19.000 escolares padecen desnutrición en Santiago de Chile, donde presumen de haber acabado con el hambre infantil

La pieza es una mezcla de madera y albañilería. Con una primera planta de tres por cuatro metros y un pequeño altillo, se alinea junto a otros cuartos de materiales ligeros en el patio de una antigua fábrica reconvertida en cité (1), donde viven unas 15 familias. No tiene calefont (2) ni nada que caliente el chorro de agua que sale del único baño. En ese espacio mínimo también convive un escritorio, una cocina vieja y una cocinilla de un quemador. Jota se abre camino desde la calle. Ella atraviesa varias piezas-hogares, que alguna vez fueron las oficinas de la fábrica, hasta llegar al patio y a la puerta de la pieza que ocupa con cuatro de sus cinco hijos. La mayor cumplió 21 y ya no vive con ellos. Afuera está su lavadora y el carro que usa para vender las bebidas Inca Kola, Score y Fruna que guarda en el altillo, al que se llega por una escalera empinada casi en 90 grados. Por ahí trepan los cinco y cada noche se acomodan en dos colchones.

Hasta ese segundo nivel sube el calor de la cocina que, a fuego fuerte y con un agudo pitido permanente, calienta una porción de lentejas. Jota se acomoda en una silla del altillo y cuenta que la primera comida para sus hijos, en las mañanas, es un pan y un vaso de leche. Después de unas horas, les prepara un caldo con huesos de vacuno que le venden por mil pesos en una carnicería del barrio. Y pasadas las tres de la tarde todavía no comen el almuerzo que ahora supervisa su hija de 15 años. Este viernes toca acompañarlo con pollo, que compra por trutros (3).

– ¿Un trutro para cada uno?

– No… del trutro sacó tres presas–, responde sorprendida, y en su cara se esboza una sonrisa cerrada, sin mostrar los dientes. Mira al suelo y agrega con el tono con que se comenta una obviedad, algo que todos saben en esos pocos metros cuadrados:

– El kilo de trutro está a una luca, que viene un trutro y medio o dos. De un trutro, saco una piernita o una caderita para cada uno, con su lenteja o su arroz.

Jota asegura que no pasan hambre, pero la comida es escasa. Las lentejas, tallarines y arroz –la base de sus alimentos diarios– vienen en las canastas que cada 15 días la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) envía a sus hijos, al igual que a miles de estudiantes. Este mismo organismo difundió hace seis semanas su Mapa Nutricional 2020, que constató un aumento de 0,8 puntos porcentuales en la prevalencia de la desnutrición en la población escolar, llegando al 2,6 por ciento de una muestra de más de 736.000 alumnos de pre-kínder, kínder, primero básico, quinto básico y primero medio.

El estudio reveló una realidad incómoda y poco conocida por el resto del país: en 2020 más de 19.000 estudiantes de todo Chile mostraron señales de desnutrición, es decir, en los que su índice de masa corporal para la edad (IMC) está 2 puntos o más por debajo de lo considerado normal. En el informe del año anterior, la prevalencia de desnutrición había marcado 1,8 por ciento, correspondiente a 16.901 casos, de una muestra de 920.404 escolares.

En todo caso, el principal problema detectado por el Mapa Nutricional 2020 fue el aumento de la obesidad y sobrepeso, que alcanzó al 64 por ciento de los escolares de quinto año básico. Los expertos especulan que esto último se debe a que las cuarentenas han agravado el sedentarismo y provocado –por las mayores dificultades para abastecerse­– una selección de alimentos para la canasta familiar de fácil acceso, pero poco saludables.

El incremento del indicador de desnutrición escolar fue calificado por los expertos como “marginal”, pero de todas formas “preocupante” si es que el alza se ratifica en futuras mediciones.

La Junaeb informó que la prevalencia de la desnutrición en sus estudios de años anteriores (desde 2009) había fluctuado entre 1,7 por ciento y 2,2 por ciento. El alza detectada ahora, aunque leve, fue encarada como una voz de alerta por los especialistas del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile. Y así lo dijo el director del INTA, Francisco Pérez Bravo: “Están apareciendo focos de desnutrición en grupos vulnerables y teníamos erradicado ese problema”.

