miedo de denunciarlo por temor a que la dirección los califique de llorones o malos trabajadores”.

Las condiciones de trabajo tampoco son seguras en otros proyectos de Tesla. En diciembre del año pasado, en el campo solar de la empresa en Hampshire College, cuatro obreros resultaron electrocutados por una corriente de 13.000 voltios cuando entraban en una estación de control en vivo para mostrar una imagen del transformador en su interior.

Los obreros estaban equipados con guantes de protección eléctrica de clase 0 para una tensión nominal máxima de 1.000 voltios. La formación en el uso de equipos eléctricos se impartía a los trabajadores a través de internet, pero no se les exigía demostrar su competencia después de la formación para obtener un certificado.

Casi dos meses después del incidente, en febrero de este año, los inspectores de la OSHA descubrieron que ninguno de los trabajadores certificados entrenados por la empresa conocía las distancias mínimas de aproximación para trabajar cerca de una fuente de 138.000 voltios.

Tras las violaciones de la normativa de seguridad en el trabajo, la OSHA impuso a Tesla una multa de 110.863 dólares, la multa más elevada relacionada con la seguridad en el trabajo.

Así de “apasionantes” son las condiciones de trabajo en las empresas de nuevas tecnologías.

(1) http://worksafe.typepad.com/files/worksafe_tesla5_24.pdf
(2) https://www.sfchronicle.com/business/article/California-cites-Tesla-for-poor-hazardous-12523357.php