Europa no encuentra la manera de salir del círculo vicioso del gas ruso

La Unión Europea es incapaz de salir del círculo vicioso del gas ruso. En el futuro los países miembros sólo podrán obtener gas de Turquía si demuestran que no procede de Rusia, ha confirmado el ministro de Energía turco, Alparslan Bayraktar, en una entrevista con el canal de televisión turco A Haber.

El gas del yacimiento turco Sakarya en el Mar Negro podría llegar, pero Turquía no puede suministrar grandes cantidades a Europa. Las propias necesidades de gas del país son siendo altas, reconoció Bayraktar. Por eso Ankara depende de importaciones adicionales, incluido el gas ruso, que llega al país a través de TurkStream y Blue Stream.

Tan pronto como el gas de extracción turco, los suministros rusos u otras cantidades importadas se alimentan al mismo sistema de tuberías, ya no está claro el país de procedencia del gas. “Se desconoce el origen del gas que entra en un gasoducto”, dijo Bayraktar. La postura europea vuelve, pues, a ser absurda. A Turquía le obligan a hacer un truco: vender todo su gas a Europa e importar más gas ruso para complementar sus propias necesidades.

Bayraktar dejó claro que Rusia sigue desempeñando un papel clave en el suministro de energía de Turquía. Los gasoductos TurkStream y Blue Stream aseguraron que Turquía no tuviera problemas de suministro durante la pandemia, la Guerra de Ucrania y la guerra en torno al Estrecho de Ormuz. Por lo tanto, TurkStream sigue siendo un proyecto de infraestructura estratégicamente importante para el país, dijo el ministro.

En junio la ministra de Economía alemana, Katherina Reiche, hizo campaña por una asociación energética más estrecha con Turquía durante su visita a Ankara y, al mismo tiempo, dejó en claro que Alemania y la Unión Europea ya no quieren más gas ruso. Turquía les puede servir para salvar la cara ante los micrófonos. Bruselas podrá decir que compra gas “turco” pero no “ruso”.

Como ya hemos apuntado, el gas ruso continuará llegando a Alemania a través de la red de gas europea uniforme de Francia y Bélgica, es decir, de los países que actualmente lo importan. Por otro lado, el gas ruso continúa fluyendo hacia el sureste de Europa a través de TurkStream. Según datos de la asociación europea de operadores de redes ENTSOG, estas entregas incluso han alcanzado niveles récord este año.

Como alternativa, en el futuro el gas de Azerbaiyán, que llega a Europa a través del Gasoducto Transanatol Natural (TANAP) y luego a través del Gasoducto Transadriático (TAP), puede ser una alternativa para Alemania. A principios de año, la empresa pública azerí de energía Socar anunció que su gas también ha empezado a llegar a Alemania por primera vez a través de esa ruta.

El transporte de gas es diferente de los derivados del petróleo. El petróleo se transporta en buques cisterna y se puede procesar en refinerías. Por eso, desde el año pasado, la Unión Europea está exigiendo a los exportadores indios que presenten pruebas del origen de la mercancía, para que no haya ni rastro de su procedencia rusa.

Tampoco es nada sencillo. Ya ocurrió con el petróleo kazajo, que fluyó a Alemania a través del oleoducto ruso Druzhba hasta abril de este año. No es posible rastrear el origen real de los suministros porque los oleoductos son rusos se mezclan y son rusos.

En su desesperación por librarse de cualquier mercancía de origen ruso, Bruselas ha aprobado el Reglamento de la Unión Europea, que entrará en vigor a partir del año que viene. Antes de la importación, los países miembros deben cerciorarse del origen y se aplican normas particularmente estrictas a las entregas que llegan a través del TurkStream y el cruce fronterizo turco-búlgaro Strandzha.

La Unión Europea señala expresamente en el Reglamento que en el futuro los importadores tendrán que demostrar en Strandzha que las cantidades importadas no provienen de Rusia.

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