Pérez Bravo indicó que, a partir del Mapa Nutricional 2020 de la Junaeb, “llama mucho la atención la obesidad, porque se ha tornado incontrolable, pero aparece este pequeño detalle cuando uno compara 2019 versus 2020, de un leve ascenso de la desnutrición, y uno podría eventualmente achacar este aumento a la crisis social y a la pandemia, por ahí están las respuestas”.

La Junaeb confirmó que es urgente detectar las causas de este leve incremento. Y agregó que “puede deberse, entre otros (factores), a malas mediciones, desnutriciones secundarias (enfermedades hormonales u otras, más allá de la falta de comida) que requieren atención médica especializada y, en alguna medida, a la falta de alimentos”.

Respecto de eventuales problemas en la medición, la Junaeb agregó: “Típicamente, estos datos son capturados por personal de la escuela entrenado en una metodología estándar de medición, pero en el 2020, la medición de peso y talla fue realizada, mayoritariamente, en el hogar de los estudiantes con los medios disponibles y apoyados por instrucciones de nuestro equipo. Dado lo anterior, será necesario confirmar lo observado el año pasado una vez que podamos volver a medir peso y talla en la escuela”.

La crisis socioeconómica ha obligando a los padres a repartir las raciones Junaeb –supuestamente destinadas únicamente al estudiante– entre todo el grupo familiar.

– El comentario de los apoderados era de agradecimiento. Lo tomaban como un beneficio para el grupo familiar, no para el estudiante. Por lo tanto, supimos que las raciones se iban a dividir entre las familias completas y que no iban a llegar solo al niño o a la niña–, cuenta la directora de un colegio de la zona norte de Santiago que describe el momento en que los padres llegaron por primera vez a retirar los alimentos.

Todos los docentes entrevistados dijeron que supieron de inmediato que un gran número de canastas Junaeb serían usadas por familias completas apenas comenzaron a repartirlas.

Jota dice que trata de arreglárselas con las cajas de la Junaeb, con la ayuda de una fundación que atiende a uno de sus hijos que es discapacitado y con la que recibe de su municipalidad. Cuando le llega la canasta, dice, igual le reparte a su quinta hija, que no vive con ella sino que con su pareja y el hijo de ambos.

– Le comparto, porque ella no recibe nada todavía, excepto las cajas que Piñera estaba dando a todo el mundo.

Apenas iniciada la pandemia, Junaeb realizó una modificación de contrato con sus proveedores del Programa de Alimentación Escolar (PAE). Al suspenderse las clases presenciales, las raciones dejaron de ser preparadas en las cocinas de las escuelas y servidas en sus comedores. Los alimentos, para desayunos y almuerzos, pasaron a ser empaquetados en una caja que cada 15 días se entrega a los apoderados. La canasta normalmente trae arroz, avena, algún tipo de legumbre, huevos, atún y frutas y verduras, entre otras cosas.

Los profesores cuentan que el PAE siempre ha atendido a menos niños de los que califican en sus escuelas para recibir el beneficio, porque la Junaeb limita su aporte al número de alumnos que pueden ser alimentados según la capacidad de la cocina, bodega y casino de cada colegio. Así, se seleccionan, por ejemplo, familias con ingresos esporádicos o golpeadas por el desempleo. Pero con la actual crisis son muchos los hogares que requieren con urgencia la caja Junaeb.

La encargada de repartir canastas en un colegio de la zona sur de la capital relató que tiene cientos de apoderados que quedaron fuera del beneficio. Y ella solo puede reasignar los alimentos cuando los padres no van a buscarlos: “El mes pasado pude reasignar solo una canasta”. Ante la demanda creciente, solicitó más raciones. Una funcionaria de la Junaeb le respondió que evaluarían su solicitud, pero que estas decisiones se analizaban en la Dirección Nacional, encabezada por Jaime Tohá Lavanderos (PS). Aún espera la respuesta.

