En el mes de julio el servicio meteorológico alemán (DWD) registró una temperatura de 19,5 grados. Si comparamos esa temperatura con las de décadas anteriores en el mismo mes, aparecen dos tendencias divergentes, la primera de descenso y la segunda de ascenso. El punto de inflexión se produjo en 1988.
Como el CO2 ha crecido de manera uniforme durante todas y cada una de estas décadas, es obvio que no puede ser la causa ni del descenso de los primeros 45 años, ni del aumento posterior durante 38 años.
El argumento se refuerza si tenemos en cuenta las temperaturas nocturnas. De 1945 a 1987 casi no hay cambios en el termómetro en el mes de julio. Sin embargo, a partir de 1988 las altas temperaturas diarias se elevan muy bruscamente, pero por la noche no cambian. Incluso se puede decir que en Alemania las noches del mes de julio son más frías desde 2006.
La única conclusión es que el CO2 no puede provocar un calentamiento diurno desde 1988 y enfriarse por la noche en los años siguientes. Como dijo Einstein hace cien años, el CO2 no calienta la atmósfera (*). La hipótesis de los “gases de efecto invernadero” es falsa.
Dicho en términos positivos: la temperatura atmosférica está determinada principalmente por la radiación solar. Por eso hace más calor de día que de noche y en verano que en invierno.
No obstante, hay otros muchos condicionantes del aumento de las temperaturas desde 1988, especialmente los procesos de urbanización, también llamados “efecto isla de calor”, a lo que hay que añadir que muchas estaciones meteorológicas han quedado dentro de esas “islas”.
(*) http://inspirehep.net/record/858448/files/eng.pdf