A menudo a la Guerra de Corea se la conoce como “la guerra de Stalin” aunque, de hecho, fue una guerra civil. Se internacionalizó bastante temprano, primero en el lado sur y más tarde en el norte. Pero es un error percibirla como un choque entre Estados Unidos y la Unión Soviética, a pesar de que fue la única guerra en la que los pilotos soviéticos y estadounidenses se apuntaron a través de las miras de sus armas.
Hasta la primavera de 1950 Moscú rechazó categóricamente los planes de Corea del norte para la reunificación forzosa del país. En el otoño de 1949 el Partido Comunista de la Unión Soviética rechazó las propuestas, a pesar del apoyo que prestaba el embajador soviético en Pyongyang, Terentii Shtykov, a los dirigentes de Corea del norte.
La posición de la URSS cambió después de que los dirigentes norcoreanos convencieran a Moscú de que en el sur existía una situación revolucionaria. Tras la derrota del ejército surcoreano y la captura de Seúl, 200.000 comunistas locales iban a iniciar un levantamiento general, creía Pyongyang. El instigador de estos planes no era tanto Kim Il-sung como el dirigente de los comunistas surcoreanos, Pak Hon-yong.
Aunque la fecha oficial de inicio de la guerra se fija en el 25 de junio de 1950, los enfrentamientos armados a lo largo del paralelo 38 fueron corrientes durante un año y medio. Se producían hasta tres choques diarios, una cifra comparable a la Primera Guerra Mundial. No fueron escaramuzas menores, sino batallas a gran escala que involucraron a batallones enteros, con artillería y apoyo aéreo. Incluso los historiadores anticomunistas reconocen que los provocadores de la mayoría de estos enfrentamientos eran los surcoreanos. Syngman Rhee tenía la intención de desatar la guerra para presentarse como una víctima y asegurar la intervención militar directa de Estados Unidos, siendo muy consciente de la incapacidad de su ejército para llevar a cabo operaciones de combate efectivas. Por lo tanto, la interpretación del estallido de la Guerra de Corea como un “ataque repentino de los comunistas contra la pacífica Corea del sur” es falsa.
Corea del sur se estaba preparando para una ofensiva militar contra el norte, según documentos capturados durante la primera caída de Seúl, así como los testimonios de altos dirigentes de Corea del sur que permanecieron en la capital. Así lo demuestran también la correspondencia de Syngman Rhee con los grupos de presión estadounidenses y la ausencia de posiciones defensivas desarrolladas en Corea del sur. En las primeras etapas de la guerra los tanques norcoreanos sufrieron pérdidas principalmente por ataques aéreos estadounidenses, no por artillería antitanque o las minas subterráneas. Es otra prueba de la ausencia de defensas capaces de soportar un avance de los tanques.
Los crímenes de guerra cometidos por las tropas surcoreanas
Los crímenes contra los civiles cometidos por el ejército y las formaciones paramilitares de Corea del sur merecen una especial atención. La represión tuvo lugar no solo en el frente, sino también detrás de las líneas. En varias fosas comunes, incluida la llamada “Katyn coreana”, se encontraron los restos de civiles con signos de tortura. En el condado de Sinchon un tercio de la población fue masacrada.
Cuando comenzaron las conversaciones de paz con el apoyo de la Unión Soviética, el único bando que saboteó el proceso hasta el final fue Corea del Sur. Esto se refería tanto a la liberación de los campos de algunos prisioneros de guerra que no deseaban ser repatriados como a las provocaciones de “falsa bandera”, incluidas las acciones de “francotiradores desconocidos” y “aviones desconocidos”, que tenían como objetivo frustrar las negociaciones. Al final, Estados Unidos incluso contempló un golpe militar contra Syngman Rhee (la llamada Operación Everready), pero finalmente alcanzó un compromiso condicional: se firmó el armisticio, aunque los surcoreanos, a diferencia de las fuerzas de la ONU, no estamparon su firma en él.
A partir de entonces, el Tratado de Defensa Mutua de 1953, de hecho, subordinó el ejército surcoreano al mando de la ONU para evitar que Syngman Rhee o su sucesor comenzaran otra guerra y obligaran a los estadounidenses a luchar “en el lugar equivocado, en el momento equivocado y contra el enemigo equivocado”, según el general Mark Clark. “Al recurrir a maniobras de doble trato y detrás de la escena, [Rhee] casi arruina el acuerdo de armisticio, que ya se estaba acercando a su finalización”.
La escalada de la Guerra de Corea hacia un choque mundial fue iniciada principalmente por los estadounidenses. Los aliados de Corea del norte, por el contrario, buscaron contener el enfrentamiento. Las unidades soviéticas de aviación y antiaéreas realizaron tareas estrechamente definidas para cubrir objetivos estratégicos en Corea del norte y China, evitando la participación directa en las operaciones terrestres. Tal precaución fue dictada por la política de “persecución en caliente”, autorizada por el general MacArthur, que autorizaba los ataques de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en territorio chino desde las etapas iniciales de la guerra.
La entrada de tropas chinas fue un movimiento estratégico. El estatus formal de las formaciones voluntarias permitió a China participar en la guerra sin entrar en una enfrentamiento oficial directo.
Después de que la intervención de las fuerzas chinas asestara un duro golpe a los planes de MacArthur, el general presentó sus descabelladas propuestas: el uso de armas nucleares, la apertura de un segundo frente en China y la participación de las tropas del Kuomintang. La aplicación de estas iniciativas habría conducido inevitablemente a la escalada desde un choque local a una guerra nuclear a gran escala.
Mientras que en la historiografía soviética, estos hechos fueron universalmente aceptados; después de la disolución de la URSS, el énfasis se desplazó hacia la versión surcoreana de los acontecimientos.
Konstantin Asmolov https://journal-neo.su/2026/08/01/the-korean-war-of-1950%e2%80%9353-forgotten-lessons-and-inconvenient-truths/