Uno de los colegios de la zona norte de la capital, a inicios de este año pidió un aumento de canastas, aludiendo a las necesidades urgentes que habían pasado sus estudiantes en 2020 e indicando que la nómina de alumnos que calificaban para el PAE era superior a la cantidad de raciones que recibían. Con el regreso a clases –en caso de que ocurriera– necesitaban el aumento, argumentaron, pues por razones sanitarias no se usarían ni la cocina ni el casino del establecimiento, que son algunos de los factores que evalúa Junaeb para determinar cuántas raciones se asignan a un colegio.

La respuesta a esta solicitud llegó por medio de un correo electrónico firmado por un funcionario del PAE: “Las raciones que se entregan en los establecimientos corresponden a la cantidad de almuerzos asignados a su establecimiento independiente a que las listas enviadas tengan una mayor cantidad de beneficiarios, ya que las asignaciones se realizan en base a las capacidades […] que tiene su cocina y bodegas”.

En su respuesta, la Junaeb explicó que se define “cuántas canastas individuales (se) entrega por colegio, basado en la cantidad de estudiantes que se alimentaban regularmente en los comedores de sus establecimientos educacionales, lo que a su vez se define mediante la matrícula disponible en el Sistema de Información General de Estudiantes (SIGE) del Ministerio de Educación y el Registro Social de Hogares, entre otras variables de vulnerabilidad, conformes con la normativa vigente”.

“El Programa de Alimentación Escolar es innominado, es decir, cada establecimiento educacional asigna las canastas o raciones de acuerdo con la realidad de su comunidad escolar y contexto porque sabemos que nadie mejor que ellos conoce el detalle de quién necesita este apoyo”, agregó el comunicado.

La familia de Elsa, compuesta por ocho personas, vivía –hasta el inicio de las cuarentenas– con lo que generaban su esposo y su hijo desabollando y pintando vehículos. Ella cuenta que desde entonces los ingresos cayeron a la mitad y que vendieron el auto que tenían. Su hija y su nieta asisten a la misma escuela en la zona centro-sur de Santiago. Ambas contaban con el beneficio del PAE, pero una de las niñas lo perdió este año. Una caja de la Junaeb menos en la casa provocó un desajuste del que aún no pueden recuperarse.

Ahora, la despensa la rellenan con ayuda de otros familiares y con la única ración que les entrega la escuela. Los alimentos, cuenta Elsa, se reparten entre todos los integrantes del hogar, a pesar de que debieran destinarse a la alumna.

La directora de un colegio en la zona norte de Santiago dijo que tiene apoderados que han dicho “que no conectarían a los niños a las clases, porque esperan a que se despierten para darles directamente el almuerzo, para no decirles que no iban a darles desayuno”.

Otra directora, pero de un colegio de la zona sur capitalina, contó que frente a la situación desesperada de algunos de sus apoderados “hemos generado campañas, pero tenemos el concepto que desde la caridad no se vive. Hemos tratado de establecer vínculos con aquellas instituciones que sí pueden aportar, como la Dirección de Desarrollo Comunitario de la municipalidad”.

Más allá del pequeño incremento que arrojó el Mapa Nutricional 2020, la desnutrición se encuentra prácticamente erradicada en Chile, o al menos muy por debajo de otros países de América Latina.

“Si miras desnutrición global, Chile muestra un 0,5 por ciento considerando niños, adultos y viejos. Es la prevalencia de desnutrición que encuentras cuando te vas a carpetas de la Organización Mundial de la Salud o la Organización Panamericana de la Salud. Eso se considera una cifra muy marginal, cuando tú piensas que Guatemala tiene cerca de un 30 por ciento, Honduras un 27 por ciento, México casi un 15 por ciento; estamos lejos de esas tasas y por eso se habla de haberla erradicado”, señaló el director del INTA, Francisco Pérez Bravo.

Para que la desnutrición no vuelva a convertirse en un problema, la Junaeb señaló que, aunque el alza detectada en 2020 es baja, “es importante y urgente identificar las causas que originan este incremento”.

—https://www.ciperchile.cl/2021/05/06/19-mil-escolares-con-senales-de-desnutricion-las-historias-que-se-viven-en-las-escuelas-donde-aumentaron-los-casos/

(1) Cité: es un conjunto de viviendas que tienen la misma fachada
(2) Calefont: termo o caldera de agua caliente
(3) Trutro: muslo de pollo.

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