‘Con el resurgimiento del fascismo en Irlanda, deberíamos inspirarnos en las Brigadas Internacionales’

En 1936 Irlanda fue el único país que envió a la guerra civil española más voluntarios a luchar del lado de los fascistas que del gobierno de la Segunda República. Más de 700 hombres partieron de Irlanda hacia la España franquista entre diciembre de 1936 y febrero de 1937.

Los fascistas despidieron en Dublín al primer grupo al inicio de su viaje a España. Los sacerdotes católicos los bendijeron y les entregaron rosarios y libros de oraciones. El segundo contingente partió de Galway, embarcando en un buque alemán que enarbolaba la bandera del III Reich. Había bandas de música en el muelle y se cantaba el himno nacional.

En el bando antifascista, 250 irlandeses se unieron a las Brigadas Internacionales y casi 70 de ellos murieron en España, mientras que las únicas bajas de la Brigada Irlandesa profranquista se produjeron en un enfrentamiento accidental. Regresaron a casa en desbandada en junio de 1937 y tuvieron una recepción oficial en Dublín.

La iniciativa encabezada por el Camisa Azul irlandés Eoin O’Duffy había sido un desastre, que lo sumió en el alcoholismo y una enfermedad terminal. El principal patrocinador de la brigada, el Frente Cristiano Irlandés, también perdió influencia, y su dirigente se vio envuelto en acusaciones de corrupción.

O’Duffy surgió de la cultura fascista irlandesa, descrita en el libro de Brian Hanley, Camisas Azules y Camisas Negras (*). Este libro, de 30 páginas, contiene el texto ilustrado de una charla que impartió el año pasado en Belfast, durante la conferencia anual organizada por el IBMT, el grupo que conmemora a quienes combatieron en la guerra civil española dentro de las Brigadas Internacionales.

Entre 1933 y 1934, lo que se conoció comúnmente como los Camisas Azules comenzó como la Asociación de Camaradas del Ejército, compuesta por veteranos del Ejército del Estado Libre Irlandés que apoyaban el tratado de 1921 con el gobierno de Londres. Muchos de ellos, incluido el jefe de policía, O’Duffy, temían que el nuevo gobierno de Fianna Fail, contrario al tratado y dirigido por Eamon de Valera, buscara venganza. De hecho, O’Duffy fue destituido poco después por el nuevo primer ministro.

Los Camisas Azules llegaron a contar con 100.000 miembros en su apogeo y, a finales de 1933, se fusionaron con otros dos partidos para formar Fine Gael, con O’Duffy como presidente. Después se rebautizaron como Guardia Nacional y posteriormente como Asociación de la Joven Irlanda.

Los Camisas Azules adoptaron el saludo fascista con el brazo derecho y participaron activamente en la violencia callejera, enfrentándose a simpatizantes de Fianna Fail y del IRA, así como a los antifascistas.

Tras el fracaso electoral, el movimiento de los Camisas Azules se dividió en facciones enfrentadas y O’Duffy fundó el Partido Nacional Corporativo. El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 le brindó la oportunidad de regresar.

La Irlanda católica se volcó en apoyar a los franquistas en España. Se fundó de inmediato el Frente Cristiano Irlandés con el objetivo de brindar ayuda al franquismo. Convocaron manifestaciones en Dublín, Cork y Waterford, donde los participantes escucharon los relatos espeluznantes de asesinatos, crucifixiones y la violación de sacerdotes y monjas españoles, atribuidos a “una banda de judíos asesinos enviados por Moscú”.

O’Duffy anunció su intención de encabezar una unidad de combate a España. Importantes figuras eclesiásticas y políticos le brindaron su apoyo y, pocas semanas después, afirmó que había 7.000 voluntarios dispuestos a unirse a la “cruzada”.

Dado el hostil entorno político al que se enfrentaban quienes apoyaban a la República, la valentía y el compromiso de los antifascistas resultan encomiables. Provenían de ambos lados de la frontera, católicos y protestantes, y de la diáspora irlandesa en Gran Bretaña, Norteamérica y Australia.

“La situación actual demuestra que las batallas de los brigadistas siguen muy presentes”, concluye Hanley. “Con el resurgimiento del fascismo en la Irlanda actual, deberíamos inspirarnos en su lucha”, escribe Hanley.

Preservar la inspiración de las Brigadas Internacionales para las batallas actuales describe a la perfección la labor del IBMT, que mantiene dos emblemáticos monumentos en Belfast: una vidriera en el Ayuntamiento y un busto de un voluntario en la Plaza de los Escritores. También impulsó la colocación de las placas conmemorativas a los brigadistas en las bibliotecas de Falls Road y Shankill Road, fruto de su lucha común contra el fascismo.

Más de 50 antifascistas originarios de Belfast combatieron en las Brigadas Internacionales.

(*) https://www.pressreader.com/uk/morning-star/20260803/281792815830370

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