La deuda externa, otra manera de robar

Esta madrugada ha fallecido nuestro compañero Darío Herchhoren. Publicamos su último artículo como homenaje a quien fue un luchador infatigable contra el imperialismo y defensor de los pueblos del Tercer Mundo.


Darío Herchhoren

Desde hace varios meses la República Argentina viene negociando una reestructuración de su deuda externa que es totalmente impagable. El gobierno de Mauricio Macri, endeudó a Argentina en la suma de 350.000 millones de dólares, y a cambio emitió obligaciones algunas de las cuales llegan a cien años.

Pero la historia de la deuda externa en países dependientes como Argentina es muy vieja, y muestra a las claras que el endeudamiento de la Nación es una excusa para embolsarse el dinero, que luego deberá devolver el pueblo argentino, y ella se traduce en menos obra pública, menos servicios a la población, menos sanidad pública, educación, infraestructuras, etc.

La cuestión no es deuda si o deuda no. El meollo es para que se va a utilizar el dinero de la deuda. Hasta ahora, siempre ha servido para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Si el dinero prestado al país se utiliza en obras que mejoren la vida de los argentinos, está bien empleado, y si solo sirve para llenar los bolsillos de los gobernantes ladrones, entonces estamos hablando de otra cosa.

En el año 1826, Bernardino Rivadavia, que era un presidente ilegítimo de Argentina, y que estaba ligado al comercio inglés, contrato un préstamo de un millón de libras esterlinas con el banco inglés Baring Brothers. Ese dinero físicamente nunca llegó a Argentina, y se limitó a un descuento de letras de tesorería, que se ha investigado hasta la saciedad, y nunca se supo que pasó con él, ni en que se invirtió. Rivadavia estaba casado con la hija del virrey español Del Pino, y ante las dificultades en explicar ese destino, dimite y se viene a España, donde muere en Cádiz en 1844. La calle más importante de la ciudad lleva su nombre, y en Cádiz otra calle lo recuerda por sus enormes méritos.

Los sucesivos gobiernos argentinos no devolvieron ese préstamo, y Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores, en forma explícita se negó al pago de dicha deuda, argumentando que era en realidad un robo. El Gobierno de Héctor Cámpora en 1973, negoció el fin de la deuda. Había pasado más de un siglo y medio.

Pero la operación de robo que puso en marcha Mauricio Macri, no tiene parangón en toda la historia del país. El volumen de la misma la ha convertido en la mayor deuda de un país en el mundo. Volvemos entonces a lo anterior. La deuda externa que creó Macri era según él para el desarrollo del país, y dijo que iba a caer sobre Argentina una lluvia de inversiones. No hubo tal lluvia, y lo que cayó sobre Argentina fue en realidad una lluvia de desgracias.

El dinero que entró al país en forma de préstamos, sirvió para efectuar lo que se llama una fuga de capitales, es decir que lo que entraba hoy salía mañana para ocultar el robo.

El nuevo gobierno ha logrado mediante durísimas negociaciones, una quita tanto del capital como de los intereses, cercanos al 40% del total adeudado, y un plazo de tres años para  empezar a devolver el dinero, pero es necesario investigar judicialmente el destino de lo robado y sus responsables, y que paguen con fuertes penas de prisión el latrocinio, además de devolver lo mal habido.

comentarios

  1. Que la tierra,le sea leve…Con una conocida formula guevarista¡¡Hasta la victoria,siempre¡¡

Los comentarios están desactivados.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Descubre más desde mpr21

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo